La cocina de la narrativa

Personajes literarios creíbles

En su trabajo, el escritor debe utilizar todos los recursos a su alcance para que la realidad literaria resultante responda a cierto grado de credibilidad, es decir para no defraudar las expectativas del lector. Son muchos los elementos a manejar y los matices a gestionar para alcanzar una definición nítida, inequívoca y efectiva de esa realidad literaria. Quizás uno de los elementos que resultan más visibles y más importantes en el conjunto sean los personajes que van a habitar la obra. Por lo tanto debe considerarse como una buena inversión todo el tiempo y el esfuerzo que se dedique a perfilarlos hasta convertirlos en personajes literarios creíbles. Invertir suficientes horas de trabajo en la construcción de un personaje nos hará avanzar la mitad del camino. En ocasiones, los personajes creíbles y sólidos le dan, por sí solos, un empaque a la historia que el resto de componentes quedan a su sombra y pierden peso y entidad en el conjunto de la composición.

Cada acción, cada palabra, de los personajes literarios creíbles debe tener un origen en lo más profundo de su ser y un destino en lo más profundo del lector. 

Los personajes literarios creíbles son extraordinarios en algún campo de su vida, en algún área de sus sentimientos, en alguna zona de sus capacidades; pero al mismo tiempo pueden ser, quizás deban ser, un verdadero desastre en otro campo, otro área u otra zona de su personalidad. Esa combinación es lo que les hace ser como son, esto es, creíbles. Por ejemplo, nada humaniza más a un héroe, y por lo tanto, nada hace más creíble a un héroe, que una debilidad manifiesta en algo en particular. Una combinación acertada de ambos tipos de rasgos, positivos y negativos, nos permitirá jugar durante el transcurso de la historia para obtener en cada momento el mejor momento. 

Personajes literarios creíbles. Cada acción, cada palabra, de los personajes literarios creíbles debe tener un origen en lo más profundo de su ser y un destino en lo más profundo del lector. Sin embargo, algo tan aparentemente efectivo como esto puede quedarse corto para satisfacer las expectativas del lector medio. Cada vez son más demandados personajes más complejos, con rasgos de personalidad más potentes. Los personajes no solo tienen que ser creíbles, sino que nos tienen que mover de la silla, tienen que mantenernos en vilo con cada acción, con cada palabra que pongamos en su boca. Si el personaje no conmueve al propio escritor, muy probablemente tampoco conmoverá al lector.

Una apuesta con posibilidades de éxito en la creación de personajes, pasa por diseñar y describir toda la vida del personaje, toda su vida desde que nació hasta que entra en escena, hasta que, si llega el caso, sale de ella. No conviene dejar al azar ninguna acción o palabra de nuestro personaje, pues el lector lo advertirá. Si el escritor no ha documentado bien su personaje, en un momento u otro del desarrollo de la acción conseguirá que éste dude, que vacile, que cambie de registro, de voz, que cambie, acaso, de línea pensamiento, y todo ello sin justificación alguna para el lector. Si el escritor consigue esto, el lector lo advertirá y se sentirá engañado. Pero si el escritor ni siquiera consigue poner a su personaje en apuros tales que éste tenga que tirar de recursos de su propio pasado, de su experiencia vital, para superarlos, entonces puede ser la propia historia la que necesite una profunda reforma, cuando no un replanteamiento total y absoluto.

Cada acción, cada palabra, de los personajes literarios creíbles debe tener un origen cierto en lo más profundo de su propio ser y un destino en lo más profundo del lector.

Para conseguir personajes literarios creíbles, el escritor debe concebir cada personaje con peso en la historia como un todo, como un edificio, con su buen cimiento, su buena estructura, sus buenos y sólidos muros y, como no, con su buen techo. Esto en ocasiones no es fácil de conseguir dada la estrecha relación que se termina fraguando entre escritor y personaje, por lo que puede ser de ayuda hacer un ejercicio a contracorriente, preguntándose por cada acción y cada palabra del personaje, al modo de “si no hubiera hecho/dicho esto, ¿qué habría dicho/hecho?”. Sea como fuere y se consiga como se consiga, el escritor debe conseguir que el lector termine sintiendo algo por el personaje, pero sobre todo tiene que conseguir que el lector termine entendiéndole y entendiendo cada palabra y cada acción que ha protagonizado en la historia como las únicas que en cada ocasión le cabían.

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3 Comentarios

  • Josefa Vega
    noviembre 20th, 2013 · Responder

    Muy interesante y muy complejo. Crear toda una existencia partiendo de un lápiz y un papel en blanco. Apasionante.

    • victorjsanz
      noviembre 20th, 2013 · Responder

      Hola Josefa, así es un tema realmente interesante y digno de mucha inversión en tiempo y esfuerzo, además de un auténtico derroche de imaginación.
      Muchas gracias por participar.
      Te espero en los siguientes artículos.
      Saludos.

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