La odisea de publicar un libro: de la soledad del escritorio al rincón más oscuro de la librería, un tortuoso camino en siete incómodas zancadas.
Pocos son los que dudan que escribir un libro es un acto de valentía, de heroísmo. ¿O, tal vez, de insensatez? ¿Acaso una combinación de ambas?
Por si creías que el verdadero reto era terminarlo, permíteme bajarte de esa nube con la sutileza de un piano cayendo desde un quinto piso: lo difícil empieza ahora. O, dicho de otro modo: la palabra «FIN» es solo el comienzo de la odisea de publicar. Pero tú no sufres por ello, a ti te da igual, porque tú no escribes para ganar dinero o fama, tú escribes porque te gusta. Tú escribes aunque te pagaran por ello, te dices.
Así es, la odisea de publicar comienza cuando has terminado de escribir tu libro. Y quien dice terminar de escribir un libro dice escribirlo y corregirlo, claro. Nada de «No hace falta corregirlo porque le ha echado un vistazo mi prima, que estudió en un colegio de pago». La odisea de publicar va desde imaginar tu libro como un objeto físico hasta que puedes verlo convertido en calzador de muebles en una librería de barrio de extrarradio. Pero no te dejes llevar por el desaliento: el viaje es emocionante. No faltarán las trampas, las decepciones y, sobre todo, muchas tazas de café que ha ido quedándose frío.
Veamos las siete etapas de la odisea de publicar
1. La ilusoria gloria del manuscrito terminado
Has puesto el punto final y te sientes como un semidiós de la literatura. Miras tu biblioteca personal y casi puedes ver cómo se hace un hueco para tu libro entre las obras de García Márquez y las de Henry Miller. Miras tu obra con orgullo y piensas que es solo cuestión de tiempo que las editoriales se peleen por publicarte. Lo que no sabes es que hay editores que usan los manuscritos no solicitados como pisapapeles o, en el mejor de los casos, para alimentar la hoguera del escepticismo. Pero te dispones a enviárselo a más de uno, por aquello de la estadística, te dices.
2. La carta de presentación y la sinopsis: tu primer tropezón y tu primer diente roto
Intentas condensar meses (o años) de trabajo en una sinopsis atractiva. No quieres revelar demasiado, pero tampoco quieres ser tan críptico que el editor se pregunte si estás enviando una novela o una amenaza que debe interpretar. La carta de presentación, por su parte, es otro terreno pantanoso: ni demasiado servil, ni demasiado arrogante, aunque nadie te explica exactamente cuál es el punto medio. Empiezas con lo de: «Un apasionante thriller en el que nada es lo que parece», pero enseguida lo borras porque empiezas a notar un olor a rancio que no sabes de dónde viene.
Cuando por fin ves tu libro en una librería, lo han colocado en el estante más alejado, oscuro y frío de la tienda.
3. Las editoriales: la fabulosa esfinge que devora manuscritos
Dicho y hecho: has enviado tu obra a varias editoriales, cada una con sus exigencias imposibles. Algunas te piden resumen; otras, capítulos sueltos; otras, biografía, y, las más crueles (que son las más abundantes), una paciencia infinita. Pasan semanas, meses y, en la mayoría de los casos, el silencio es la única respuesta. Cuando finalmente recibes un correo, ya has olvidado a qué libro se refiere el rechazo amable pero impersonal que te llega. Porque, claro, en algún momento del desalentador viaje por el desierto sentiste la necesidad de escribir otro libro. Sientes en lo más hondo de ti que es lo que tienes que hacer porque te parece oír una mesa cojear en el despacho de algún editor.
4. La autopublicación: el sueño de ser tu propio jefe (… y tu propio esclavo)
Cansado de esperar, decides tomar el control y autopublicar. Aquí descubres que no solo eres escritor. Ahora eres diseñador de portadas, corrector, experto en marketing y hasta community manager de tu propia novela. Lo conseguiste: tu libro está disponible en Amazon. Sin embargo, los algoritmos deciden que su destino es quedar enterrado bajo una montaña de novelas eróticas. Todas ellas con portadas de un gusto que no es para nada dudoso, porque está clarísimo que es malo.
5. La promoción: el arte de gritar en el vacío
Creas un perfil en redes sociales y te embarcas en la difícil tarea de vender sin sonar desesperado. Descubres que las frases motivacionales con fotos de atardeceres o de gatitos adorables generan más interacción que las publicaciones sobre tu novela. Intentas contactar con booktubers y blogs literarios, pero la mayoría solo te responde cuando les dices que tu presupuesto para publicidad no es un problema.
6. El cruel destino de los libros en librerías
Si tienes suerte, logras que una librería acepte tu libro. Pero para que la odisea de publicar no sea menos odisea, lo colocan en un estante oscuro y lejano. Tan lejano que necesitas un mapa y una expedición cargada de fe para encontrarlo. En un mes, las copias que no se venden son devueltas o relegadas a la sección de «Saldos y ofertas» junto a libros de autoayuda desactualizados que ya no pueden ayudar ni a sus autores.
7. La resignación y la esperanza irracional
A pesar de todo, sigues escribiendo, porque a ti, sin una odisea que echarte encima, la vida te sabe a poco. Por eso y porque, aunque el camino esté lleno de obstáculos, hay una voz en tu interior que te impulsa a hacerlo. Y no te vas a preguntar por qué a estas alturas, claro. Quizás, en el fondo, eres un optimista incurable o simplemente te niegas a aceptar la realidad, que para algo sientes la necesidad de escribir. Como sea, vuelves al principio: otro libro, otra lucha, otro sueño de ver tu obra en la estantería principal y no en la caja de liquidaciones.
Sí, esta es la odisea de publicar un libro, pero…
Sí, esta es la odisea de publicar un libro, pero a ti no te gustan las cosas fáciles. Si te gustaran, no te dedicarías a escribir y, además, a intentar publicar.
Publicar es un viaje complicado, pero también es un acto de rebeldía. Y, quién sabe, tal vez un día tu libro no solo tenga lectores, sino que, además, alguien lo compre y no por error o porque esté buscando un posavasos elegante. Pero a ti todo eso te da lo mismo, tú escribes porque te gusta, lo harías aunque te pagaran por ello, te dices. Incluso aceptarías publicar tu libro, aunque te pagaran por hacerlo, te dices.
Si eres un héroe y quieres vivir la odisea de escribir para algún día publicar, puede que te interese la compañía de un profesional para el viaje. Escríbeme y háblame sobre tu proyecto. Quizás pueda ayudarte.
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