A muchos escritores les preocupa descubrir que la idea de su novela se parece a otra historia que ya existe. Basta encontrar una película con un punto de partida parecido, una novela que comparte algún conflicto o un personaje que recuerda demasiado a otro para que aparezca la inquietud: «Entonces, ¿lo mío ya está hecho?». Hoy hablamos de originalidad o criterio y cómo distinguirlos.
La respuesta casi siempre será que sí. Al menos, en parte.
Llevamos siglos contando historias de amor, traición, venganza, ambición, culpa, muerte, familias enfrentadas, secretos, viajes, pérdidas y regresos. Hemos encerrado personajes en casas, barcos, islas, aviones trenes, habitaciones… Los hemos obligado a investigar asesinatos, recuperar a alguien que aman, enfrentarse a sus padres, huir de su pasado, salvar el mundo o descubrir quiénes son. Pretender encontrar a estas alturas un conflicto narrativo que nadie haya utilizado jamás puede convertirse en una ocupación bastante más difícil que escribir una buena novela. Yo, la verdad, no estoy seguro de que merezca el esfuerzo.
La originalidad está sobrevalorada…
La originalidad suele recibir un prestigio que en realidad corresponde a otra cosa: el criterio del autor. Lo que distingue una buena historia rara vez es su capacidad para demostrar que nadie había pensado antes en aquello. Lo importante está en las decisiones que se toman a partir de la idea.
Dos novelistas pueden comenzar exactamente en el mismo punto y terminar en lugares completamente distintos. Uno elegirá como protagonista al padre; otro, a la hija. Uno contará la historia en orden cronológico y otro decidirá que el lector conozca primero las consecuencias. Uno pondrá el foco en el crimen; otro preferirá hablar de la culpa que deja detrás. Uno convertirá la historia en un thriller y otro encontrará en el mismo material una novela intimista.
La premisa puede ser idéntica. La novela, difícilmente lo será. Ahí entra el criterio.
El criterio no
El criterio que adoptamos es lo que nos ayuda a decidir qué merece espacio y qué debe desaparecer. Ayuda a decidir cuándo una escena aporta algo y cuándo solo repite información. Nos permite decidir desde qué personaje conviene narrar un acontecimiento, cuánto necesita saber el lector, cuándo debe saberlo y qué parte de la historia ganará fuerza si permanece oculta unas páginas más.
El criterio también permite distinguir una buena idea de una ocurrencia llamativa. Seguro que sabes de lo que hablo.
Ese punto me parece especialmente importante, porque la obsesión por la originalidad puede llevar al novelista a buscar diferencias donde la novela no las necesita. Un narrador extravagante, una estructura innecesariamente complicada, un giro que nadie podía prever porque carece de los antecedentes adecuados o un personaje excéntrico añadido únicamente para que la historia parezca distinta pueden llamar la atención. Otra cuestión es que esos recursos mejoren el relato. De hecho, veces sucede justo lo contrario.
Originalidad o criterio, cómo distinguirlos
Una novela puede resultar mucho más personal cuando el autor deja de preguntarse qué recurso nadie ha utilizado todavía y empieza a decidir qué quiere contar, por qué le interesa contarlo y cuál es la mejor forma de hacerlo.
Pensemos, por ejemplo, en una historia sobre dos hermanos que regresan a la casa familiar tras la muerte de su madre. Cuesta imaginar una premisa menos inédita. Podemos encontrar decenas de novelas, películas y obras de teatro que parten de situaciones parecidas. Sin embargo, bastan unas cuantas decisiones importantes para abrir posibilidades completamente diferentes: qué relación tenían esos hermanos, qué encuentran al volver, qué saben uno del otro, qué ignoran, qué ocurrió en aquella casa, por qué uno se marchó y el otro se quedó, qué quieren ahora y qué están dispuestos a perder para conseguirlo.
La originalidad de la novela terminará apareciendo en las respuestas. Como también aparecerá en la voz del autor, en aquello que decide mirar y en todo lo que deja a un lado.
Por eso me preocupa poco que un escritor me diga durante un editing que ha descubierto otra obra con una premisa similar a la suya. Me preocuparía bastante más descubrir que todavía no sabe por qué ha elegido a ese protagonista o a ese narrador, qué conflicto gobierna su historia o qué función cumple una subtrama que ocupa cincuenta páginas.
Una coincidencia argumental tiene solución si la novela posee personalidad y criterio. Una acumulación de decisiones arbitrarias resulta bastante más difícil de reparar.
Originalidad o criterio, perjuicios y beneficios
Además, la búsqueda desesperada de originalidad puede distraernos de una cuestión mucho más útil: la coherencia. Un recurso puede ser novedoso y perjudicar la novela. Una solución utilizada miles de veces puede funcionar perfectamente si responde a las necesidades de la historia. El valor de una decisión narrativa depende, sobre todo, de lo que aporta al conjunto.
No hace falta reinventar el asesinato para escribir una buena novela negra. Tampoco descubrir una forma inédita de enamorarse para escribir una gran historia de amor. Hace falta saber qué asesinato merece contarse, qué consecuencias produce y por qué esos personajes nos importan. Hace falta decidir qué relación queremos mostrar, desde dónde vamos a observarla y qué experiencia queremos dejarle al lector. Todo eso exige tener un criterio propio, firme y razonado.
El criterio, a diferencia de la originalidad entendida como novedad permanente, puede trabajarse, moldearse, enriquecerse, desarrollarse. Crece con la lectura, con la escritura, con el análisis, con los errores y con la capacidad de revisar nuestras propias decisiones cuando dejan de servir a la novela y sirven a propósitos de los que a veces tardamos demasiado en darnos cuenta.
Así que, si algún día descubres que alguien ya escribió algo parecido a tu gran idea, quizá puedas ahorrarte el disgusto y seguir trabajando esa misma idea, pero a tu manera, con tu criterio.
La idea era solo el principio. Ahora viene la parte difícil: convertirla en tu novela. Lo conseguirás aplicando un criterio sólido y argumentado. Ha llegado el momento de elegir originalidad o criterio.
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