Aunque pueda parecer lo contrario, un buen libro nunca es solo de quien lo firma.
La idea del escritor encerrado durante meses hasta que, de pronto, emerge con un libro terminado tiene mucho de mito romántico.
Un buen libro, un libro que merece la pena suele ser el resultado de muchas decisiones, muchas revisiones y muchas miradas. Generalmente, cada una de esas miradas es experta en un área del proceso de producción del libro.
Está quien escribe, por supuesto. Pero también puede estar quien edita, quien corrige, quien detecta una incoherencia, quien cuestiona una estructura, quien propone una solución, quien diseña una cubierta, quien maqueta, quien coordina, quien pregunta, quien obliga a volver sobre una página que parecía resuelta.
Eso no resta autoría. Al contrario, la fortalece, refuerza su autoridad. Es la consecuencia de apoyarse en profesionales expertos en cada área.
Un buen libro siempre es fruto de un buen proyecto editorial
Un buen proyecto editorial no consiste en acumular intervenciones, sino en coordinarlas con criterio y, no menos importante, con una dirección clara y consensuada. Cada persona que participa en el proyecto debe saber para qué está ahí y qué debe aportar al resultado final.
El problema empieza cuando esas tareas se entienden como añadidos prescindibles. Cuando la corrección se deja para el final como un trámite, cuando el editing se considera una extravagancia o cuando se cree que basta con que el texto «se entienda».
Un libro funciona como un sistema. Y los sistemas funcionan cuando todas sus partes responden a un mismo propósito. No tiene mucho sentido tener una historia redonda, por muy redonda que sea y negarle el beneficio que aporta a todo manuscrito una buena corrección. Como tampoco tiene sentido tener una ortografía cercana a la perfección, pero una historia con muchas carencias y negarle el beneficio que aporta a todo manuscrito un buen editing.
Es cierto, escribir un libro; mejor dicho, terminar un libro y publicarlo no es algo para todo el mundo ni para todos los bolsillos. Me refiero a hacerlo bien, a producir un libro que de verdad merezca la pena leerse.
Por muchas personas que intervengan en un proyecto, la autoría sigue correspondiendo al nombre que aparece en la portada. Pero tengamos claro que detrás de los libros que más admiramos suele haber mucho más que una sola persona. Fijémonos en ellos como ejemplo que seguir.
Eso no debería avergonzar a nadie.
Antes al contrario: debería tranquilizarnos.
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