Artículos

All posts in this category.

El lenguaje claro te permite cobrar la paga extra

Lenguaje claro en Mad MenEl lenguaje claro es una forma estructurada, efectiva y útil de comunicar.

Según PLAIN (International Plain Language Federation): «Una comunicación está en lenguaje claro si la lengua, la estructura y el diseño son tan claros que el público al que está destinada puede encontrar fácilmente lo que necesita, comprende lo que encuentra y usa esa información».

El lenguaje claro no es más que Leer más

Escribir es una herida abierta

Escribir es una herida abierta

Si no tienes tiempo para leer este texto, puedes escucharlo aquí:

Escribir es una herida abiertaReflexionar acerca de lo que es escribir es el cuento de nunca acabar. Se trata de una pregunta abierta. Y no es que siga sin respuesta, no. Es que tiene tantas respuestas como veces se ha formulado. Casi con toda seguridad, cada una de esas respuestas es tan verdadera como pueda serlo la propia pregunta o la necesidad de formularla. Así que, aquí va una reflexión más sobre lo que es escribir.

Estoy persuadido de que escribir es una herida abierta. Una herida por la que al escritor se le va la vida escribiendo, pero por la que aún se le va más vida si no escribe, pues eso le consume. El escritor es justamente eso, un morir sin escribir, un morir por escribir, un todo por y para las letras. Sí, escribir es una forma de vida, pero es más aún una forma de muerte. Y es una forma de muerte más penosa, si cabe, que laLeer más

El enemigo silencioso y mortal del autor novel

enemigo silencioso y mortal del autor novelEl enemigo silencioso y mortal del autor novel es tan peligroso que ni siquiera él mismo conoce su identidad ni las terribles consecuencias de su trabajo.

El enemigo silencioso y mortal del autor novel suele adoptar la apariencia de amigo o familiar del propio autor, y su principal y demoledora técnica de ataque consiste en acribillarlo a alabanzas, elogios, adulaciones, enaltecimientos y glorificaciones que hacen sonrojar a unos señores suecos que otorgan cada año un premio muy importante, hasta el punto de que perecen ahogados en un mar de dudas y remordimientos. Se calcula que al menos uno de estos suecos perece de tan terrible manera por cada ráfaga de ovaciones del amigo o familiar del autor novel.

Esta es, sin duda, una de las peores cosas que le puede ocurrir a un autor novel. La avalancha de felicitaciones por su escritura, especialmente cuando proviene de amigos y familiares que, en el mejor de los casos, no pasan de ser lectores y, en el peor de los casos nunca podrán emitir una opinión enteramente objetiva, no es otra cosa que una bomba de tiempo cuya cuenta atrás se inicia en el momento en que se dispara la primera felicitación y que puede explotarle en cualquier momento al autor en las narices.

Con todo, existe un ataque aún más mortífero de este enemigo silencioso del autor novel. Y es el que ejecuta en público. El enemigo del autor novel adopta en estas circunstancias la apariencia de un desconocido, para lo que se vale de un bigote postizo que lo hace irreconocible para el ojo poco experto.

enemigo silencioso y mortal del autor novel

enemigo silencioso y mortal del autor novelSu técnica es tan simple como letal: haciéndose pasar por ese desconocido del bigote que tanto se parece al amigo del autor, se acerca sigilosamente a la página de Amazon donde se encuentra la obra a la venta y se derrama sobre ella en alabanzas, loas, aplausos y valoraciones de cinco estrellas.

Los daños colaterales de este vil proceder son incalculables, pero se sabe que afecta a muchas personas. La primera víctima es, indudablemente, el propio autor novel que, desde tan alto donde lo han aupado, todo el camino que tiene por delante es hacia abajo. Esto puede convertirse en fuente inagotable de frustración y abandono de todo intento ulterior de ganarse un espacio en el mundo de las letras.

enemigo silencioso y mortal del autor novelLa segunda víctima es todo aquel autor, novel o no, que consigue producir obras de cierta calidad, y que irremisiblemente se hundirán tras chocar contra los icebergs pululantes en que se convierten estos aludes de amiguismo.

La tercera víctima, pero la más importante y la más numerosa, es el lector, que una vez más vuelve a ser engañado y defraudado por una obra de la que se dicen muchas bondades, pero cuando se queda uno a solas con ella, resulta ser un cadáver envuelto para regalo por ese enemigo silencioso y mortal del autor novel.

Como consecuencia de todo esto, el autor novel es empujado hasta el borde del acantilado y puesto en el brete de dar un paso hacia adelante con su próxima obra.

El enemigo silencioso y mortal del autor novel

© Víctor J. Sanz

Una trepidante publicidad plagiada que te dejará sin ganas de comprar la novela

¿A cuántos escritores habéis visto anunciar su novela en los siguientes términos?

UN TREPIDANTE THRILLER QUE TE DEJARÁ SIN ALIENTO

En estos mismos términos o en cualquiera de sus variaciones, incluyendo la especificación de “histórico” o de “psicológico”, o de “romántico”, entre otras.

Si copian de otros lo que tienen que decir de su propia obra, no me imagino cómo será de original (o de trepidante) el texto. De momento, el aliento que me quita es el que me hubiera empujado a comprar su novela.

Para distinguirse de otros, repetir lo mismo que dicen esos otros no se ve como una alternativa segura. Es el riesgo de trabajar con palabras y fórmulas desgastadas por el uso masivo y abusivo, que vaya usted a saber qué significado han tomado ya en la mente de cada lector. Lo que inicialmente significaba “trepidante“, hoy se ha asentado en la mente del lector como sinónimo de muy distintos relatos, los cuales participarán en muy distinta medida de ese significado inicial. De esta manera, hemos pasado a modificar el significado de este término en el subconsciente colectivo, al que deberíamos comenzar a llamar, acaso más acertadamente, “inconsciente colectivo” ya que está formado por un colectivo de inconscientes que no son conscientes de las consecuencias de su elección de palabras y expresiones cuando de vender se trata.
 Una trepidante publicidad plagiada que te dejará sin ganas de comprar la novela
Si a esto añadimos que a algunos de esos escritor@s no les tiembla absolutamente nada el pulso cuando utilizan fotografías, probablemente sin derecho a hacerlo, de actores y actrices famosos para promocionar su obra, podremos empezar a entender el escaso respeto que tienen por el lector, acaso solo respeten una o dos cosas de él: su dinero y sus alabanzas.

La promoción de una obra hoy en día, cuando el mercado está saturado de títulos y de autores, exige algo más de esfuerzo y algo más de respeto para con la inteligencia del lector.

Por supuesto, no se trata de no volver a usar en la vida los términos “thriller”, “trepidante” o “aliento”, sino que se trata de no repetir la misma fórmula. Di lo mismo, pero dilo a tu manera, con tus palabras, con tu estilo, sobre tu obra; y no a la manera en que lo dijeron otros, con sus palabras, su estilo y sobre su obra.

Distínguete del resto, empieza por respetar al lector.


Una trepidante publicidad plagiada que te dejará sin ganas de comprar la novela

Víctor J. Sanz

Trabajar gratis es una falta de respeto

Quién nunca nos robaría nuestro dinero no tiene ningún reparo en robarnos el tiempo que necesitamos para ganarlo. (Jacinto Benavente, 1866-1954, dramaturgo español)

Tal vez por una economía maltrecha, o un egocentrismo galopante, o una autosuficiencia pretendida y nunca autocuestionada, o por un maltrecho sentido de la decencia, o vaya usted a saber por qué, pero nunca faltan personas que tienen firmemente asentada en sus convicciones la idea de que los demás tienen que trabajar gratis para ellas.

Quien así procede, solicita indiscriminadamente servicios profesionales sin intención alguna de pagar por ellos.

Me pregunto qué valor le darán esas personas a los profesionales que accedan a tal petición, y qué valoración harán de su trabajo; me pregunto si todavía le pondrán peros y condiciones.

trabajar gratis. Trabajar gratis es una falta de respeto.
Si un escritor pide a un corrector que trabaje gratis para él, cuando tenga publicado su libro no debería extrañarle que los lectores se lo reclamen gratis. Trabajar gratis es una falta de respeto.

Entre otras cosas, dedico buena parte de mi tiempo a prestar asesoría literaria a autores que me encargan la revisión y corrección de sus obras; y a la impartición de cursos y talleres de formación para escritores. Por lo tanto, me debo a quienes me pagan por mis servicios y esperan de mí lo mejor.

Cómo explicar a mis autores y a mis alumnos que no puedo ocuparme de sus encargos y de sus tareas (a pesar de que me hayan pagado por ello), porque en su lugar estoy atendiendo una petición de alguien que no piensa pagarme por mi trabajo.

Es así de sencillo. Por eso no trabajo gratis.

Trabajar gratis es una falta de respeto, en primer lugar para con uno mismo, pero también para con los colegas de profesión, y para con los clientes propios y ajenos. Pero además es una falta de respeto que comete el solicitante contra el profesional cuyos servicios pretende gratuitamente.

No me han faltado casos en que, después de un torrente de delatoras adulaciones, me han pedido poco menos que un taller gratuito. Cuando explico que es un trabajo remunerado, todo se vuelven complicaciones y argumentos insostenibles.

-¿Cómo voy a hacer uno de sus cursos?, está usted muy lejos.

-¿Sabe exactamente dónde estoy?

-Pues no, no lo sé.

-Es igual, no se preocupe, mis cursos son en línea, por Internet, así que puede usted seguirlos desde donde quiera.

-¡Ah, por Internet!, entonces no puedo.

Al parecer todo se puede preguntar por Internet, salvo ¿cuánto cuesta su taller de narrativa?

En otras ocasiones no ha faltado quien reclama que le entregue mi trabajo de forma gratuita alegando que estamos en crisis. Me pregunto si dirá lo mismo en la caja del supermercado. Puede que incluso también allí lo argumente, pero todos saben la contestación.

Para guinda del pastel tenemos a quien, no contento con faltarle a uno al respeto, encaja mal toda explicación y le retira a uno su valiosa amistad. Su valiosa pero gratuitamente interesada amistad. Parafraseando: “A caradura que huye, puente de plata”.

Evidentemente, atender una consulta puntual o contestar un par de preguntas rápidas creo que lo hacemos todos en mayor o menor medida, pero ese debe ser todo el tiempo que le robe a quienes me pagan por mi tiempo, por mis conocimientos y por mi experiencia.

Rechazar un encargo gratis también le debe servir al solicitante para comprender que, si algún día tuviera idea de pagar por aquello que solicita, sin lugar a dudas sería atendido con absoluta prioridad y dedicación frente a otros que pretendieran no pagar por el mismo servicio.

En el caso de los escritores que solicitan recibir de forma gratuita los servicios de un asesor o de un corrector profesional, me pregunto si, cuando tengan su obra publicada, regalarán un ejemplar a cada persona que se lo solicite. Apuesto por un porcentaje muy bajo en esa estadística.

Insisto, trabajar gratis es una falta de respeto y pedirlo, sobre todo a un desconocido, es además una falta de decencia.


Trabajar gratis es una falta de respeto

© Víctor J. Sanz

5 clichés que no utilizaría en mi novela

5 clichés que no utilizaría en mi novela

Muchas novelas están plagadas de clichés, de lugares comunes que se repiten de unas a otras sin apenas cambios. Muchos autores deben pensar que, si a otros les funciona, por qué a ellos no iba a funcionarles, y llegados a ese punto no intentan explicar con sus propias palabras lo que van a repetir, sino que lo copian y lo pegan en su novela y luego suspiran satisfechos por el trabajo no realizado.

Si utilizas clichés, procura que no lo parezcan. Estos son 5 clichés que no utilizaría en mi novela: Clic para tuitear

  1. Los personajes que obedecen ciegamente a fuerzas superiores y desconocidas. Cuando hay una notoria falta de imaginación o una seria carencia en la planificación de la novela, algunos autores, para justificar ciertas acciones de sus personajes solo porque son necesarias para el desarrollo del relato, hacen ver al lector que sus personajes actúan como lo hacen porque obedecen a una fuerza desconocida e inexplicable, pero a la que se someten igualmente.
  2. Los villanos que sienten la necesidad de explicar sus planes. Es un cliché muy antiguo pero que, por desgracia, sigue estando presente en algunas obras. Cuando el autor de un relato da a conocer a su lector todos los detalles de los planes de su villano es por uno de estos dos motivos, o bien porque está tremendamente orgulloso de su invención y su presunción es más poderosa que su vergüenza, o bien porque no ha dispuesto la estructura narrativa suficiente como para que esa explicación no sea necesaria. En cualquiera de los dos casos tiene trabajo por delante.
  3. Los personajes femeninos que toleran las actitudes machistas solo porque provengan de personajes masculinos atractivos. Una actitud machista, actitud machista se queda aunque se vista de seda. Actitudes que ese mismo personaje femenino calificaría como machismo o como acoso sexual si vinieran de un personaje masculino poco agraciado, son toleradas y hasta deseadas si vienen de un personaje masculino atractivo. Este tipo de personajes femeninos son denigrantes para todas las mujeres. No es que no deban diseñarse personajes femeninos así, pero sí sería bueno que no salieran de los objetivos educativos y formativos sobre lo que es y lo que no es denigrante para las mujeres.
  4. 5 clichés que no utilizaría en mi novelaEl rebaño obediente. En algunos relatos se pintan grupos humanos que solo lo son en apariencia, ya que psicológicamente le llevan poca ventaja a un rebaño de ovejas. Cualquier personaje con un poco de personalidad que levante la voz y la dirija hacia ese rebaño obtendrá de inmediato su apoyo incondicional, y esto se da indistintamente tanto en personajes con buenas como con malas intenciones. La masa, el rebaño que obedece y jalea las palabras del eventual líder, carece totalmente de criterio. Estoy de acuerdo con lo que decía Goethe: «La multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia». Pero ¿no es hora ya de que esa multitud madure un poquito?
  5. Solo era un sueño.  Considero una falta de respeto al lector tenerle mordiéndose las uñas durante páginas y páginas para, al final del capítulo (o lo que es peor, al final del libro), dejarse caer con que todo era un sueño. Es este un lugar común demasiado frecuentado al que no es conveniente llevar al lector.

Como todo en narrativa, esto de los clichés también es subjetivo, y estoy seguro de que estos y otros clichés podrían seguir usándose sin grandes problemas si los autores se tomaran la molestia de poner un poco de su parte, contándolos a su manera y no a la manera en que ya los contaron otros muchos antes que ellos.

El tema de este artículo fue propuesto por Cris Mandarica. Gracias, Cris.

¿Quieres proponer tú el tema del siguiente artículo de esta serie “5 cosas que…” sobre técnicas narrativas?, deja un comentario en esta entrada con tu propuesta.


5 clichés que no utilizaría en mi novela

© Víctor J. Sanz

5 cosas que no le permitiría a mi narrador

El narrador es muchas veces, por desgracia, uno de los elementos de la novela en que menos reparan los autores noveles, y sin embargo es uno de los componentes más frágiles y quebradizos de toda historia. Es el encargado de contar bien la historia, y en el mejor orden posible, y con el lenguaje más apropiado, y destacando lo importante y no lo accesorio y prescindible…, y todo ello desde un segundo plano que no robe protagonismo a los personajes y a los hechos narrados.

Aquí van 5 cosas que no le permitiría a mi narrador:

5 cosas que no le permitiría a mi narrador

  1. No le permitiría que hablase por mí. Él no es yo, él no es el autor de la narración, solo es su narrador. Esto no siempre resulta tan obvio para el autor novel, que ve en el narrador a su propio trasunto y, por si esto fuera poco, se ve en la obligación de poner en su boca todo lo que no se atreve a soltar por la suya misma, o todo aquello para lo que no ha encontrado mejor foro y audiencia. El lector no tiene por qué pagar esa deuda.
  2. No le permitiría que ocultase artificiosamente información importante al lector. Un lector engañado es un lector perdido para siempre.
  3. No le permitiría que se entretuviera en contar al lector las cosas más insignificantes que les ocurren a los personajes; a menos, claro está, que resulten trascendentales para la marcha de la historia o su comprensión por parte del lector.
  4. No le permitiría que se convirtiera en protagonista de la historia a menos que se trate de una narración en primera persona. Cualquier otro narrador tiene que tender a la invisibilidad.
  5. No le permitiría que diera explicaciones al lector de lo que acaba de narrar. Si se ve en la obligación de hacerlo es, casi con toda seguridad, porque no lo ha narrado bien; del mismo modo que si después de contar un chiste uno tuviera que explicarlo.

Si en alguna ocasión compruebas que tu narrador cae en una de estas situaciones, no lo dudes, despídelo fulminantemente.

Si te pasa muy a menudo, te espero en mi taller “La voz narradora de la Escuela de Formación de Escritores.


5 cosas que no le permitiría a mi narrador

© Víctor J. Sanz

Cinco cosas que no les permitiría a mis personajes

Cinco cosas que no les permitiría a mis personajesCuando un escritor está en pleno desarrollo de un relato, y especialmente si es largo, es bueno que se pregunte si sus personajes se están comportando como auténticos personajes inolvidables o si, por el contrario, se están comportando como unos auténticos estúpidos por quienes el lector no va a sentir ni el más mínimo aprecio ni el más mínimo odio.

A continuación, una lista de cinco cosas que yo no les permitiría a mis personajes:

  1. Que llevaran a cabo acciones sin una justificación adecuada, por más que esa justificación no esté a la vista del lector en el momento de llevarla a cabo. Toda acción tiene que tener su justificación, nadie hace nada porque sí, para todo existe una razón. Incluso una razón estúpida es mejor que ninguna razón.
  2. Que hablaran con un vocabulario mezcla de un lenguaje académico exquisito y jerga poligonera, por poner solo un ejemplo. Cada personaje tiene su forma particular de hablar, pero por el bien de la narración y por el bien del lector, es mejor tender a cierta coherencia en el vocabulario utilizado por los personajes.
  3. Que sacaran de un bolsillo cosas que no metieron antes ahí. Si el personaje va a necesitar un determinado objeto, artículo, herramienta o lo que quiera que sea, es conveniente que tenga justificación y lógica que lo lleve encima cuando lo vaya a necesitar.
  4. Que cuando hablasen con otros personajes les dieran pelos y señales de lo que han hecho o de lo que van a hacer solo para que el lector se entere. Y desde luego nunca permitiría que el personaje oyente fuera alguien que, por su posición, ya conociera lo que se le dice, o que el personaje que habla no tuviera ninguna razón (ni siquiera una estúpida) para contárselo.
  5. Que se convirtiera en portavoz del lector, y no solo hablando por él, sino haciéndolo mediante afirmaciones inamovibles e innegociables, con las que el lector se quedaría fuera de juego y probablemente se viera obligado a cambiar de lectura.

Si tus personajes presentan alguno de estos rasgos, te recomiendo que revises a fondo los pasajes donde han metido la pata y tomes el mando de tu narración.

O, si lo prefieres, sigue uno de los talleres de personajes que imparto en la Escuela de Formación de Escritores.

Cinco cosas que no les permitiría a mis personajes

© Víctor J. Sanz

(III) Errores comunes de los escritores noveles

(III) Errores comunes de los escritores noveles >>

Errores comunes de los escritores noveles (III)Hoy traigo la tercera entrega de esta serie de Errores comunes de los escritores noveles, donde intento prevenir a las plumas primerizas de aquellos errores que les acechan desde cualquier recodo de su camino.

 7) Atento, que te voy a asustar. Un error incomprensiblemente frecuente es ese en el que incurre el autor novel cuando intenta que lo que ha escrito le quede claro al lector aunque sea por vías en absoluto recomendables. Cuando la inseguridad sobre su trabajo lleva al autor novel a explicar al lector lo que ha escrito, se producen situaciones realmente curiosas. Imaginemos a un autor de terror que intenta construir una escena con la que espera una gran producción de carne de gallina. Después de la escena en cuestión, se dirige directa e inexplicablemente al lector para decirle: “Esto ha sido un SUSTO. Pero un SUSTO en mayúsculas”. No sabe uno ya si el autor es del género de terror o es un autor terrorífico; pero lo que sí parece claro es que está faltando al respeto al lector y que puede estar convirtiendo su obra al género de la comedia y a él mismo en su protagonista.

Errores de escritores noveles. Error nº7: Atento, que te voy a asustar. Clic para tuitear

8) Por sus conocimientos los conoceréis. Otra tentación a la que sucumben muchos autores noveles es la de mostrar al lector cuánto conocen y cuánto dominan una área concreta de conocimientos. Ya sea por haber cursado estudios superiores de la materia en cuestión, ya se como fruto de un concienzudo y profundo periodo de documentación, el autor novel se haya en posesión de una serie interminable de datos precisos que está deseando exhibir ante el lector. La impaciencia, o quién sabe si cierto afán de superioridad, le llevan a verter en su narración todos esos conocimientos. En sí mismo este vaciado intelectual no es un problema, sino que este viene cuando el autor se olvida de que está en mitad de una narración literaria y adopta el modo libro de texto: se hace un hueco entre los personajes y, adoptando la voz del narrador, o ni siquiera eso, suelta su parrafada cargada de datos, por lo demás, inservibles al progreso de la historia que narra. Cualquiera puede darse cuenta de esto porque se produce un escalón insalvable entre un  tipo de narración y otro, pero también porque, más allá de las consideraciones lingüísticas, en la mente del lector surge con fuerza una pregunta: ¿y esto, a qué viene? No dudo que sea información de gran interés, pero ninguna información, por interesante que sea, merece absorber el protagonismo por encima de la trama y de los personajes. Por lo tanto es recomendable verter la información precisa, y solo la precisa, en el torrente narrativo, ya sea por boca del narrador como por boca de alguno de los personajes, y esto solo en el caso de que esa información entre al servicio del progreso de la narración hacia su desenlace y no al de alimentar el ego del autor.

Errores de escritores noveles. Error nº8: Por sus conocimientos los... Clic para tuitear

9) Lee tú, que yo no tengo tiempo. Solo una cosa explicaría que un autor cometa ciertos errores en sus trabajos, y es la falta de una lectura crítica de los mismos. Y a veces, no es que no hagan esa lectura crítica, sino que ni siquiera se molestan en hacer una lectura simple. Escriben deprisa e intentan, más deprisa todavía, vender su trabajo a los pobres e incautos lectores que se cruzan en su camino. No se toman un tiempo para revisar su obra porque, al parecer, son infalibles en la escritura. O bien es porque creen eso o bien, y esto es lo más común y más grave, porque el lector les importa lo mismo que la más miserable de las inmundicias. Un autor nunca debería pedir a un lector que le dedique varias horas de su vida a leer un  trabajo para que el que él ni siquiera se tomó la menor molestia en hacer medianamente bien.

Errores de escritores noveles. Error nº9: Lee tú, que yo no... Clic para tuitear

Ver todas las entradas de: “Errores comunes de los escritores noveles

Comprar el libro «Errores comunes de los escritores noveles y cómo evitarlos», donde encontrarás muchos más errores y consejos.

© Víctor J. Sanz

(II) Errores comunes de los escritores noveles

(II) Errores comunes de los escritores noveles ►

(II) Errores comunes de los escritores novelesContinuamos hoy con la lista de errores comunes de los escritores noveles que iniciáramos recientemente. Nadie debe alarmarse o avergonzarse si se ve identificado en uno o varios de los errores comentados en este análisis, pero sí debe alarmarse y avergonzarse si se ve identificado y no le nace de súbito un propósito de enmienda arrasador e irreversible que termine con un notorio progreso.

4) El inoportuno análisis de la actualidad. Hay casos en que, sin venir a cuento de la historia que se pretende tejer entorno a la atención y el interés del lector, el autor se ve en la obligación de colar en la narración el fruto de su más esforzado ingenio y capacidad de análisis. Incluir datos concretos o bocetos de proyectos de esquemas de borradores de concienzudos análisis políticos, económicos o de cualquier otro orden, que tan solo guardan una relación tangencial con el hilo principal de la historia, no es lo que el lector espera de una obra literaria, para eso ya tiene la prensa. Hay quien se empeña en ofrecer datos concretos, y hasta locales, como parte de su brillante argumentación. Esto es especialmente triste cuando el autor consigue retratarse o posicionarse ante el lector, superando con creces en protagonismo a la propia historia y a sus personajes principales. Considero un error gigante llevar a cabo el titánico esfuerzo de escribir una novela para fabricar poco más que el contenedor de una opinión política, y a veces, como digo, es poco más que eso lo que se fabrica.

Errores de escritores noveles. Error nº4: El inoportuno análisis de la actualidad. Clic para tuitear

5) “Entre comillas”. Cuando el autor novel se ve en la duda de si su mensaje habrá llegado hasta el lector recurre a herramientas cuya utilidad confunde con su necesidad. La inseguridad puede llevarle a entrecomillar toda aquella palabra o expresión en la que haya depositado una supuestamente brillante segunda intención. Las comillas, según recomienda la RAE en su Panhispánico de Dudas, deben usarse para reproducir citas textuales, incluidas las integradas en un estilo indirecto; para dar a entender al lector que se trata de un pensamiento y no de un  diálogo del personaje; para indicar que una palabra es impropia en ese contexto por un uso indebido por parte del personaje en cuestión, debido a una mala grafía o a una mala comprensión de su significado, la RAE cita como ejemplo el siguiente: dijo que la comida llevaba muchas “especies”, pero incluso en casos así recomienda el uso de la cursiva en vez de las comillas. La RAE menciona algún otro caso, pero ninguno más relacionado con este uso abusivo de las comillas que, desde el punto de vista literario, puede llegar a constituir un menosprecio al lector a quien el autor ve la necesidad de explicarle los chistes haciendo aspavientos. Si tiene esa necesidad es porque el chiste no era bueno, porque lo que le ha contado no estaba a la altura.

Clic para tuitear

6) Admira mi cultura literaria. Algunos autores noveles, quizás en un intento de dar a entender que se hayan en posesión de unos supuestos vastos conocimientos literarios, se dedican, página tras página, a citar nombres de autores de reconocido prestigio. Aparte de cierta petulancia, esto no sería sospechoso de nada más, salvo en aquellos casos en que el autor novel escribe incorrectamente los nombres de esos autores o de sus obras, lo que vendría a demostrar que, o bien realmente no los ha leído, o bien no ha comprobado cómo se escribe su nombre, o bien ambas cosas. En cualquier caso, tanto si los ha leído tal y como intenta hacer creer, como si no lo ha hecho, lo mínimo exigible al autor es que se documente antes de ofrecer contenido a sus lectores. Por otra parte, quiero llamar la atención sobre el hecho de que haber leído o no los autores o las obras citadas, no le confiere al autor novel, aunque él crea que sí, la capacidad creativa o la calidad literaria de aquellos.

Errores de escritores noveles. Error nº6: Admira mi cultura literaria. Clic para tuitear

Ver todas las entradas de: “Errores comunes de los escritores noveles

Comprar el libro «Errores comunes de los escritores noveles y cómo evitarlos», donde encontrarás muchos más errores y consejos.

© Víctor J. Sanz