La elección del tema en la narrativa

No faltan pretendidos manuales de escritura en los que se hacen recomendaciones de distinto género y calado sobre el tema a elegir. Esto de la elección del tema en la narrativa resulta bastante curioso, ya que lo que ocurre más frecuentemente es que el mecanismo funciona exactamente al revés. Un tema no se elige, sino que un tema elige a su escritor. Es el tema quien elige al autor que ha de tratarlo y que ha de profundizar en él.

Dice Ernesto Sábato: “El tema no se debe elegir: hay que dejar que el tema lo elija a uno. No se debe escribir si una obsesión no acosa, persigue y presiona desde la más misteriosa regiones del ser. A veces, durante años”

Ciertamente, así es. Y no es ya que el tema no pueda o no deba elegirse, si no que el tema habrá de encontrarse entre lo escrito, una vez escrito, pues subyacen en lo escrito no solo un tema, sería imposible, sino temas muy diversos y dispares que son el propio excipiente de las historias ya que sirven para darles consistencia, forma y se diría que hasta sabor.

En narrativa no es el autor quien hace la elección del tema, sino que es más bien el tema el que elige al autor que habrá de desarrollarlo. 

La elección del tema en la narrativa.

El tema, además de elegirlo a uno, ha de ser tratado como un tesoro al que hay que liberar de sus envolturas y ataduras. Un escritor no es un Miguel Ángel ante un bloque de mármol al rescate de su David, de un David cierto, verdadero, localizado e identificado del que, como máximo, se desconocen algunos de sus más nimios detalles; sino que el escritor se enfrenta al bloque de mármol sin saber de forma nítida y concreta a quien o a quienes habrá de retratar, de rescatar en definitiva de esa pre-realidad en la que se habitan las historias antes de ser escritas. El escritor ataca su bloque de mármol sin tener una idea clara del tema sobre el que versará su talla. No es sino tras los primeros golpes de martillo que puede, insisto puede, empezar a atisbarse algo. Pero no es en absoluto raro que no sea hasta después de haber rescatado del mármol buena parte de las figuras que éste encierra, que el autor identifique con claridad el tema o los temas de los que trata la historia que está tallando.

Profundiza Sábato: “El escritor parte de una oscura intuición global, pero no sabe lo que realmente quería hasta que la obra está concluida, y a veces ni siquiera entonces”. Al inicio se tiene, como máximo una idea informe y borrosa del tema, pero del tema con mayúsculas (AMOR, MUERTE…), no del verdadero tema, pues ningún tema con mayúsculas puede abordarse si no es en forma más concreta y definida, siempre desde la perspectiva de unos personajes con respecto de otros, ya habiten éstos o no la misma historia que el protagonista.

Una vez elegido el autor por el tema, será ya cuestión de las habilidades y oficio de aquel para que éste sea elevado a las cumbres más altas y más visibles o hundido en las enormes fosas del olvido.

No, la narrativa no puede, jamás, ser abordada como una receta culinaria en la que se ponen encima de la mesa todos los ingredientes y en la que disponemos de instrucciones precisas para su elaboración durante todo el proceso. El tema en la narrativa es un ingrediente básico, sí, pero lo más probable es que no lo detectemos hasta que el plato esté cocinado.