El insomnio del escritor: Personajes complicados

El insomnio del escritor

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El insomnio del escritor. Hablando con una de mis alumnas del taller de escritura ("Tu factoría de historias"), le pusimos nombre a una sensación muy familiar para los escritores y que, por lo tanto, no suele ser objeto de extrañeza ni de curiosidad para estos.  Cuando un escritor esta tramando una nueva historia, los personajes danzan, balbucen, protestan, se escapan, se incomodan, incluso incomodan al escritor, y en ocasiones lo hacen tanto y tan bien que pueden hasta con el sueño más pesado. (El insomnio del escritor)Hablando con una de mis alumnas del taller de escritura (“Tu factoría de historias“), le pusimos nombre a una sensación muy familiar para los escritores y que, por lo tanto, no suele ser objeto de extrañeza ni de curiosidad para estos.

Cuando un escritor esta tramando una nueva historia, los personajes danzan, balbucen, protestan, se escapan, se incomodan, incluso incomodan al escritor, y en ocasiones lo hacen tanto y tan bien que pueden hasta con el sueño más pesado.

Me decía mi alumna: “Víctor, ¿sabes que me ha pasado?, que anoche me desperté preocupada por el protagonista” (En el taller “Tu factoría de historias” cada alumno redacta, como parte de los ejercicios prácticos del curso, su propia novela). Dado que a los protagonistas hay que meterlos en problemas serios también hay que preocuparse por ofrecerles al menos una posibilidad de que salgan con bien o más o menos enteros. Le respondí: “¿Sabes cómo se llama lo que te pasó anoche?, se llama escribir.

Un escritor no escribe solo cuando realiza el acto físico de escribir, sea cual sea el medio que utilice para hacerlo. No, un escritor escribe siempre, mientras respira, mientras come, mientras lee, mientras se ducha, mientras duerme y, por supuesto, mientras no duerme porque está muy ocupado (y muy preocupado) buscando los cabos perdidos de su trama, esto es: escribiendo. Da igual si deja constancia en un papel de lo que ha escrito en su cabeza, el acto de escribir es muy anterior al acto de la escritura.

El narrador omnisciente: el guía del museo

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El narrador omniscienteEn la escritura de ficción, una de las cosas más difíciles de hacer que parezca fácil es crear una voz narradora nítida, única e intransferible. Cuando se trabaja con un narrador omnisciente, si el autor no le presta la debida atención es muy probable que su voz termine siendo muy similar a la de alguno de los protagonistas, llegando a utilizar incluso las mismas expresiones y giros idiomáticos.

Esto, evidentemente, no es lo que el lector espera. La del narrador omnisciente debe ser una voz en quien el lector pueda depositar su confianza. Debe ser, por tanto, una voz objetiva y libre de sentimientos que sirva al lector como medida de todos los hechos que tengan lugar en la narración. De este modo, solo de este modo, se le podrá transmitir al lector de forma efectiva toda la información que conforma el relato. En esta función, podríamos comparar la voz del narrador omnisciente con la voz del guía del museo que, con ese tono objetivo y nada sospechoso de albergar sentimientos, ni mucho menos de participar de un orgullo exagerado que le lleve a hablar de sí mismo bajo ninguna circunstancia, destaca para el lector los episodios más interesantes y jugosos de un relato, como el guía del museo lo haría de un cuadro.

Escritor, cada vez que sospeches que tu narrador omnisciente no te está quedando como debería, o simplemente por pasarle un control de calidad a su voz, piensa por un momento en ponerla en boca del guía de un museo, muy pronto comprobarás qué tipo de léxico no le es propio (vulgarismos, expresiones peculiares privativas de los personajes, construcciones que deriven en cacofonías…) y podrás eliminarlo antes de que le cause un daño irreparable a tu obra. Aquello que no te suene propio en la voz del guía de un museo tampoco habrá de serlo en la voz de tu narrador omnisciente. Así que, nunca hagas decir a tu narrador aquello que nunca creerías haber oído al guía del museo.

El narrador omnisciente: el guía del museo

© Víctor J.Sanz