El lector protector

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El lector protectorEn el último post hablé de una técnica narrativa que tendría por objetivo causar en el lector/espectador la sensación de dependencia de un personaje para posteriormente suprimirlo de la historia de forma, digamos, violenta; lo que generaría en el lector/espectador una sed de venganza que lo mantendría pegado al libro o a la TV en el caso de las series hasta ver cumplida y satisfecha tal venganza. Llamé a esta técnica “El lector huérfano“.

Hoy quiero hablar de otra técnica similar cuya finalidad sería la de despertar en el lector/espectador un sentimiento maternal, un instinto de protección para con, especialmente, el protagonista principal.

Ejemplos muy conocidos de una utilización exitosa de esta técnica es (no podía faltar) Breaking Bad; o The following, serie a la que ya dediqué una despedida recientemente y en la que el protagonista se convierte en el protegido virtual del espectador debido a su dolencia cardiaca; o la deliciosa Monk, donde las manías que sufre el protagonista nos hace sentir debilidad por él.

El lector protectorPero la finalidad de esta técnica del lector protector no es únicamente la de despertar ese instinto de protección en el destinatario de la historia, sino que también resulta de gran utilidad para dar al personaje protagonista sólidos argumentos que justifiquen casi cualquier cosa que se le ocurra decir o hacer o, mejor dicho, casi cualquier cosa que el guión de la historia pudiera necesitar poner en manos o boca del personaje protagonista.

Hay otro aspecto importante y que no quiero dejar de apuntar. Comprobad que la enfermedad o debilidad que aqueja al protagonista tiene una dimensión, una entidad y una trascendencia del mismo calibre que aquello a lo que servirá de justificación. De otro modo se rompería ese delicado equilibrio que necesita toda historia para circule entre lo interesante y lo aburrido.

© Víctor J. Sanz

El lector huérfano

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***ATENCIÓN PUEDE CONTENER SPOILERS***

El lector huérfanoUna de las técincas que más éxito está cosechando para los guionistas de series de televisión -o los escritores de las obras adaptadas- es la que yo llamo del lector huérfano; que viene a consistir en mostrar al espectador una figura protagonista muy carismática (o eso se pretende) para, después de algunos episodios, matarla o hacerla desaparecer con visos de definitivamente.

Aparentemente suena a traición para con el espectador, como enseñar un caramelo a un niño para finalmente comérselo uno mismo. Pero nada más lejos de eso. La primera sensación que se busca crear en el espectador es la de la dependencia. Para ello se crea y se agita delante del espectador un personaje de quien no queda más remedio que quedarse enganchado, por sus dotes, su bondad, su templanza, en fin, por sus virtudes; y cuando te parece que no se va a morir nunca, ¡zas!, te lo matan. El efecto que se busca es el de dejar pegado al espectador como una lapa a la televisión hasta que ve satisfecha una suerte de venganza que le reclama su sentido común.

Creo que es una técnica que, bien aplicada, puede ser muy efectiva. De hecho hay algunas series donde esto es fácilmente comprobable, Breaking Bad o, más especialmente Juego de Tronos. En esta última la generación de esa sensación de venganza en el espectador es ciertamente recurrente, sin llegar a causar el efecto contrario al deseado.

En cine también se ha intentado aunque no con el mismo éxito, quizás debido al formato más reducido. En la película “La fría luz del día” la técnica no dio resultado, dejando al espectador preguntándose ¡WTF!, entre otras cosas porque del personaje no se vuelve a saber casi nada y de una hipotética venganza mucho menos. Quizás fue esto lo que le vale una triste puntuación de 4,9 en IMDB.

Si estás escribiendo una historia que no termina de cuajar, intenta crear un personaje carismático del que luego prives a tus lectores, si lo haces bien, leerán página tras página esperando que te vengues por ellos de su asesino.

 © Víctor J. Sanz

Estereotipos televisivos

Una serie de TV se puede considerar de muchas maneras, y su análisis se puede afrontar desde muchos ángulos. Una de las consideraciones más generales y al alcance de todos que se puede hacer de una serie de TV es interpretarlo como un gran escaparate. El producto, los productos más visibles de cuantos pueden ser mostrados en tal escaparate, están relacionados con la cultura del país desde el que se promocionan y difunden. Por lo general, y en lo tocante a España, la mayor parte, por no decir todas, de las series de TV que se emiten proceden invariablemente de dos países: Estados Unidos y la propia España.

Estereotipos televisivosHoy hablaremos de las que provienen de los Estados Unidos. Sus temas, sus ambientaciones son muy escasas. Coloquialmente podríamos agruparlas en los siguientes grupos: de médicos, de policías (últimamente más bien de asesinatos) o de piso (técnicamente denominadas “sitcom” abreviatura de “comedia de situación”). Esta clasificación obedece únicamente al marco general en el que se desarrolla la acción. Cualquiera de estos escenarios, de estos escaparates, es apropiado para mostrar y vender el “producto” de la sociedad estadounidense. Una sociedad que, al parecer resulta ideal y deseable cuando la comparan con otras sociedades.

Pero estos escaparates de lo que están llenos es de estereotipos, de falsos estereotipos o estereotipos televisivos, confinados a los límites del aparato de televisión. Por ejemplo, abundan en estas series los personajes absolutamente buenos y los personajes absolutamente malos, algo completamente alejado de la vida real.

Las series de TV estadounidenses están plagados de estereotipos televisivos que cuesta trabajo encontrar en la realidad.

Sobrepeso

Están plagadas estas series de personajes con un físico casi escultural, lo que puede hacer más agradable a la vista la serie, desde luego, pero que hace poca justicia a la sociedad a la que pretenden servir de reflejo y escaparate, donde el 35% de su población con problemas de sobrepeso. No estoy reclamando que se cumpla la estadística de que uno de cada tres personajes sea reflejo de esta parte de la población, en absoluto, solo reclamo que los tipos humanos mostrados no sean expuestos como estereotipos reales del ciudadano medio.

¡Tiene un arma!

En el cine y las series de TV estadounidenses se da con gran frecuencia las situaciones en las que se da una alarma que obliga a todos los personajes, menos a quien huye de algo, a tirarse al suelo. Esa frase es del tipo: “Tiene un arma“. Esta frase cumple una misión muy clara, dar la alarma a los ciudadanos. Pero en la realidad existen más de 310 millones de armas en poder de los civiles en Estados Unidos, es decir, salen a un promedio de un arma por cabeza, por lo que la frase “¡Tiene un arma!” difícilmente podría desatar una alarma en la vida real porque, estadísticamente, los ciudadanos podrían no saber a quién de entre ellos se refiere la frase. Por comparación con otras sociedades a las que en las series se considera más salvajes, es justo decir que el 50% de las armas “civiles” de todo el mundo están en poder de civiles estadounidenses.

Soy judío

En no pocas series de TV se hacen incontables referencias a la cultura del pueblo judío: sus fechas señaladas, sus fiestas religiosas, sus costumbres, sus creencias…, sin embargo, la población de origen judío en aquel país no alcanza ni el 2% El contraste entre original y el reflejo que persigue estereotipar un tipo social, tal vez se deba a que el porcentaje de judíos o intereses judíos entre los creadores, promotores o difusores de las series de TV sea abrumadoramente superior. Otras culturas con mucha mayor presencia en ese país, como por ejemplo las de origen latinoamericano, no tienen apenas protagonismo en las series, y cuando lo tienen es casi siempre con los mismos fines: homogeneizar y ridiculizar (casi todos tienen acento colombiano o mexicano), banalizar (casi todos son personajes sin importancia, como si fueran un mal inevitable en la sociedad estadounidense), marginar y criminalizar (casi todos son personajes traicioneros, camellos, ladrones, sicarios o delincuentes en general). Curiosamente algunos de estos personajes de origen latino son vehículo de ridiculización de una excesiva religiosidad, algo que no ocurre, de ninguna manera, en el trato de los estereotipos culturales judíos o de los propios estadounidenses, tan sujetos a la estricta moral cristiana.

La Biblia como atenuante.

En el tema de la religión existen multitud de esterotipos mostrados en estos escaparates televisivos, pero uno de los más llamativos es la asociación, inalterable asociación, entre la Biblia y la bondad. Si un personaje tiene la costumbre de leer la Biblia, ya podemos dar por sentado que ese personaje es bueno, o lo quiere ser o lo que hizo o hará será más o menos disculpable porque… lee la Biblia. En la realidad no faltan, de hecho abundan, los casos en que los delincuentes guardan, como quien dice, su arma junto a su Biblia, o en que los culpables esgrimen la propia Biblia sino como arma, sí como argumento, o incluso como defensa o salvaconducto para sus actos. Hay que recordar también que Estados Unidos es un país en el que proliferan las asociaciones de víctimas de curas pederastas, es decir, víctimas de gente que lee la Biblia.

En defensa de lo mediocre.

En muchas series se reclama con fuerza inusitada la figura del mediocre popular en detrimento del genio impopular. Ser un genio está mal visto, porque supone destacar por encima del resto; y ser mediocre es, vienen a decir, confundirse con los demás, lo que es una forma muy poco sutil de llamar mediocre al público en general. Claro que si ese público no se da cuenta de esto, puede ser que la forma de llamarles mediocres no sea tan burda, o que el adjetivo, después de todo, no sean tan inmerecido.

Millonario, sí, pero sufridor o Ser rico no es tan buena idea.

Es ciertamente frecuente mostrar en este tipo de productos audiovisuales la figura de una persona adinerada a la que, a pesar de ello, no le van muy bien las cosas. Sufre con la vida, en una especie de justicia, no ya divina, sino televisiva. Los guiones suelen hacer pasar a los millonarios por duras pruebas de superación en la vida, quizás para pagar por sus pecados, entre los que nunca se encuentran aquellos gracias a los que tal vez acumulara su fortuna. De esta burda manera deben pretender que la gente sencilla no sueñe con ser millonaria algún día, no vaya a ser que sean “tan desgraciados” como los millonarios que presentan y que no pasan de ser “estereotipos televisivos”. Porque, si tan poco interesante resulta ser millonario, ¿porque no lo dejan?

¿Sanidad universal?, no somos tan humanos

Existen no pocas series de médicos en la oferta televisiva que llega de Estados Unidos. Con tintes más o menos románticos, o de comedia o hasta de tragedia, pasando por el drama, a través de cualquiera de estas series con este transfondo hospitalario es posible encontrar el estereotipo de la sanidad privada, de la sanidad para ricos; una sanidad de la que es privada la persona que no tiene recursos económicos suficientes. Esta es una realidad inhumana en Estados Unidos, donde una operación relativamente sencilla puede suponer una factura de decenas de miles de dólares, y contrasta de forma muy llamativa con la humanidad que demuestra el personaje de turno que se encarga de que la persona sin recursos sea intervenida a pesar de su pobreza. Es decir, de una parte la idea de una sanidad para ricos y de otra la humanidad que demuestra el personal sanitario que opera a un pobre a pesar de que lo es. En este caso concreto, el estereotipo no se queda en estereotipo televisivo, ya que esta realidad es mostrada de forma muy similar a como sucede en la realidad.

El tabú del sexo.

No quería terminar esta exposición sin abordar, aunque sea más brevemente de lo que merece, el estereotipo del concepto de tabú sexual. En las series de TV estadounidenses se trata el asunto del sexo de muchas formas poco recomendables para una vida sana: lo tratan con miedo, con asco, con un represor pudor religioso…, haciendo de ello un asunto sobre el que los espectadores prestan una atención especial, cuando el sexo es, o debería ser, una de las cosas más normales en la vida de una persona. Tal vez, este tabú sea algo que trasciende el estereotipo televisivo y forme parte de una sociedad que necesita dosis industriales de todas esas libertades personales que dice atesorar.

No olvides que te falta una pierna

Vikingos, no olvidéis que os falta una pierna

Viendo algunas películas y algunas series de TV, uno se pregunta aterrado cómo serán los guionistas que no consiguieron el empleo. No es difícil escuchar diálogos donde no faltan frases que se balancean entre lo absurdo y lo estúpido. Las más extremas de estas frases, una vez procesadas por el espectador, hacen entrar a éste en una dimensión diferente a la pretendida por el guionista con su diálogo, diferente incluso a aquella en la que se encuentra el propio guionista, hacen entrar al espectador en la dimensión de la gente normal, que habla normal y que se da cuenta de cuando menosprecian su inteligencia.

Guionistas de la serie Vikingos, no olvidéis que os falta una pierna
Guionistas de la serie Vikingos, no olvidéis que os falta una pierna

Son frases del estilo “no olvides que no sabes nadar“, que le dice uno de los protagonistas a otro (que no sabe nadar), previniéndole de los riesgos de hacer cabriolas y tonterías al borde del agua. De todas las formas que hay, y hay unas cuantas, para decirlo, esa es quizás una de las más estúpidas e irreales que cabe imaginar. Evidentemente, quien no sabe nadar es muy consciente de ello y el agua le infunde como mínimo respeto, cuando no miedo. Esa frase hace pasar por estúpido al que la dice y por más estúpido al que la escucha y no le llama la atención. Una alternativa más que decente y solvente, habría sido que el protagonista se lo dijera a otros personajes “cuidad de él, que no sabe nadar“, o incluso cuando en la escena solo estén el protagonista y el que no sabe nadar, una solución más plausible habría sido “es que ¿ya has aprendido a nadar?”, o “a menos que hayas aprendido a nadar, será mejor que te apartes del agua“. Ya sabemos que el guionista tenía el objetivo de hacer saber al espectador que el otro personaje no sabe nadar y que hay cierto riesgo y que espera generar con ello cierta tensión y bla, bla, bla…, pero un poco de atención en los detalles no vendría nada mal.

Ejemplo de frase estúpida: “Vikingos, no olvidéis que os falta una pierna”

Esta frase en concreto, se puede escuchar en el segundo episodio de la serie recién estrenada Vikingos. En la que, por cierto, el personaje que no sabe nadar es fabricante de barcos, pero esta circunstancia es algo cuyo fuste que se verá más adelante, o eso cabe esperar.

En general, casi sin excepción, no es buena idea este tipo de soluciones en los diálogos, ya que suponen una falta de respeto al espectador. Es cierto que la presión del trabajo puede llegar a ser brutal, pero un buen profesional debe estar por encima de eso. Cuesta el mismo trabajo hilar una frase decente que una frase indecente. Para lo que en ocasiones se necesita tiempo (y algo más) es para darse cuenta de que la frase es indecente.

En resumen, una frase así queda tan mal por incongruente como poner en boca de uno de los guionistas de la serie Vikingos, no olvidéis que os falta una pierna, cuando avise a los otros guionistas (a quienes les falta una pierna) de que no es buena idea escribir diálogos tan malos por si hay que salir a la carrera huyendo de los espectadores enfurecidos.

Por lo demás, es justo y obligado decir que la serie Vikingos es bastante atractiva, al menos por el momento.

Vikingos, no olvidéis que os falta una pierna

Víctor J. Sanz