El lector protector

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El lector protectorEn el último post hablé de una técnica narrativa que tendría por objetivo causar en el lector/espectador la sensación de dependencia de un personaje para posteriormente suprimirlo de la historia de forma, digamos, violenta; lo que generaría en el lector/espectador una sed de venganza que lo mantendría pegado al libro o a la TV en el caso de las series hasta ver cumplida y satisfecha tal venganza. Llamé a esta técnica “El lector huérfano“.

Hoy quiero hablar de otra técnica similar cuya finalidad sería la de despertar en el lector/espectador un sentimiento maternal, un instinto de protección para con, especialmente, el protagonista principal.

Ejemplos muy conocidos de una utilización exitosa de esta técnica es (no podía faltar) Breaking Bad; o The following, serie a la que ya dediqué una despedida recientemente y en la que el protagonista se convierte en el protegido virtual del espectador debido a su dolencia cardiaca; o la deliciosa Monk, donde las manías que sufre el protagonista nos hace sentir debilidad por él.

El lector protectorPero la finalidad de esta técnica del lector protector no es únicamente la de despertar ese instinto de protección en el destinatario de la historia, sino que también resulta de gran utilidad para dar al personaje protagonista sólidos argumentos que justifiquen casi cualquier cosa que se le ocurra decir o hacer o, mejor dicho, casi cualquier cosa que el guión de la historia pudiera necesitar poner en manos o boca del personaje protagonista.

Hay otro aspecto importante y que no quiero dejar de apuntar. Comprobad que la enfermedad o debilidad que aqueja al protagonista tiene una dimensión, una entidad y una trascendencia del mismo calibre que aquello a lo que servirá de justificación. De otro modo se rompería ese delicado equilibrio que necesita toda historia para circule entre lo interesante y lo aburrido.

© Víctor J. Sanz

Esas escenas que no

Esas escenas que no tienen nada que ver con el resto de la historia

Esas escenas que no tienen nada que ver con el resto de la historia.

Esas escenas que "no" tienen nada que ver con el resto de la historia
Pánico en el túnel (1996), es un buen ejemplo de esas historias que comienzan con escenas aparentemente inconexas.

¿Por qué algunas películas empiezan con una escena que  (aparentemente) no tiene nada que ver con el resto de la historia?

Estas escenas iniciales, aparentemente inconexas con el resto de la historia a la que dan comienzo, sirven a muchos y variados propósitos; aunque todos unidos por un hilo común.

En unas historias resultan más evidentes que en otras. Más evidentes y más eficientes también. Un buen ejemplo de evidencia y de eficiencia son las escenas que dan comienzo a la historia que narra la película DayLight (Pánico en el túnel). La historia narra un desastre que tiene lugar en la ciudad de Nueva York, donde tienen lugar casi todos los desastres. Sendas explosiones cierran los dos extremos de un túnel para el tráfico subterráneo de la ciudad. Gran número de coches se ven involucrados y explosiones, incendios e inundaciones producen numerosas víctimas. Un reducido grupo de personas consigue sobrevivir a todo ello y juntas buscan una salida del túnel sorteando distintos peligros. Bien, todas estas personas son presentadas en las primeras escenas iniciales de la película. Cada uno de los protagonistas supervivientes a la primera fase de la película.

Muchas historias dan comienzo con escenas que, aparentemente no tienen nada que ver con el resto de la historia, veamos cómo esto es solo en apariencia.

Las primeras escenas nos presentan a los personas protagonistas en lo que Vogler describe como su “mundo ordinario”, las circunstancias normales en las que habitualmente se desenvuelven. Esto que resulta aparentemente intrascendente resulta de vital importancia, no necesariamente para el desarrollo de la historia, pero sí sin lugar a dudas para la comprensión de los personajes y las sucesivas transformaciones que operan en ellos los distintos acontecimientos a los que se van a enfrentar.

Ese “mundo ordinario” inicial nos muestra a cada personaje como un todo que, con el desarrollo de la acción, se verá transformado en nuevos “todos” totalmente distintos a los “todos” iniciales. Sin ese punto de partida, sin ese punto de referencia de las escenas iniciales, resulta de todo punto imposible comparar, calibrar, asimilar y juzgar la evolución que sufrirán los personajes con el desarrollo de la acción subsiguiente.

¿Cuánto tiempo hace falta dedicar a la presentación del “mundo ordinario”?

Para presentar al lector/espectador un “mundo ordinario” no es necesario, como creen algunos autores, derrochar ni muchos medios, ni mucho tiempo; medios y tiempo que, por otra parte, le estaremos restando al resto de la historia. Con tan solo mostrar al personaje durante apenas dos minutos de película o durante un par de páginas de novela, en su “mundo ordinario” puede ser suficiente para hacernos una idea. Ver al protagonista moverse en su hábitat natural, verle hablar e interactuar con los personajes de su “mundo ordinario” durante apenas unos segundos puede ser más que suficiente para trazar en la mente del lector/espectador una imagen psíquica lo bastante sólida como para servir de punto de referencia a posteriores evoluciones y transformaciones. Si un personaje de su mundo le sonríe abiertamente, puede no significar nada, pero si hacemos que sean dos los personajes que le sonríen, estaremos presentando a una “buena persona” en potencia, a una persona jovial, alegre, una persona querida en su comunidad. No es una regla matemática, desde luego, pero distintas pruebas en este sentido pueden ayudar al autor a determinar cuál es la mejor fórmula de presentación del “mundo ordinario” de sus personajes protagonistas. Podremos configurar ante el lector personajes respetados, temidos, de carácter fuerte o pusilánimes, confiable, honrado, mentiroso, voluble… Es especialmente interesante profundizar en los aspectos en los que el protagonista pueda llegar a experimentar transformaciones más profundas. 

El uso del flashback para presentar el “mundo ordinario”

Tanto en una película como en una novela es perfectamente válido el uso del flashback para presentar al protagonista en su “mundo ordinario”, pero es una técnica muy delicada y de difícil aplicación, ya que sus probabilidades de éxito dependen en gran medida de la oportunidad y la idoneidad del tema y del argumento en el que se va a usar, así como del punto de la vida del protagonista en el que arranca la historia. Si vamos a narrar la historia de un protagonista que se encuentra en una situación especial y de cómo ha llegado hasta ella, por ejemplo, un condenado a muerte, el día de su ejecución, hay que tener en cuenta que lo primero que el lector conocerá del personaje es lo que identificará como su “mundo ordinario”, y el amanecer del día en el que a uno lo van a ejecutar es de todo menos ordinario.

Esas escenas que no tienen nada que ver con el resto de la historia

Víctor J. Sanz