Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que hace

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que haceLa descripción de las acciones de nuestro personaje nos permiten presentar su cara más sincera, esa que no puede desdecirse, esa que lo retrata por dentro.

Si la descripción es fiel al personaje y a sus acciones, se constituirá en una potente herramienta narrativa. Pero esa potencia ha de ser controlada para que no se vuelva en contra del relato. Cada pequeño detalle que describamos de las acciones de nuestros personajes alimentará la imagen que de él se forme el lector en su mente, por lo que se debe supervisar muy detenidamente qué materiales queremos ofrecerle al lector para que elabore esa imagen.

Cada acción descrita tiene que tener no solo un origen y un destino lógico y natural dentro del convenio establecio con el lector para cada relato, sino que además sería bueno que tuviera un significado específico en la misma dirección que pretendemos imprimir al relato en cuestión. Por lo general, los escritores no se entretienen en describir acciones cotidianas o vacías de sus personajes, sino más bien al contrario. Como escritores deberemos esperar que el lector se pregunte si la acción que le describimos obedece o conduce a la razón o hilo principal de la historia y, en caso de no ser así, si lo consideramos un material importante (tanto como para detenernos sobre él) para que el lector complete el perfil psicológico del personaje. Si no cumple uno de esos dos objetivos, deberemos reconsiderar muy seriamente la inclusión de dicha descripción en la versión final de nuestro relato.

Un aspecto importante a tener en cuenta es la interacción que supongan las acciones descritas con los demás personajes, pues la descripción de unos y otros no será en absoluto independiente, sino todo lo contrario: interdependiente. De esta forma, cuando describimos a un personaje con un perfil psicológico fácilmente identificable para el lector, todo lo que interactúe con él será medido desde ese mismo perfil psicológico. Es decir, si tenemos por ejemplo a un personaje metódico, ordenado, pulcro, sus características nos servirán de termómetro para medir esos mismos valores en los demás personajes. En la siguiente vuelta de tuerca tendremos la reacción que de cada uno de ellos quepa esperar y que vendrá a completar, a su vez, su perfil psicológico.

Cuando el personaje ha tomado en la mente del escritor suficiente entidad e identidad, sus acciones (conocidas o por conocer) probablemente irán saliendo de los dedos del escritor con la impronta que le hemos concedido al personaje en nuestra imaginación, por lo que sí o sí, contribuirán a definirle psicológicamente. Por añadidura, si la trama en la que vivirá ese personaje lo acoge y lo integra plenamente, podemos estar seguros de que las acciones en que los describamos cumplirán al menos uno de los dos objetivos, cuando no los dos: aportar información psicológica del personaje y contribuir a la corriente que llevará al lector durante el viaje del relato hasta su conclusión.

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© Víctor J. Sanz

Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensa

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensaContinuamos con la serie de artículos dedicados a las distintas formas que tiene un escritor de presentar a sus personajes ante sus lectores. Hoy trataremos la presentación del personaje por lo que piensa.

En la novela es ciertamente asequible recurrir al pensamiento del personaje que queremos presentar, siempre, claro está, que lo hagamos desde un narrador omnisciente o desde un narrador en primera persona y que esta sea el propio personaje.

Las líneas de pensamiento del personaje, al igual que ocurre con sus diálogos, determinarán la imagen que de él se vaya formando el lector. Pero a diferencia de los diálogos, la expresión escrita de sus pensamientos nos permite manejar con mayor flexibilidad aquello que acontece en el relato, pero sobre todo, nos permite manejar con mayor flexibilidad las expresión de las relaciones del personaje con los demás pesonajes. Dejar entrar al lector en la mente de nuestro personaje mediante esta expresión de sus pensamientos, lo desnuda frente a él, pero también establece con él lazos muy íntimos que pueden convertirse en sólidos puentes de complicidad en los momentos más delicados del relato.

Mostrar el pensamiento de un personaje es posicionarlo frente al lector, pero también es enviar un sutil mensaje al lector buscando empatizar con esa parte de él que piensa de un modo similar al personaje.

Sin descuidar la debida coherencia que contribuirá a la construcción de un personajes sólido, la exploración y exposición de sus pensamiento nos permite realizar eventuales incursiones en terrenos tan poco estables como el de las hipótesis, el de las elucubraciones, el de las fantasías y, en realidad, el de cualquier otra forma de divergencia de la realidad en la que vive el personaje. A su vez, cualquiera de esas incursiones en terrenos tan resbaladizos pueden formar un conjunto descriptivo de nuestro personaje extremadamente potente, por lo que es recomendable no transitar durante demasiado tiempo por esos caminos, no más al menos de lo que lo hacemos las personas reales, de modo que en dichas incursiones podamos encontrar unos cuantos adeptos más para nuestro personaje entre los lectores.

Muy propio de la técnica de mostrar el pensamiento de nuestro personaje es establecer un juego por diferencias con respecto de su propio diálogo. Todas aquellas divergencias -pequeñas o grandes- que podamos establecer entre los diálogos y los pensamientos del mismo personaje, no serán sino apuestas ganadoras, cuya recompensa será una cosecha de simpatías y filias en el lector, incluso aquellas que este se negaría a reconocer en público, siendo esas precisamente las de mayor valor y firmeza.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que dice

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que diceContinuamos la serie de artículos dedicados a las distintas formas que un escritor tiene de presentar a los personajes de su novela, con esta segunda entrega: lo que dice.

Esta es una de las formas aparentemente más fáciles de presentar a nuestros personajes. Es fácil solo en apariencia, y no porque sea difícil trazar un diálogo apropiado para el personaje en cuestión, sino precisamente porque es relativamente sencillo hacerlo y mostrar con ello detalles de nuestro personaje de los que no debemos desentendernos.

Prácticamente cada palabra que pongamos en boca de nuestro personaje llevará de alguna manera los genes de la personalidad que le imprimamos. Su forma de referirse a algo en concreto, su forma de dirigirse a los demás personajes o su forma de pedir o preguntar las cosas a los desconocidos pueden llevar consigo un buen número de detalles acerca de la personalidad del personaje.

Correrá de nuestra cuenta vigilar el tono y el vocabulario empleado por el personaje, para que contribuya a su descripción y no a distraer la atención del lector en asuntos menos importantes que el propio personaje y que el relato en sí.

Antes de lanzarnos a la redacción de nuestra novela haremos bien en estudiar a fondo el personaje -todos los personajes principales- que vamos a desarrollar, para asignarle un tono y un vocabulario específico e inequívocamente identificativo, que deberá certificarse a lo largo de toda la obra, excepción hecha, naturalmente, de aquellos casos en que los personajes experimenten cambios sustanciales que deban reflejarse en sus diálogos, así como en otros aspectos de su viaje por la novela.

Por lo que se refiere al verbo de nuestro personaje, a mayor cantidad de diálogo más luz arrojaremos sobre su trasfondo psicológico, por lo que es importante medir este factor para evitar deslumbrar al lector, pero también para evitar dejarle a oscuras.

Es importante señalar que, sea cual sea el desarrollo que tengamos previsto para nuestro personaje, así como la carga de diálogos de los cuáles le haremos protagonista, su primera intervención frente al lector marcará, y no poco, la idea que de él y su personalidad se vaya haciendo. Esto nos obligará a tratar con la máxima atención sus primeras intervenciones dialogadas para enfocarlas a la posición que resulte de mayor interés y conveniencia para el conjunto del relato.

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© Víctor J. Sanz