La coherencia en los personajes literarios

La coherencia en los personajes literarios

La coherencia en los personajes literarios

En este blog he publicado unos cuantos artículos sobre personajes. En alguno de ellos menciono, aunque solo de pasada, esta cuestión de la coherencia en los personajes. Los personajes deben sujetarse a la máxima coherencia con respecto de sus personalidades y de su evolución en la obra.

A veces nos enfocamos demasiado enla trama. La vigilamos de cerca por su complejidad, por su intensidad o por la dificultad que presente alcanzar su credibilidad. Esto nos lleva a perder de vista otras cuestiones importantes como, por ejemplo, la coherencia en los personajes de la novela.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que callan

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presentar los personajesHoy traigo una nueva entrega de la serie dedica a las formas de presentar los personajes de la novela ante el lector. Y no solo la presentación propiamente dicha, sino la caracterización y aquello por lo que seguramente los recordará mejor y los seguirá con más interés.

He hecho propuestas para hablar de nuestros personajes al lector por lo que visten, por sus reacciones, por sus gestos, por sus ideas, por lo que hacen, por lo que dicen…, pero vamos a pararnos hoy a ver cómo definir a nuestros personajes por lo que callan, y qué provecho le podemos sacar.

Las acciones descritas y en las que se ve envuelto nuestro personaje definen por sí solas su personalidad, tanto si tiene una reacción a ellas como si aparentemente no la tiene y guarda silencio.Leer más

10 mandamientos del protagonista

Atendiendo varias peticiones, publico nuevamente este artículo, publicado originalmente en diciembre de 2013, y dedicado a las obligaciones de todo protagonista que se precie de serlo. 

10 mandamientos del protagonista

Si los protagonistas de las narraciones de ficción tuvieran conciencia de sí mismos como entes individuales y además rigieran su vida por alguna religión parecida a la católica, estos podrían ser los 10 mandamientos del protagonista:

1.- Amarás tu pasado por encima de todas las cosas. Los personajes literarios deben tener un pasado, compuesto por experiencias y conocimientos, por costumbres y manías, por odios y amores…; y lo amarás por encima de todas las cosas ya que sobre él habrás de edificar tu presente y tu futuro en el relato. 

2.- No utilizarás nombres rimbombantes en vano. No tendrás un nombre tan rimbombante como para que sea lo único que, al final, el lector recuerde de la narración; a menos, claro está, que ese nombre venga motivado por algo absolutamente imprescindible y sea inherente a la historia.

3.- Santificarás lo extraordinario. Los personajes vulgares, corrientes, comunes, carecen de atractivo e interés. Por ejemplo, un oficinista, un gris oficinista, no podrá ser nunca un buen protagonista a menos que lo sea por otro motivo distinto al de su profesión. Pongamos por caso, que le acontezca un suceso singular, único, extraordinario; o que desarrolle (o se descubra) un extraño y maravilloso superpoder. En tal caso, el gris oficinista no será protagonista de la narración por su condición de oficinista, sino por ese suceso singular que le ocurre o presencia o por ese superpoder extraño y maravilloso que desarrolla y, un buen día, se descubre. En consecuencia, serás extraordinario en algo, destacarás en alguna faceta, aunque esta sea la obtención de sangre humana por métodos ilegales y fatales. 
10 mandamientos del protagonista

4.- Honrarás tu lengua. Te ceñirás a tu forma habitual de hablar, no utilizarás expresiones impropias de tu condición e identidad. No utilizarás expresiones chirriantes en tu idioma materno y no utilizarás términos que ni siquiera tú entiendes.

5.- No morirás. No morirás en presencia del lector. Incluso aquellos protagonistas que vayan a ser ajusticiados, o que sean suicidas, morirán después de la palabra FIN. Permanecerás vivo en la memoria del lector, que te recordará así eternamente.

6.- No cometerás actos impropios. De forma valiente o cobarde, inteligente o estúpida, esperanzada o abatida, no importa el cómo, pero te enfrentarás con todas las consecuencias a las barreras que te ponga delante tu autor. Debes comprender que ése y no otro es el motor de la narración en la que vives, con independencia de si consigues superar los obstáculos o no. No cometas el acto impropio de rehuir tu destino.

7.- No robarás. No robarás ni ocultarás al lector información imprescindible para comprender tu historia.

8.- No tendrás falsos antecedentes. No te mostrarás cambiante, voluble o incoherente con los antecedentes que de ti va conociendo el lector.

9.- No consentirás acciones ni diálogos impropios. Harás en todo momento lo único que te quepa hacer, porque una sola es la acción y una sola es la palabra óptima que corresponde a cada momento. Analizarás todas las opciones, todas las posibilidades, y actuarás o hablarás, en consecuencia, de esa única manera propia de ti. No harás ninguna cosa que tú mismo no harías en tu misma circunstancia.

10.- No codiciarás los rasgos ajenos. No caerás en la tentación de imitar los gestos o comportamientos del resto de personajes, porque confundirás al lector. Te abstendrás de utilizar sus mismos ademanes de la misma manera, sus mismas reacciones del mismo modo y sus mismas palabras con la misma entonación.

Siguiendo estos sencillos mandamientos, es probable que el protagonista esté más cerca de llegar a convertirse en un gran e inolvidable protagonista.

10 mandamientos del protagonista

© Víctor J. Sanz

Cinco cosas que no les permitiría a mis personajes

Cinco cosas que no les permitiría a mis personajesCuando un escritor está en pleno desarrollo de un relato, y especialmente si es largo, es bueno que se pregunte si sus personajes se están comportando como auténticos personajes inolvidables o si, por el contrario, se están comportando como unos auténticos estúpidos por quienes el lector no va a sentir ni el más mínimo aprecio ni el más mínimo odio.

A continuación, una lista de cinco cosas que yo no les permitiría a mis personajes:

  1. Que llevaran a cabo acciones sin una justificación adecuada, por más que esa justificación no esté a la vista del lector en el momento de llevarla a cabo. Toda acción tiene que tener su justificación, nadie hace nada porque sí, para todo existe una razón. Incluso una razón estúpida es mejor que ninguna razón.
  2. Que hablaran con un vocabulario mezcla de un lenguaje académico exquisito y jerga poligonera, por poner solo un ejemplo. Cada personaje tiene su forma particular de hablar, pero por el bien de la narración y por el bien del lector, es mejor tender a cierta coherencia en el vocabulario utilizado por los personajes.
  3. Que sacaran de un bolsillo cosas que no metieron antes ahí. Si el personaje va a necesitar un determinado objeto, artículo, herramienta o lo que quiera que sea, es conveniente que tenga justificación y lógica que lo lleve encima cuando lo vaya a necesitar.
  4. Que cuando hablasen con otros personajes les dieran pelos y señales de lo que han hecho o de lo que van a hacer solo para que el lector se entere. Y desde luego nunca permitiría que el personaje oyente fuera alguien que, por su posición, ya conociera lo que se le dice, o que el personaje que habla no tuviera ninguna razón (ni siquiera una estúpida) para contárselo.
  5. Que se convirtiera en portavoz del lector, y no solo hablando por él, sino haciéndolo mediante afirmaciones inamovibles e innegociables, con las que el lector se quedaría fuera de juego y probablemente se viera obligado a cambiar de lectura.

Si tus personajes presentan alguno de estos rasgos, te recomiendo que revises a fondo los pasajes donde han metido la pata y tomes el mando de tu narración.

O, si lo prefieres, sigue uno de los talleres de personajes que imparto en la Escuela de Formación de Escritores.

Cinco cosas que no les permitiría a mis personajes

© Víctor J. Sanz

Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que prioriza

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presentar los personajes de tu novela: Lo que priorizaHasta ahora, en esta serie, hemos hablado de distintas formas de presentar los personajes de una novela: por lo que lleva, por lo que dice, por lo que piensa, por lo que hace, por lo que le gusta y por lo que le rodea, hoy hablaremos de dejar que nuestros lectores aprendan sobre nuestros personajes por aquello que estos priorizan.

Dar prioridad a una cosa sobre otra lleva implícita una decisión y toda decisión, más allá de la interpretación superficial, supone la exposición de algo que, en muchas ocasiones, puede ser de vital importancia para una persona o, lo que es lo mismo, para un personaje.

Cuando tomamos una decisión estamos poniendo en marcha un proceso de selección artificial, en el que de alguna manera concedemos nuestra representación a la opción elegida. Dicho de otra manera, somos aquello que elegimos; nuestros personajes son aquello que eligen, aquello que anteponen a otras opciones igualmente posibles y de una dimensión comparable. Pocas cosas definen tanto y tan profundo a un personaje como ponerlo a tomar una decisión entre dos opciones excluyentes: una altruista y otra egoísta, incluso aunque el elemento objeto de la decisión no sea algo de suma trascendencia.

Porque incluso aquellas decisiones que afectan a elementos aparentemente intranscendentes, incluso las decisiones más nimias y cotidianas, pueden decir mucho a nuestros lectores acerca de nuestros personajes. Desde la elección del color de la ropa que compran o visten, hasta la elección de cierto tipo de bebida en lugar de otras, también puede contener mucha y valiosa información psicológica con la que formar su perfil.

La posibilidad de priorizar, entendida en el plano más personal, pues de eso hablamos, se hace especialmente visible en el tiempo libre y en la utilización de los recursos disponibles. Desde la decisión misma de a qué se dedica ese tiempo libre en detrimento de otras actividades, hasta la forma de ejecutar esa decisión.

Un ejemplo ilustrará esta idea. Hablando de tiempo libre…, imaginemos un personaje que está privado de su libertad: un preso, un esclavo… Aquello que se ve obligado a hacer, es decir, allí donde no tiene libertad de elección, poco puede aportar a su perfil psicológico, excepción hecha de la rebeldía o la mansedumbre con que asuma tal circunsancia. De esta manera, y en lo que a las prioridades se refiere, la mejor manera de presentar a este tipo de personajes no es otra que la de mostrarle tomando decisiones que comprometen y descubre su personalidad. Ejemplos de ello serían: delatar o no a un compañero que planea una fuga; o compartir o no su comida con un compañero que ha sido castigado sin ella.

Así pues tenemos que, para poder explotar en toda su dimensión esta forma de presentar los personajes de una novela, es preciso que se den simultáneamente dos opciones excluyentes y de magnitudes comparables, de forma que la decisión lleve implícito el sacrificio que supone, pues cuanto mayor sea este más presión hará en el carboncillo con el que trazamos el perfil psicológico de nuestro personaje.

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© Víctor J. Sanz

Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que les rodea

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presentar los personajes de tu novela: Lo que les rodeaContinuamos la serie de artículos dedicados a la presentación de los personajes de una novela con una nueva entrega en la que veremos la forma de presentarlos según lo que les rodea.

Hasta ahora hemos visto distintas formas de ir ofreciendo pinceladas de nuestros personajes al lector mediante distintos rasgos detectables o atribuibles a su persona. Hoy veremos cómo se puede contribuir de forma determinante a la definición de un personaje con la simple descripción de los objetos que le rodean.

Estaremos dando al lector una inmensa cantidad de información si le mostramos a nuestro personaje rodeado, por poner un ejemplo, de antigüedades. Ellas hablarán de sus aficiones, sus gustos, su cultura, sus conocimientos, pero también transmitirán información relacionada con su posición económica o con sus relaciones sociales o sus círculos de amistades.

Pero no siempre dispondremos elementos tan descriptivos en el entorno de nuestros personajes. Cuando manejamos personajes más convencionales que el del ejemplo anterior en sus gustos, aficiones, pasiones o tendencias, serán lógicamente los elementos más convencionales y cotidianos los que contribuyan a su mejor definición ante el lector. Imaginemos un personaje cuyo rasgo de personalidad más destacado, al menos a simple vista, es que es muy detallista o perfeccionista, bien, una buena forma de que su entorno inmediato hable de él mostrando ese rasgo es la de incluir en su entorno elementos tan sencillos como una maqueta formada con cientos de pequeñas piezas.

Circunstancias añadidas como la disposición o la limpieza o la ubicación en un lugar especial de determinados objetos servirán al propósito de la presentación del personaje. ¿No es acaso un elemento descriptivo de primer orden un urna funeraria de un familiar directo ocupando el lugar que muy bien podría ocupar una televisión?

Pero puede ser que el lector no preste atención exclusivamente a lo que rodea al personaje, sino que hay circunstancias en que puede importar mucho más lo que no está. Veamos un ejemplo. Imaginemos un personaje que ostenta una total y absoluta falta de gusto; esto se podrá mostrar mediante una descuidada decoración o una disonancia exagerada de colores, formas, tamaños o funciones de los objetos de los que se rodea. Del mismo modo, estaremos contribuyendo a formar una imagen potente de nuestro personaje en la mente del lector si lo describimos utilizando una máquina de escribir en lugar de un ordenador.

Cuando el elemento o los elementos de que se rodea son el resultado de una elección entonces estaremos ante un indicador claro de algún rasgo de la personalidad de nuestro personaje.

Obviamente, de la interactuación de nuestro personaje con aquello que lo rodea, también extraerá valiosa información el lector, por lo que es preciso mimar esta parte de las descripciones. De nada valdrá trabajar duro en la construcción de un escenario apropiado a nuestro personaje y propicio a los fines generales de la obra, si después no le hacemos interactuar con su entorno más inmediato de la manera más efectiva y descriptiva posible.

Es un ejercicio muy conveniente para trabajar la presentación de determinados rasgos de nuestros personajes mediante su entorno, convertirnos en una especie de investigador privado que pudiera observarlos durante un día completo y analizar cada detalle de lo que está y de lo que no está. Descubrir que nuestro personaje convive con elementos que no son de su agrado o cómo se habitua a carecer de otros que le son necesarios puede resultar determinante para encontrar aquellas expresiones que mejor lo definan ante el lector.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que le gusta

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Hasta ahora hemos visto cómo presentar a los personajes de una novela a través de lo que lleva, de lo que dice, de lo que piensa y de lo que hace. Hoy vamos a hablar de cómo se presentar a los personajes de una novela por lo que les gusta, o lo que les disgusta.

presentar los personajes de tu novela: Lo que les gustaCuando hablamos de lo que le gusta o disgusta a una persona estamos, sin duda, definiéndola. Estamos remarcando el contraste que resulta de medirla con un determinado termómetro. De una afirmación sobre gustos y disgustos resulta siempre un posicionamiento del personaje con respecto de un baremo susceptible de ser manejado con soltura por el lector.

Es cierto que la definición de los personajes a través de aquello que les gusta o disgusta puede ser muy relativa, pero precisamente ahí radica el mayor interés de esta forma de presentación.

Si preguntamos a nuestro personaje por sus gustos con respecto de una referencia absoluta, en caso de estas existan, la medida que nos dará será, con ligeras variaciones, muy similar en todos los lectores. Por lo tanto, será la medida tomada sobre una referencia relativa la que mejor pueda definir a nuestro personaje.

Aún se puede ir más allá cuando enfrentamos a nuestro personaje a la pregunta sobre el gusto por otros personajes del mismo relato. En este caso, la referencia no solo será relativa, sino que además será lo que podríamos llamar, móvil, ya que además de no provocar una adhesión o una animadversión uniforme en todos los lectores, esta visión puede variar a lo largo del desarrollo de la narración.

Ejemplo 1. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia (casi) absoluta o universal como los niños son adorables o el naranja es un color alegre. Si nuestro personaje comparte ese sentimiento casi absoluto sobre los niños o sobre lo alegre del color naranja no estaremos presentando ningún rasgo característico de nuestro personaje. Si, por el contrario, nuestro personaje no participa de ideas tan generalizadas, entonces sí estaremos dando a nuestros lectores datos relevantes y además muy interesantes sobre nuestro personaje.

Ejemplo 2. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia relativa como por ejemplo: los viajes. Tanto si a nuestro personaje le gusta viajar como si le disgusta hacerlo, le estaremos dando al lector un dato significativo sobre su personalidad. Cada lector tendrá su propio gusto al respecto y lo más probable es que, con base en ese gusto, a su propio baremo sobre el particular, comience a perfilar en su mente a nuestro personaje.

Ejemplo 3. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia relativa y además móvil como es uno de los elementos, por lo común un personaje, del mismo relato. Dado que los personajes son, deben ser, elementos con vida propia, la cual desarrollan a lo largo de la narración, la comparación entre los distintos personajes nos permitirá transmitir datos sobre ellos al lector que le permitirán hacerse una imagen lo bastante completa como para formarse una opinión y, probablemente tomar partido por unos o por otros.

Utiliza los gustos de tus personajes para dárselos a conocer al lector de una forma indirecta y compleja.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que hace

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que haceLa descripción de las acciones de nuestro personaje nos permiten presentar su cara más sincera, esa que no puede desdecirse, esa que lo retrata por dentro.

Si la descripción es fiel al personaje y a sus acciones, se constituirá en una potente herramienta narrativa. Pero esa potencia ha de ser controlada para que no se vuelva en contra del relato. Cada pequeño detalle que describamos de las acciones de nuestros personajes alimentará la imagen que de él se forme el lector en su mente, por lo que se debe supervisar muy detenidamente qué materiales queremos ofrecerle al lector para que elabore esa imagen.

Cada acción descrita tiene que tener no solo un origen y un destino lógico y natural dentro del convenio establecio con el lector para cada relato, sino que además sería bueno que tuviera un significado específico en la misma dirección que pretendemos imprimir al relato en cuestión. Por lo general, los escritores no se entretienen en describir acciones cotidianas o vacías de sus personajes, sino más bien al contrario. Como escritores deberemos esperar que el lector se pregunte si la acción que le describimos obedece o conduce a la razón o hilo principal de la historia y, en caso de no ser así, si lo consideramos un material importante (tanto como para detenernos sobre él) para que el lector complete el perfil psicológico del personaje. Si no cumple uno de esos dos objetivos, deberemos reconsiderar muy seriamente la inclusión de dicha descripción en la versión final de nuestro relato.

Un aspecto importante a tener en cuenta es la interacción que supongan las acciones descritas con los demás personajes, pues la descripción de unos y otros no será en absoluto independiente, sino todo lo contrario: interdependiente. De esta forma, cuando describimos a un personaje con un perfil psicológico fácilmente identificable para el lector, todo lo que interactúe con él será medido desde ese mismo perfil psicológico. Es decir, si tenemos por ejemplo a un personaje metódico, ordenado, pulcro, sus características nos servirán de termómetro para medir esos mismos valores en los demás personajes. En la siguiente vuelta de tuerca tendremos la reacción que de cada uno de ellos quepa esperar y que vendrá a completar, a su vez, su perfil psicológico.

Cuando el personaje ha tomado en la mente del escritor suficiente entidad e identidad, sus acciones (conocidas o por conocer) probablemente irán saliendo de los dedos del escritor con la impronta que le hemos concedido al personaje en nuestra imaginación, por lo que sí o sí, contribuirán a definirle psicológicamente. Por añadidura, si la trama en la que vivirá ese personaje lo acoge y lo integra plenamente, podemos estar seguros de que las acciones en que los describamos cumplirán al menos uno de los dos objetivos, cuando no los dos: aportar información psicológica del personaje y contribuir a la corriente que llevará al lector durante el viaje del relato hasta su conclusión.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensa

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensaContinuamos con la serie de artículos dedicados a las distintas formas que tiene un escritor de presentar a sus personajes ante sus lectores. Hoy trataremos la presentación del personaje por lo que piensa.

En la novela es ciertamente asequible recurrir al pensamiento del personaje que queremos presentar, siempre, claro está, que lo hagamos desde un narrador omnisciente o desde un narrador en primera persona y que esta sea el propio personaje.

Las líneas de pensamiento del personaje, al igual que ocurre con sus diálogos, determinarán la imagen que de él se vaya formando el lector. Pero a diferencia de los diálogos, la expresión escrita de sus pensamientos nos permite manejar con mayor flexibilidad aquello que acontece en el relato, pero sobre todo, nos permite manejar con mayor flexibilidad las expresión de las relaciones del personaje con los demás pesonajes. Dejar entrar al lector en la mente de nuestro personaje mediante esta expresión de sus pensamientos, lo desnuda frente a él, pero también establece con él lazos muy íntimos que pueden convertirse en sólidos puentes de complicidad en los momentos más delicados del relato.

Mostrar el pensamiento de un personaje es posicionarlo frente al lector, pero también es enviar un sutil mensaje al lector buscando empatizar con esa parte de él que piensa de un modo similar al personaje.

Sin descuidar la debida coherencia que contribuirá a la construcción de un personajes sólido, la exploración y exposición de sus pensamiento nos permite realizar eventuales incursiones en terrenos tan poco estables como el de las hipótesis, el de las elucubraciones, el de las fantasías y, en realidad, el de cualquier otra forma de divergencia de la realidad en la que vive el personaje. A su vez, cualquiera de esas incursiones en terrenos tan resbaladizos pueden formar un conjunto descriptivo de nuestro personaje extremadamente potente, por lo que es recomendable no transitar durante demasiado tiempo por esos caminos, no más al menos de lo que lo hacemos las personas reales, de modo que en dichas incursiones podamos encontrar unos cuantos adeptos más para nuestro personaje entre los lectores.

Muy propio de la técnica de mostrar el pensamiento de nuestro personaje es establecer un juego por diferencias con respecto de su propio diálogo. Todas aquellas divergencias -pequeñas o grandes- que podamos establecer entre los diálogos y los pensamientos del mismo personaje, no serán sino apuestas ganadoras, cuya recompensa será una cosecha de simpatías y filias en el lector, incluso aquellas que este se negaría a reconocer en público, siendo esas precisamente las de mayor valor y firmeza.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que dice

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que diceContinuamos la serie de artículos dedicados a las distintas formas que un escritor tiene de presentar a los personajes de su novela, con esta segunda entrega: lo que dice.

Esta es una de las formas aparentemente más fáciles de presentar a nuestros personajes. Es fácil solo en apariencia, y no porque sea difícil trazar un diálogo apropiado para el personaje en cuestión, sino precisamente porque es relativamente sencillo hacerlo y mostrar con ello detalles de nuestro personaje de los que no debemos desentendernos.

Prácticamente cada palabra que pongamos en boca de nuestro personaje llevará de alguna manera los genes de la personalidad que le imprimamos. Su forma de referirse a algo en concreto, su forma de dirigirse a los demás personajes o su forma de pedir o preguntar las cosas a los desconocidos pueden llevar consigo un buen número de detalles acerca de la personalidad del personaje.

Correrá de nuestra cuenta vigilar el tono y el vocabulario empleado por el personaje, para que contribuya a su descripción y no a distraer la atención del lector en asuntos menos importantes que el propio personaje y que el relato en sí.

Antes de lanzarnos a la redacción de nuestra novela haremos bien en estudiar a fondo el personaje -todos los personajes principales- que vamos a desarrollar, para asignarle un tono y un vocabulario específico e inequívocamente identificativo, que deberá certificarse a lo largo de toda la obra, excepción hecha, naturalmente, de aquellos casos en que los personajes experimenten cambios sustanciales que deban reflejarse en sus diálogos, así como en otros aspectos de su viaje por la novela.

Por lo que se refiere al verbo de nuestro personaje, a mayor cantidad de diálogo más luz arrojaremos sobre su trasfondo psicológico, por lo que es importante medir este factor para evitar deslumbrar al lector, pero también para evitar dejarle a oscuras.

Es importante señalar que, sea cual sea el desarrollo que tengamos previsto para nuestro personaje, así como la carga de diálogos de los cuáles le haremos protagonista, su primera intervención frente al lector marcará, y no poco, la idea que de él y su personalidad se vaya haciendo. Esto nos obligará a tratar con la máxima atención sus primeras intervenciones dialogadas para enfocarlas a la posición que resulte de mayor interés y conveniencia para el conjunto del relato.

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© Víctor J. Sanz