El escritor debe conocer el pasado de sus personajes literarios

Los personajes literarios tienen un pasado

Durante los trabajos previos a la materialización de una historia en el papel, como decíamos en Concepción y anatomía de un personaje literario, hay escritores que trazan una biografía completa de sus personajes antes de su primera aparición en escena. Esto no es una manía de escritor, sino que es, como mucho, una manía por hacer las cosas bien. Lo mejor que puede hacer un escritor es conocer a sus personajes, y una muy buena forma de hacerlo es conociendo todos los detalles de sus personajes literarios.

Un escritor debe conocer con detalle el pasado de sus personajes literarios
Un escritor debe conocer con detalle el pasado de sus personajes

Los personajes literarios tienen un pasado y el escritor tiene la obligación de conocerlo.

Cuando el escritor conoce a sus personajes a fondo, es improbable que les haga comportarse como estúpidos, o de forma incoherente o absurda, lo que dejaría una fea cicatriz en el conjunto de la historia en la que viven esos personajes y, por tanto, altísimas probabilidades de que la novela perdiera mucha sangre y muriese para siempre en manos del lector.

Cuando el escritor conoce a sus personajes a fondo, es harto improbable que les haga hablar con un lenguaje impropio de ellos, chirriante o completamente fuera de lugar. Más de uno se habrá visto en la situación de preguntar a sus personajes: “Pero, ¿qué te pasa?, ¿por qué hablas así?” esbozando una sonrisa triste mientras arruga otra hoja más de papel.

Es muy recomendable trazar con precisión cada detalle de sus vidas hasta, como quien dice, el momento justo de comenzar la acción. Ello nos proporcionará un repertorio de recursos que utilizar en prácticamente todas las situaciones en las que se nos ocurra colocar a nuestros personajes.

Además, si lo hacemos así, arrancaremos cada historia con una inercia en la actitud y el comportamiento de nuestros personajes que solo puede resultar beneficiosa para el desarrollo de la propia historia.

En caso de no trazar su pasado y desconocer por completo la vida de nuestros personajes, avanzaremos por un estrecho sendero a cuyos márgenes esperan, sedientos de sangre, los monstruos de todo escritor: el atasco, la incoherencia argumental o estructural y otros más oscuros, cuyo ataque suele desembocar en un desánimo crónico, la caída en picado de la autoestima y la sensación de haber perdido para siempre todos y cada uno de los minutos dedicados a la creación de esa historia. Si cualquiera de estos monstruos nos hinca el diente, el riesgo de abandono de la historia es inminente, y aparece entonces en el horizonte la palabra FRACASO. Pues, con todo, aún quedan escritores que no saben que una historia abortada no es un fracaso, sino los cimientos de aprendizaje de futuros éxitos.

Tiene, pues, el escritor, la obligación de dotar a sus personajes de un sinfín de pequeños detalles que le decoren y complementen, dándole una apariencia ante el lector, sino de real, al menos de creíble.

La simple elección del nombre del personaje tal y como hubiera ocurrido en caso de que el personaje fuera una persona real; o la presencia latente de esa terrible experiencia de su pasado que le da empaque y presencia ante los demás personajes y ante el propio lector, son solo dos ejemplos de los datos que un escritor debe conocer de sus personajes literarios.

Otro ejemplo, generar en el lector la sola sospecha de que el personaje guarda celosamente un terrible secreto de su pasado, le puede incitar a enamorarse del personaje o a odiarle, dos de los combustibles más efectivos de cualquier personaje; en este caso, la obligación del escritor sería la de conocer cada pelo y cada señal de cómo ocurrió aquella terrible experiencia, su contexto, la implicación de otros personajes (aparezcan o no en la propia historia) y, por supuesto, la huella psicológica que dejó en el personaje en forma de sentimientos, ya de venganza, ya de dolor, ya de aprensión, ya de superación.

Resumiendo, el resultado de un buen conocimiento de su pasado nos proporcionará unos personajes literarios singulares, que el lector podrá percibir como reales o al menos creíbles, si conseguimos que cada detalle que les caracteriza sea tan real… que pase desapercibido; y que, finalmente, le resultarán al lector adorables, odiosos o misteriosos.

Todo ello aportará a nuestra historia la consistencia mínima que garantizará que el lector estará deseando zambullirse en la mismísima historia para enfrentarse a nuestros personajes o para ponerse de su lado.

Los personajes literarios tienen un pasado

Víctor J. Sanz