Novela y novelista, ¿quién hace a quién?

Novelista y novela, ¿quién hace a quién?

Durante el tiempo que transcurre entre el nacimiento de una idea, de esa idea semilla que un día será una historia que contar, hasta que crece y se convierte en esa hermosa historia, durante ese tiempo, digo, la historia narrada vive dentro del escritor, yendo y viniendo, maleable, tomando forma y cambiando de forma nuevamente. Bullendo de personajes impacientes por salir a escena. Bullendo de escenas impacientes por bullir ante los ojos de los lectores.

Novela y novelista, ¿quién hace a quién?
Novela y novelista, ¿quién hace a quién?

Durante ese tiempo, la historia que vive dentro del escritor, y hasta que éste le da su forma final, también opera un cambio en el propio escritor que, como hospedador temporal de la historia, no es ni mucho menos inmune al efecto que la propia historia tiene en quien la conoce, más si cabe, en quien conoce todos sus recovecos, ya por haberlos diseñado, ya por haber sido el primer afortunado en recorrerlos.

Novela y novelista, ¿quién hace a  quién?

Durante el desarrollo de la historia, el narrador deposita en la narración parte de sí mismo, de su ser, pero también de su no ser, acaso de lo que sueña con ser; deposita parte de sus pensamientos más íntimos, de sus sentimientos, de sus éxitos y de sus fracasos, de sus esperanzas y de sus ilusiones; plasma en la narración su impronta por la que la narración será referencia del autor y el autor de la narración.

Pero la historia narrada, ese confesionario y depósito donde se vacía el autor es, a su vez, huésped del propio autor, viviendo dentro de él, moldeándole al mismo tiempo que es moldeada por él. Dejando en su cuerpo las muescas de los golpes y las cicatrices de las batallas perdidas y ganadas que pueblan cada historia narrada.

La historia narrada ha transformado al escritor, no por lo que le haya tomado prestado, sino por lo que le haya prestado a él, enriqueciendo su visión, y renovando por traslado y mudanza, el espacio destinado a albergar nuevas semillas de nuevas historias que en el futuro serán, pero dejando el poso y conocimientos de la ya narrado.

Puede concluirse pues, que la novela hace al novelista del mismo modo que el novelista hace la novela.

Novela y novelista, ¿quién hace a  quién?

Víctor J. Sanz

Los escritores siempre escriben

Un escritor siempre está escribiendo

Un escritor siempre está escribiendo

Un escritor siempre está escribiendo
A diferencia de un pintor, un escritor puede trabajar en cualquier parte. Un escritor siempre está escribiendo.

En algunas profesiones, quizás en casi todas, el profesional solo puede trabajar en determinadas circunstancias, bien porque su trabajo se realiza exclusivamente en un sitio, como ocurre con el gremio de los pintores.

Bien porque su trabajo se realiza sobre determinado objeto, como sería el caso de un mecánico de automóviles o de aviones o, sin ir más lejos, un médico.

Bien porque su trabajo se realiza exclusivamente con unas herramientas o unos útiles determinados, como le ocurre a un agricultor, para quien es harto difícil llevar a cabo su trabajo sin sus herramientas y útiles de labranza.

Bien porque su trabajo se realiza en un momento del día excluyente de otro cualquiera, como le ocurriría a un vigilante nocturno, a un panadero o a un basurero.

Sí que es cierto que un escritor, para realizar su trabajo, maneja herramientas y útiles (a veces muy útiles, como este diccionario inverso), o prefiere ubicarse en determinados lugares y quizás también a determinadas horas, con unas condiciones lumínicas y otras circunstancias específicas, sí, pero ninguna de ellas es imprescindible para desempeñar su oficio.

Un escritor no depende de tener a su alcance o no, una herramienta concreta o unos útiles exclusivos y excluyentes; un escritor no depende tampoco de estar en lugar determinado, ni actuar sobre un objeto en particular. Igualmente, la tarea de un escritor no depende de las manecillas del reloj, ni siquiera depende, como algunos creen, del consumo de ciertas sustancias alucinógenas. Aunque debo decir que esto mismo puede afirmarse de algunos editores sin temor a equivocarse, a la vista de algunos títulos publicados.

El escritor siempre está viendo, viviendo, escribiendo y describiendo una escena, un personaje, un título, una frase o una simple palabra. Aquellos que hayan nacido escritores y que además hayan desarrollado tal condición sabrán a qué me refiero.

El escritor siempre está imaginando una escena, todo a su alrededor es susceptible de ser convertido en literatura, pues ésta reside en todas partes, subyaciendo, esperando a ser descubierta.

Es probable que al hablar con un escritor, éste se muestre distraído a ráfagas, pensativo a fogonazos, iluminado a destellos…, que no sirva de molestia, es su forma de vivir. Cuando no se muestra así es que está escribiendo sólo de forma racional, sin que trasciendan a su rostro todos los procesos que se dan en su interior. Dicho de otra manera, cuando parece que un escritor no está escribiendo, tan solo lo parece.

 

Un escritor siempre está escribiendo

Víctor J. Sanz