Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que prioriza

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presentar los personajes de tu novela: Lo que priorizaHasta ahora, en esta serie, hemos hablado de distintas formas de presentar los personajes de una novela: por lo que lleva, por lo que dice, por lo que piensa, por lo que hace, por lo que le gusta y por lo que le rodea, hoy hablaremos de dejar que nuestros lectores aprendan sobre nuestros personajes por aquello que estos priorizan.

Dar prioridad a una cosa sobre otra lleva implícita una decisión y toda decisión, más allá de la interpretación superficial, supone la exposición de algo que, en muchas ocasiones, puede ser de vital importancia para una persona o, lo que es lo mismo, para un personaje.

Cuando tomamos una decisión estamos poniendo en marcha un proceso de selección artificial, en el que de alguna manera concedemos nuestra representación a la opción elegida. Dicho de otra manera, somos aquello que elegimos; nuestros personajes son aquello que eligen, aquello que anteponen a otras opciones igualmente posibles y de una dimensión comparable. Pocas cosas definen tanto y tan profundo a un personaje como ponerlo a tomar una decisión entre dos opciones excluyentes: una altruista y otra egoísta, incluso aunque el elemento objeto de la decisión no sea algo de suma trascendencia.

Porque incluso aquellas decisiones que afectan a elementos aparentemente intranscendentes, incluso las decisiones más nimias y cotidianas, pueden decir mucho a nuestros lectores acerca de nuestros personajes. Desde la elección del color de la ropa que compran o visten, hasta la elección de cierto tipo de bebida en lugar de otras, también puede contener mucha y valiosa información psicológica con la que formar su perfil.

La posibilidad de priorizar, entendida en el plano más personal, pues de eso hablamos, se hace especialmente visible en el tiempo libre y en la utilización de los recursos disponibles. Desde la decisión misma de a qué se dedica ese tiempo libre en detrimento de otras actividades, hasta la forma de ejecutar esa decisión.

Un ejemplo ilustrará esta idea. Hablando de tiempo libre…, imaginemos un personaje que está privado de su libertad: un preso, un esclavo… Aquello que se ve obligado a hacer, es decir, allí donde no tiene libertad de elección, poco puede aportar a su perfil psicológico, excepción hecha de la rebeldía o la mansedumbre con que asuma tal circunsancia. De esta manera, y en lo que a las prioridades se refiere, la mejor manera de presentar a este tipo de personajes no es otra que la de mostrarle tomando decisiones que comprometen y descubre su personalidad. Ejemplos de ello serían: delatar o no a un compañero que planea una fuga; o compartir o no su comida con un compañero que ha sido castigado sin ella.

Así pues tenemos que, para poder explotar en toda su dimensión esta forma de presentar los personajes de una novela, es preciso que se den simultáneamente dos opciones excluyentes y de magnitudes comparables, de forma que la decisión lleve implícito el sacrificio que supone, pues cuanto mayor sea este más presión hará en el carboncillo con el que trazamos el perfil psicológico de nuestro personaje.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que les rodea

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presentar los personajes de tu novela: Lo que les rodeaContinuamos la serie de artículos dedicados a la presentación de los personajes de una novela con una nueva entrega en la que veremos la forma de presentarlos según lo que les rodea.

Hasta ahora hemos visto distintas formas de ir ofreciendo pinceladas de nuestros personajes al lector mediante distintos rasgos detectables o atribuibles a su persona. Hoy veremos cómo se puede contribuir de forma determinante a la definición de un personaje con la simple descripción de los objetos que le rodean.

Estaremos dando al lector una inmensa cantidad de información si le mostramos a nuestro personaje rodeado, por poner un ejemplo, de antigüedades. Ellas hablarán de sus aficiones, sus gustos, su cultura, sus conocimientos, pero también transmitirán información relacionada con su posición económica o con sus relaciones sociales o sus círculos de amistades.

Pero no siempre dispondremos elementos tan descriptivos en el entorno de nuestros personajes. Cuando manejamos personajes más convencionales que el del ejemplo anterior en sus gustos, aficiones, pasiones o tendencias, serán lógicamente los elementos más convencionales y cotidianos los que contribuyan a su mejor definición ante el lector. Imaginemos un personaje cuyo rasgo de personalidad más destacado, al menos a simple vista, es que es muy detallista o perfeccionista, bien, una buena forma de que su entorno inmediato hable de él mostrando ese rasgo es la de incluir en su entorno elementos tan sencillos como una maqueta formada con cientos de pequeñas piezas.

Circunstancias añadidas como la disposición o la limpieza o la ubicación en un lugar especial de determinados objetos servirán al propósito de la presentación del personaje. ¿No es acaso un elemento descriptivo de primer orden un urna funeraria de un familiar directo ocupando el lugar que muy bien podría ocupar una televisión?

Pero puede ser que el lector no preste atención exclusivamente a lo que rodea al personaje, sino que hay circunstancias en que puede importar mucho más lo que no está. Veamos un ejemplo. Imaginemos un personaje que ostenta una total y absoluta falta de gusto; esto se podrá mostrar mediante una descuidada decoración o una disonancia exagerada de colores, formas, tamaños o funciones de los objetos de los que se rodea. Del mismo modo, estaremos contribuyendo a formar una imagen potente de nuestro personaje en la mente del lector si lo describimos utilizando una máquina de escribir en lugar de un ordenador.

Cuando el elemento o los elementos de que se rodea son el resultado de una elección entonces estaremos ante un indicador claro de algún rasgo de la personalidad de nuestro personaje.

Obviamente, de la interactuación de nuestro personaje con aquello que lo rodea, también extraerá valiosa información el lector, por lo que es preciso mimar esta parte de las descripciones. De nada valdrá trabajar duro en la construcción de un escenario apropiado a nuestro personaje y propicio a los fines generales de la obra, si después no le hacemos interactuar con su entorno más inmediato de la manera más efectiva y descriptiva posible.

Es un ejercicio muy conveniente para trabajar la presentación de determinados rasgos de nuestros personajes mediante su entorno, convertirnos en una especie de investigador privado que pudiera observarlos durante un día completo y analizar cada detalle de lo que está y de lo que no está. Descubrir que nuestro personaje convive con elementos que no son de su agrado o cómo se habitua a carecer de otros que le son necesarios puede resultar determinante para encontrar aquellas expresiones que mejor lo definan ante el lector.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que le gusta

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Hasta ahora hemos visto cómo presentar a los personajes de una novela a través de lo que lleva, de lo que dice, de lo que piensa y de lo que hace. Hoy vamos a hablar de cómo se presentar a los personajes de una novela por lo que les gusta, o lo que les disgusta.

presentar los personajes de tu novela: Lo que les gustaCuando hablamos de lo que le gusta o disgusta a una persona estamos, sin duda, definiéndola. Estamos remarcando el contraste que resulta de medirla con un determinado termómetro. De una afirmación sobre gustos y disgustos resulta siempre un posicionamiento del personaje con respecto de un baremo susceptible de ser manejado con soltura por el lector.

Es cierto que la definición de los personajes a través de aquello que les gusta o disgusta puede ser muy relativa, pero precisamente ahí radica el mayor interés de esta forma de presentación.

Si preguntamos a nuestro personaje por sus gustos con respecto de una referencia absoluta, en caso de estas existan, la medida que nos dará será, con ligeras variaciones, muy similar en todos los lectores. Por lo tanto, será la medida tomada sobre una referencia relativa la que mejor pueda definir a nuestro personaje.

Aún se puede ir más allá cuando enfrentamos a nuestro personaje a la pregunta sobre el gusto por otros personajes del mismo relato. En este caso, la referencia no solo será relativa, sino que además será lo que podríamos llamar, móvil, ya que además de no provocar una adhesión o una animadversión uniforme en todos los lectores, esta visión puede variar a lo largo del desarrollo de la narración.

Ejemplo 1. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia (casi) absoluta o universal como los niños son adorables o el naranja es un color alegre. Si nuestro personaje comparte ese sentimiento casi absoluto sobre los niños o sobre lo alegre del color naranja no estaremos presentando ningún rasgo característico de nuestro personaje. Si, por el contrario, nuestro personaje no participa de ideas tan generalizadas, entonces sí estaremos dando a nuestros lectores datos relevantes y además muy interesantes sobre nuestro personaje.

Ejemplo 2. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia relativa como por ejemplo: los viajes. Tanto si a nuestro personaje le gusta viajar como si le disgusta hacerlo, le estaremos dando al lector un dato significativo sobre su personalidad. Cada lector tendrá su propio gusto al respecto y lo más probable es que, con base en ese gusto, a su propio baremo sobre el particular, comience a perfilar en su mente a nuestro personaje.

Ejemplo 3. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia relativa y además móvil como es uno de los elementos, por lo común un personaje, del mismo relato. Dado que los personajes son, deben ser, elementos con vida propia, la cual desarrollan a lo largo de la narración, la comparación entre los distintos personajes nos permitirá transmitir datos sobre ellos al lector que le permitirán hacerse una imagen lo bastante completa como para formarse una opinión y, probablemente tomar partido por unos o por otros.

Utiliza los gustos de tus personajes para dárselos a conocer al lector de una forma indirecta y compleja.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que hace

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que haceLa descripción de las acciones de nuestro personaje nos permiten presentar su cara más sincera, esa que no puede desdecirse, esa que lo retrata por dentro.

Si la descripción es fiel al personaje y a sus acciones, se constituirá en una potente herramienta narrativa. Pero esa potencia ha de ser controlada para que no se vuelva en contra del relato. Cada pequeño detalle que describamos de las acciones de nuestros personajes alimentará la imagen que de él se forme el lector en su mente, por lo que se debe supervisar muy detenidamente qué materiales queremos ofrecerle al lector para que elabore esa imagen.

Cada acción descrita tiene que tener no solo un origen y un destino lógico y natural dentro del convenio establecio con el lector para cada relato, sino que además sería bueno que tuviera un significado específico en la misma dirección que pretendemos imprimir al relato en cuestión. Por lo general, los escritores no se entretienen en describir acciones cotidianas o vacías de sus personajes, sino más bien al contrario. Como escritores deberemos esperar que el lector se pregunte si la acción que le describimos obedece o conduce a la razón o hilo principal de la historia y, en caso de no ser así, si lo consideramos un material importante (tanto como para detenernos sobre él) para que el lector complete el perfil psicológico del personaje. Si no cumple uno de esos dos objetivos, deberemos reconsiderar muy seriamente la inclusión de dicha descripción en la versión final de nuestro relato.

Un aspecto importante a tener en cuenta es la interacción que supongan las acciones descritas con los demás personajes, pues la descripción de unos y otros no será en absoluto independiente, sino todo lo contrario: interdependiente. De esta forma, cuando describimos a un personaje con un perfil psicológico fácilmente identificable para el lector, todo lo que interactúe con él será medido desde ese mismo perfil psicológico. Es decir, si tenemos por ejemplo a un personaje metódico, ordenado, pulcro, sus características nos servirán de termómetro para medir esos mismos valores en los demás personajes. En la siguiente vuelta de tuerca tendremos la reacción que de cada uno de ellos quepa esperar y que vendrá a completar, a su vez, su perfil psicológico.

Cuando el personaje ha tomado en la mente del escritor suficiente entidad e identidad, sus acciones (conocidas o por conocer) probablemente irán saliendo de los dedos del escritor con la impronta que le hemos concedido al personaje en nuestra imaginación, por lo que sí o sí, contribuirán a definirle psicológicamente. Por añadidura, si la trama en la que vivirá ese personaje lo acoge y lo integra plenamente, podemos estar seguros de que las acciones en que los describamos cumplirán al menos uno de los dos objetivos, cuando no los dos: aportar información psicológica del personaje y contribuir a la corriente que llevará al lector durante el viaje del relato hasta su conclusión.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensa

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensaContinuamos con la serie de artículos dedicados a las distintas formas que tiene un escritor de presentar a sus personajes ante sus lectores. Hoy trataremos la presentación del personaje por lo que piensa.

En la novela es ciertamente asequible recurrir al pensamiento del personaje que queremos presentar, siempre, claro está, que lo hagamos desde un narrador omnisciente o desde un narrador en primera persona y que esta sea el propio personaje.

Las líneas de pensamiento del personaje, al igual que ocurre con sus diálogos, determinarán la imagen que de él se vaya formando el lector. Pero a diferencia de los diálogos, la expresión escrita de sus pensamientos nos permite manejar con mayor flexibilidad aquello que acontece en el relato, pero sobre todo, nos permite manejar con mayor flexibilidad las expresión de las relaciones del personaje con los demás pesonajes. Dejar entrar al lector en la mente de nuestro personaje mediante esta expresión de sus pensamientos, lo desnuda frente a él, pero también establece con él lazos muy íntimos que pueden convertirse en sólidos puentes de complicidad en los momentos más delicados del relato.

Mostrar el pensamiento de un personaje es posicionarlo frente al lector, pero también es enviar un sutil mensaje al lector buscando empatizar con esa parte de él que piensa de un modo similar al personaje.

Sin descuidar la debida coherencia que contribuirá a la construcción de un personajes sólido, la exploración y exposición de sus pensamiento nos permite realizar eventuales incursiones en terrenos tan poco estables como el de las hipótesis, el de las elucubraciones, el de las fantasías y, en realidad, el de cualquier otra forma de divergencia de la realidad en la que vive el personaje. A su vez, cualquiera de esas incursiones en terrenos tan resbaladizos pueden formar un conjunto descriptivo de nuestro personaje extremadamente potente, por lo que es recomendable no transitar durante demasiado tiempo por esos caminos, no más al menos de lo que lo hacemos las personas reales, de modo que en dichas incursiones podamos encontrar unos cuantos adeptos más para nuestro personaje entre los lectores.

Muy propio de la técnica de mostrar el pensamiento de nuestro personaje es establecer un juego por diferencias con respecto de su propio diálogo. Todas aquellas divergencias -pequeñas o grandes- que podamos establecer entre los diálogos y los pensamientos del mismo personaje, no serán sino apuestas ganadoras, cuya recompensa será una cosecha de simpatías y filias en el lector, incluso aquellas que este se negaría a reconocer en público, siendo esas precisamente las de mayor valor y firmeza.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que dice

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que diceContinuamos la serie de artículos dedicados a las distintas formas que un escritor tiene de presentar a los personajes de su novela, con esta segunda entrega: lo que dice.

Esta es una de las formas aparentemente más fáciles de presentar a nuestros personajes. Es fácil solo en apariencia, y no porque sea difícil trazar un diálogo apropiado para el personaje en cuestión, sino precisamente porque es relativamente sencillo hacerlo y mostrar con ello detalles de nuestro personaje de los que no debemos desentendernos.

Prácticamente cada palabra que pongamos en boca de nuestro personaje llevará de alguna manera los genes de la personalidad que le imprimamos. Su forma de referirse a algo en concreto, su forma de dirigirse a los demás personajes o su forma de pedir o preguntar las cosas a los desconocidos pueden llevar consigo un buen número de detalles acerca de la personalidad del personaje.

Correrá de nuestra cuenta vigilar el tono y el vocabulario empleado por el personaje, para que contribuya a su descripción y no a distraer la atención del lector en asuntos menos importantes que el propio personaje y que el relato en sí.

Antes de lanzarnos a la redacción de nuestra novela haremos bien en estudiar a fondo el personaje -todos los personajes principales- que vamos a desarrollar, para asignarle un tono y un vocabulario específico e inequívocamente identificativo, que deberá certificarse a lo largo de toda la obra, excepción hecha, naturalmente, de aquellos casos en que los personajes experimenten cambios sustanciales que deban reflejarse en sus diálogos, así como en otros aspectos de su viaje por la novela.

Por lo que se refiere al verbo de nuestro personaje, a mayor cantidad de diálogo más luz arrojaremos sobre su trasfondo psicológico, por lo que es importante medir este factor para evitar deslumbrar al lector, pero también para evitar dejarle a oscuras.

Es importante señalar que, sea cual sea el desarrollo que tengamos previsto para nuestro personaje, así como la carga de diálogos de los cuáles le haremos protagonista, su primera intervención frente al lector marcará, y no poco, la idea que de él y su personalidad se vaya haciendo. Esto nos obligará a tratar con la máxima atención sus primeras intervenciones dialogadas para enfocarlas a la posición que resulte de mayor interés y conveniencia para el conjunto del relato.

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Formas de presentar a los personajes de tu novela: Lo que lleva

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que llevaHoy vamos a iniciar una serie de artículos que tratarán sobre las distintas formas que un escritor tiene de presentar a los personajes de su novela.

Aunque es una obviedad, no hay que dejar de señalar que debemos diseñar nuestros personajes de forma que el lector encuentre en ellos suficientes elementos de interés como para querer averiguar todo sobre ellos, pero además tenemos que diseñarlos y presentarlos de manera que no puedan ser confundidos entre sí por el lector.

Una de las vías más evidentes para presentar un nuevo personaje al lector es la descripción de su atuendo o lo que lleva. Cuando queremos introducir en nuestra historia a un personaje concreto por su profesión o por su estatus o por que resulte especialmente interesante por lo que en ese momento esté haciendo, no es necesario detenerse en cada detalle y describirlo a la perfección, tan solo con mencionar el elemento o la prenda clave puede ser suficiente para que el lector se haga un primera idea hasta que sea mejor momento de darle cuantos detalles sean precisos. La forma en que se describa que luce tal o cual vestimenta puede aportar al lector mucha más información psicológica sobre el personaje de lo que en un principio pueda parecer.

Imagina que en la historia que estás escribiendo tienes un personaje que es policía. A un policía se le puede describir de muchas maneras, está claro, pero el lector agradecerá concisión y cierto grado de innovación a la hora de hacerlo. De otro modo, tu personaje puede pasarle desapercibido. Prueba a referirte a la forma minuciosa de colocarse el cinturón, el cuello de la camisa, la gorra, la placa o el arma. De ello deducirá el lector, entre otras cosas, la rectitud y la pulcritud con que el personaje se conduce hasta en las cosas más pequeñas.

Si, por contra, nuestro policía es más bien amigo del caos en lo personal y sus valores residen en otros aspectos aún no mostrados al lector, bastaría con narrar cómo se deja olvidada la placa y, por qué no, hasta el arma, en casa, y mejor aún si no es la primera vez. O, tal vez, que no lleve munición cuando puede necesitarla, o que no sepa dónde ha puesto las llaves de las esposas cuando más las necesita. Llevado un poco al extremo, también podemos trabajar con elementos de su ropa, por ejemplo que vaya desaliñado o que se presente en la comisaría en pantuflos.

Como es natural, estos ejemplos con un personaje policía son de aplicación a prácticamente cualquier otro tipo de personaje.

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Las novelas deshilachadas

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Las novelas deshilachadasCuando empezamos a leer una novela somos todo ojos, oídos, olfato y tacto. Gusto no, conozco a muy pocas personas que no tendrían reparos en aplicar este sentido a los libros, pero alguna conozco. A pesar de todo, cuando un libro nos gusta, preferimos utilizar el verbo “devorar” para referirnos a la forma asalvajada y ansiosa en que lo leemos. Desde la primera página, especialmente la primera, prestamos atención a cada detalle que el autor nos ofrece, porque por el momento no sabemos sabemos si tendrá o no trascendencia en la historia. Almacenamos cuidadosamente los nombres de los protagonistas, de los lugares, de los objetos que se nombran, porque creemos que si se nombran será por algo… Almacenamos fechas, diálogos, gestos, relaciones…, todo puede ser importante, aún no lo sabemos.

Con el paso de las páginas, de manera inevitable, algunos de esos elementos se nos van quedando en el tintero. Bien porque vamos comprendiendo cuáles eran importantes y cuáles solo para ambientar; bien porque la historia “se ha ido” aparentemente tan lejos de ellos que no esperamos que vuelva pronto o, el peor de los casos, porque el escritor se ha olvidado de ellos. Hay veces en que los escritores ofrecen una información muy detallada de algo a lo que, como lectores, empezamos a dar importancia, tanta como le da el autor en su narración, pero luego, luego se queda en nada porque surge lo que es verdaderamente importante, lo que de verdad nos va a llevar al meollo de la historia.

Estos hilos discontinuados por el autor le hacen perder a la trama fuerza y vistosidad; pero además genera en el lector una duda constante sobre el resto de hilos expuestos en la trama. Los núcleos narrativos donde se encuentran estos hilos sin continuidad son los que Howard Mittelmark llama los tumores benignos, porque se pueden quitar por completo sin que la novela sufra pérdida alguna, antes al contrario, ganará mucho con su ausencia.

Así que ya sabéis, autores, no tengáis miedo de meter el bisturí, vuestra novela lo agradecerá, pero sobre todo lo agradecerán los lectores.

Las novelas deshilachadas

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Coger el tono. Cuando el escritor retoma la redacción de la obra en el punto donde lo dejó la jornada anterior, las palabras, las frases, los párrafos pueden no tener la misma contundencia, la misma textura o la misma frescura que tenían cuando fueron escritas.

Coger el tono

La redacción de un cuento, hasta la de los más cortos, puede llevar, y normalmente lleva, varias jornadas de trabajo. Qué no decir de las jornadas de trabajo que lleva la redacción de una novela, hasta la de las más cortas. Hay casos en los que se habla de años.

Pero, ¿qué pasa con el tono de la obra, el tono que se está utilizando, el tono del narrador, el tono de los diálogos, el tono general de la ambientación y la argumentación?

Cuando la obra está muy fresca en la mente del autor, muchos de sus elementos también lo están. Igual de frescos a su disposición. Pero no faltan ocasiones en que esto no se cumple. Cuando el escritor retoma la redacción de la obra en el punto donde lo dejó la jornada anterior, las palabras, las frases, los párrafos pueden no tener la misma contundencia, la misma textura o la misma frescura que tenían cuando fueron escritas. No huelen igual, no saben igual, no suenan igual. El escritor vuelve atrás, un par de páginas, acaso hasta el principio del capítulo, para encontrar o, mejor dicho, para reencontrar el tono.

Coger el tono. Cuando el escritor retoma la redacción de la obra en el punto donde lo dejó la jornada anterior, las palabras, las frases, los párrafos pueden no tener la misma contundencia, la misma textura o la misma frescura que tenían cuando fueron escritas.Es cierto que no siempre es posible este reencuentro, especialmente cuando hablamos de obras cuyo tema o protagonista exigen un tono determinado, de cierta profundidad para el que escritor no siempre está preparado, o para el que no siempre es posible reunir las condiciones óptimas. Si hablamos de una historia en la que se suceden con relativa rapidez un sinfín de acontecimientos, será más difícil reencontrarse con el tono cuando el escritor tenga el ánimo más apagado. O si hablamos de una historia en la que se profundiza sobre temas trascendentes, el reencuentro con el tono no será tan sencillo si disponemos de poco tiempo o si el ambiente no es el adecuado.

Coger el tono. Cuando el escritor retoma la redacción de la obra en el punto donde lo dejó la jornada anterior, las palabras, las frases, los párrafos pueden no tener la misma contundencia, la misma textura o la misma frescura que tenían cuando fueron escritas.

Por otra parte, también se dan casos en los que es preciso tomar un poco de distancia para reconocer ese tono, como se aleja uno del bosque para calcular sus contornos. Esa distancia no tiene por qué ser física, ni tan siquiera lejos de las letras, pero sí, obligatoriamente de las letras que nos ocupan. Tal vez leer a otro autor, tal vez leer la prensa, o sencillamente salir a dar un paseo, nos puede proporcionar esa distancia clarificadora.

Este asunto del tono es muy importante porque si no se somete a un estrecho control puede derivar en una obra con altibajos poco atractivos para el lector. Por ejemplo, capítulos basados exclusivamente en diálogos entre capítulos basados exclusivamente en indicaciones del narrador; o pasajes con un aire ligero o hasta cómico entre pasajes profundos o hasta filosóficos. Podría incluso ocurrir que el personaje-narrador se tome la licencia de cambiar su opinión sobre algún personaje en concreto sin que éste último haya hecho nada para merecerlo.

El tono debe ser uniforme, pero tanto que no sea “uniformidad” lo que mejor lo defina, sino sencillez y naturalidad, casi invisibilidad.

Poco a poco, en el desarrollo de la historia en la que vive, el personaje literario deberá ir mostrándose al lector gracias al desarrollo del argumento o a las indicaciones del narrador, o a sus reacciones para con los demás personajes o ante los hechos que se vayan sucediendo.

El personaje literario debe ser como un iceberg

Poco a poco, en el desarrollo de la historia en la que vive, el personaje literario deberá ir mostrándose al lector gracias al desarrollo del argumento o a las indicaciones del narrador, o a sus reacciones para con los demás personajes o ante los hechos que se vayan sucediendo.Cualquier personaje literario, pero especialmente el protagonista de una novela, ha de suscitar interés en el lector por sí mismo, más allá del todo que ha de formar la obra en la que toma vida. Para ello, como decía en otro artículo, todo personaje literario debe tener un pasado, pero no solo de experiencias pasadas viven los personajes. Además, esas experiencias han de dejarles huella, han de marcar su personalidad, derivando en tintes de compleja simplicidad, o de sencilla profundidad, según se mire.

Mirado transversalmente, un personaje literario debería ser (los mejores lo son) como un iceberg. Del que apenas vemos una pequeña parte, pero no vemos, sino que solo sospechamos, la mayor parte de su complejidad.

Poco a poco, en el desarrollo de la historia en la que vive, el personaje literario deberá ir mostrándose al lector gracias al desarrollo del argumento o a las indicaciones del narrador, o a sus reacciones para con los demás personajes o ante los hechos que se vayan sucediendo.

Y tan profundo ha de ser ese iceberg, y tan bien trazado, que ni tan siquiera toda la novela sea capaz de mostrarlo en su totalidad. El personaje, si está bien trazado, ha de trascender la novela que le ha tocado vivir, y seguir vivo en la mente del lector. A ese logro contribuye de forma determinante la profundidad de que lo dotemos.

De esa profundidad que le damos al protagonista, surgirán las mejores y más “novelescas” frases y reacciones. ¿De qué otro modo podrían surgir, si no es de lo más profundo de un personaje bien preparado, bien vivido, bien experimentado.

En su equipaje de iceberg, el personaje ha de llevar también una gran dosis de misterio, no necesariamente misterioso, sino oculto, no desvelado, el misterio ya se lo pondrá el lector al enamorarse del personaje. Este asunto del misterio, de lo no desvelado sobre el personaje literario, es muy delicado, pues hay que caminar por un sendero muy estrecho entre el secretismo y el desnudo integral. En el término medio está el equilibrio de la magia.

El resto del equipaje bien pueden ser elementos que surjan en secuelas de la obra en cuestión, si es que el desarrollo del argumento lo permite y si es que la semilla del recuerdo del personaje en la mente del lector lo exige.