El lector como juez

La novela: el lector como juez

Una novela es un juicio ya celebrado que se reabre para someterlo a la consideración de un jurado muy especial: el lector. El lector como juez de la novela tiene la ocasión única de juzgar a toda una sociedad. A través de los personajes, de la percepción que éstos tienen de la sociedad y del resto de elementos que la definen directa o indirectamente, el lector puede conocer los detalles del caso que se reabre ante sus ojos y, entonces, emitir su juicio.

El lector como juez
El lector como juez de la novela tiene la ocasión de juzgar la sociedad retratada por el escritor.

El novelista, de una u otra forma, ha trazado en la novela un retrato de la sociedad. Ya de forma figurada y metafórica, ya de forma precisa y realista; el novelista expone ante el lector aquellos grandes defectos de una sociedad que son fuentes de infelicidad para el hombre. Estos defectos sociales deben ser expuestos de forma lo suficientemente clara como para que el lector se sienta motivado a emitir su propio juicio, a tomar parte, bien a través de un apoyo incondicional al protagonista, o bien apoyando a sus oponentes.

El lector como juez de la novela tiene la ocasión única de juzgar a toda una sociedad

Cualquier novela que, de una u otra manera, no incluya este retrato social, este juicio de la sociedad, puede que esté muy lejos del concepto propio de novela. Incluso aquellas historias ambientadas en sociedades lejanas, fantasiosas o hasta absurdas, esconden tras las primeras capas, los sedimentos de la sociedad a la que el escritor juzgó en su texto; ya fuera por acción o por omisión de sus características.

Son especialmente interesantes en este sentido los textos que narran juicios, pues el juicio que se hace de la sociedad es abierto, frontal e intenso, atacando (o reafirmando) los cimientos mismos de la sociedad: su sistema de justicia y los arquetipos socialmente aceptados o rechazados. En estos textos, desde que se abre la puerta de la sala de juicios, el lector asume rotunda, gustosa e irreversiblemente su papel de juez.

Por otra parte, las virtudes, si es que la sociedad juzgada las tiene, casi nunca tienen interés literario, pues no son objeto de preocupación para el hombre y no precisan, por tanto, de ser analizadas para su juicio y posterior redención o mejora.

Pero el juicio de la sociedad no es el único que el novelista propone al lector que se zambulle en el mundo de una novela. El lector habrá de juzgar también al Hombre, al ser humano en su inabarcable capacidad para errar. Pero ese juicio es merecedor de otro análisis.

La novela: el lector como juez

Víctor J. Sanz