Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que prioriza

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presentar los personajes de tu novela: Lo que priorizaHasta ahora, en esta serie, hemos hablado de distintas formas de presentar los personajes de una novela: por lo que lleva, por lo que dice, por lo que piensa, por lo que hace, por lo que le gusta y por lo que le rodea, hoy hablaremos de dejar que nuestros lectores aprendan sobre nuestros personajes por aquello que estos priorizan.

Dar prioridad a una cosa sobre otra lleva implícita una decisión y toda decisión, más allá de la interpretación superficial, supone la exposición de algo que, en muchas ocasiones, puede ser de vital importancia para una persona o, lo que es lo mismo, para un personaje.

Cuando tomamos una decisión estamos poniendo en marcha un proceso de selección artificial, en el que de alguna manera concedemos nuestra representación a la opción elegida. Dicho de otra manera, somos aquello que elegimos; nuestros personajes son aquello que eligen, aquello que anteponen a otras opciones igualmente posibles y de una dimensión comparable. Pocas cosas definen tanto y tan profundo a un personaje como ponerlo a tomar una decisión entre dos opciones excluyentes: una altruista y otra egoísta, incluso aunque el elemento objeto de la decisión no sea algo de suma trascendencia.

Porque incluso aquellas decisiones que afectan a elementos aparentemente intranscendentes, incluso las decisiones más nimias y cotidianas, pueden decir mucho a nuestros lectores acerca de nuestros personajes. Desde la elección del color de la ropa que compran o visten, hasta la elección de cierto tipo de bebida en lugar de otras, también puede contener mucha y valiosa información psicológica con la que formar su perfil.

La posibilidad de priorizar, entendida en el plano más personal, pues de eso hablamos, se hace especialmente visible en el tiempo libre y en la utilización de los recursos disponibles. Desde la decisión misma de a qué se dedica ese tiempo libre en detrimento de otras actividades, hasta la forma de ejecutar esa decisión.

Un ejemplo ilustrará esta idea. Hablando de tiempo libre…, imaginemos un personaje que está privado de su libertad: un preso, un esclavo… Aquello que se ve obligado a hacer, es decir, allí donde no tiene libertad de elección, poco puede aportar a su perfil psicológico, excepción hecha de la rebeldía o la mansedumbre con que asuma tal circunsancia. De esta manera, y en lo que a las prioridades se refiere, la mejor manera de presentar a este tipo de personajes no es otra que la de mostrarle tomando decisiones que comprometen y descubre su personalidad. Ejemplos de ello serían: delatar o no a un compañero que planea una fuga; o compartir o no su comida con un compañero que ha sido castigado sin ella.

Así pues tenemos que, para poder explotar en toda su dimensión esta forma de presentar los personajes de una novela, es preciso que se den simultáneamente dos opciones excluyentes y de magnitudes comparables, de forma que la decisión lleve implícito el sacrificio que supone, pues cuanto mayor sea este más presión hará en el carboncillo con el que trazamos el perfil psicológico de nuestro personaje.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que les rodea

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presentar los personajes de tu novela: Lo que les rodeaContinuamos la serie de artículos dedicados a la presentación de los personajes de una novela con una nueva entrega en la que veremos la forma de presentarlos según lo que les rodea.

Hasta ahora hemos visto distintas formas de ir ofreciendo pinceladas de nuestros personajes al lector mediante distintos rasgos detectables o atribuibles a su persona. Hoy veremos cómo se puede contribuir de forma determinante a la definición de un personaje con la simple descripción de los objetos que le rodean.

Estaremos dando al lector una inmensa cantidad de información si le mostramos a nuestro personaje rodeado, por poner un ejemplo, de antigüedades. Ellas hablarán de sus aficiones, sus gustos, su cultura, sus conocimientos, pero también transmitirán información relacionada con su posición económica o con sus relaciones sociales o sus círculos de amistades.

Pero no siempre dispondremos elementos tan descriptivos en el entorno de nuestros personajes. Cuando manejamos personajes más convencionales que el del ejemplo anterior en sus gustos, aficiones, pasiones o tendencias, serán lógicamente los elementos más convencionales y cotidianos los que contribuyan a su mejor definición ante el lector. Imaginemos un personaje cuyo rasgo de personalidad más destacado, al menos a simple vista, es que es muy detallista o perfeccionista, bien, una buena forma de que su entorno inmediato hable de él mostrando ese rasgo es la de incluir en su entorno elementos tan sencillos como una maqueta formada con cientos de pequeñas piezas.

Circunstancias añadidas como la disposición o la limpieza o la ubicación en un lugar especial de determinados objetos servirán al propósito de la presentación del personaje. ¿No es acaso un elemento descriptivo de primer orden un urna funeraria de un familiar directo ocupando el lugar que muy bien podría ocupar una televisión?

Pero puede ser que el lector no preste atención exclusivamente a lo que rodea al personaje, sino que hay circunstancias en que puede importar mucho más lo que no está. Veamos un ejemplo. Imaginemos un personaje que ostenta una total y absoluta falta de gusto; esto se podrá mostrar mediante una descuidada decoración o una disonancia exagerada de colores, formas, tamaños o funciones de los objetos de los que se rodea. Del mismo modo, estaremos contribuyendo a formar una imagen potente de nuestro personaje en la mente del lector si lo describimos utilizando una máquina de escribir en lugar de un ordenador.

Cuando el elemento o los elementos de que se rodea son el resultado de una elección entonces estaremos ante un indicador claro de algún rasgo de la personalidad de nuestro personaje.

Obviamente, de la interactuación de nuestro personaje con aquello que lo rodea, también extraerá valiosa información el lector, por lo que es preciso mimar esta parte de las descripciones. De nada valdrá trabajar duro en la construcción de un escenario apropiado a nuestro personaje y propicio a los fines generales de la obra, si después no le hacemos interactuar con su entorno más inmediato de la manera más efectiva y descriptiva posible.

Es un ejercicio muy conveniente para trabajar la presentación de determinados rasgos de nuestros personajes mediante su entorno, convertirnos en una especie de investigador privado que pudiera observarlos durante un día completo y analizar cada detalle de lo que está y de lo que no está. Descubrir que nuestro personaje convive con elementos que no son de su agrado o cómo se habitua a carecer de otros que le son necesarios puede resultar determinante para encontrar aquellas expresiones que mejor lo definan ante el lector.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que le gusta

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Hasta ahora hemos visto cómo presentar a los personajes de una novela a través de lo que lleva, de lo que dice, de lo que piensa y de lo que hace. Hoy vamos a hablar de cómo se presentar a los personajes de una novela por lo que les gusta, o lo que les disgusta.

presentar los personajes de tu novela: Lo que les gustaCuando hablamos de lo que le gusta o disgusta a una persona estamos, sin duda, definiéndola. Estamos remarcando el contraste que resulta de medirla con un determinado termómetro. De una afirmación sobre gustos y disgustos resulta siempre un posicionamiento del personaje con respecto de un baremo susceptible de ser manejado con soltura por el lector.

Es cierto que la definición de los personajes a través de aquello que les gusta o disgusta puede ser muy relativa, pero precisamente ahí radica el mayor interés de esta forma de presentación.

Si preguntamos a nuestro personaje por sus gustos con respecto de una referencia absoluta, en caso de estas existan, la medida que nos dará será, con ligeras variaciones, muy similar en todos los lectores. Por lo tanto, será la medida tomada sobre una referencia relativa la que mejor pueda definir a nuestro personaje.

Aún se puede ir más allá cuando enfrentamos a nuestro personaje a la pregunta sobre el gusto por otros personajes del mismo relato. En este caso, la referencia no solo será relativa, sino que además será lo que podríamos llamar, móvil, ya que además de no provocar una adhesión o una animadversión uniforme en todos los lectores, esta visión puede variar a lo largo del desarrollo de la narración.

Ejemplo 1. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia (casi) absoluta o universal como los niños son adorables o el naranja es un color alegre. Si nuestro personaje comparte ese sentimiento casi absoluto sobre los niños o sobre lo alegre del color naranja no estaremos presentando ningún rasgo característico de nuestro personaje. Si, por el contrario, nuestro personaje no participa de ideas tan generalizadas, entonces sí estaremos dando a nuestros lectores datos relevantes y además muy interesantes sobre nuestro personaje.

Ejemplo 2. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia relativa como por ejemplo: los viajes. Tanto si a nuestro personaje le gusta viajar como si le disgusta hacerlo, le estaremos dando al lector un dato significativo sobre su personalidad. Cada lector tendrá su propio gusto al respecto y lo más probable es que, con base en ese gusto, a su propio baremo sobre el particular, comience a perfilar en su mente a nuestro personaje.

Ejemplo 3. Un personaje expresa su gusto/disgusto con una referencia relativa y además móvil como es uno de los elementos, por lo común un personaje, del mismo relato. Dado que los personajes son, deben ser, elementos con vida propia, la cual desarrollan a lo largo de la narración, la comparación entre los distintos personajes nos permitirá transmitir datos sobre ellos al lector que le permitirán hacerse una imagen lo bastante completa como para formarse una opinión y, probablemente tomar partido por unos o por otros.

Utiliza los gustos de tus personajes para dárselos a conocer al lector de una forma indirecta y compleja.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que hace

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que haceLa descripción de las acciones de nuestro personaje nos permiten presentar su cara más sincera, esa que no puede desdecirse, esa que lo retrata por dentro.

Si la descripción es fiel al personaje y a sus acciones, se constituirá en una potente herramienta narrativa. Pero esa potencia ha de ser controlada para que no se vuelva en contra del relato. Cada pequeño detalle que describamos de las acciones de nuestros personajes alimentará la imagen que de él se forme el lector en su mente, por lo que se debe supervisar muy detenidamente qué materiales queremos ofrecerle al lector para que elabore esa imagen.

Cada acción descrita tiene que tener no solo un origen y un destino lógico y natural dentro del convenio establecio con el lector para cada relato, sino que además sería bueno que tuviera un significado específico en la misma dirección que pretendemos imprimir al relato en cuestión. Por lo general, los escritores no se entretienen en describir acciones cotidianas o vacías de sus personajes, sino más bien al contrario. Como escritores deberemos esperar que el lector se pregunte si la acción que le describimos obedece o conduce a la razón o hilo principal de la historia y, en caso de no ser así, si lo consideramos un material importante (tanto como para detenernos sobre él) para que el lector complete el perfil psicológico del personaje. Si no cumple uno de esos dos objetivos, deberemos reconsiderar muy seriamente la inclusión de dicha descripción en la versión final de nuestro relato.

Un aspecto importante a tener en cuenta es la interacción que supongan las acciones descritas con los demás personajes, pues la descripción de unos y otros no será en absoluto independiente, sino todo lo contrario: interdependiente. De esta forma, cuando describimos a un personaje con un perfil psicológico fácilmente identificable para el lector, todo lo que interactúe con él será medido desde ese mismo perfil psicológico. Es decir, si tenemos por ejemplo a un personaje metódico, ordenado, pulcro, sus características nos servirán de termómetro para medir esos mismos valores en los demás personajes. En la siguiente vuelta de tuerca tendremos la reacción que de cada uno de ellos quepa esperar y que vendrá a completar, a su vez, su perfil psicológico.

Cuando el personaje ha tomado en la mente del escritor suficiente entidad e identidad, sus acciones (conocidas o por conocer) probablemente irán saliendo de los dedos del escritor con la impronta que le hemos concedido al personaje en nuestra imaginación, por lo que sí o sí, contribuirán a definirle psicológicamente. Por añadidura, si la trama en la que vivirá ese personaje lo acoge y lo integra plenamente, podemos estar seguros de que las acciones en que los describamos cumplirán al menos uno de los dos objetivos, cuando no los dos: aportar información psicológica del personaje y contribuir a la corriente que llevará al lector durante el viaje del relato hasta su conclusión.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensa

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Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que piensaContinuamos con la serie de artículos dedicados a las distintas formas que tiene un escritor de presentar a sus personajes ante sus lectores. Hoy trataremos la presentación del personaje por lo que piensa.

En la novela es ciertamente asequible recurrir al pensamiento del personaje que queremos presentar, siempre, claro está, que lo hagamos desde un narrador omnisciente o desde un narrador en primera persona y que esta sea el propio personaje.

Las líneas de pensamiento del personaje, al igual que ocurre con sus diálogos, determinarán la imagen que de él se vaya formando el lector. Pero a diferencia de los diálogos, la expresión escrita de sus pensamientos nos permite manejar con mayor flexibilidad aquello que acontece en el relato, pero sobre todo, nos permite manejar con mayor flexibilidad las expresión de las relaciones del personaje con los demás pesonajes. Dejar entrar al lector en la mente de nuestro personaje mediante esta expresión de sus pensamientos, lo desnuda frente a él, pero también establece con él lazos muy íntimos que pueden convertirse en sólidos puentes de complicidad en los momentos más delicados del relato.

Mostrar el pensamiento de un personaje es posicionarlo frente al lector, pero también es enviar un sutil mensaje al lector buscando empatizar con esa parte de él que piensa de un modo similar al personaje.

Sin descuidar la debida coherencia que contribuirá a la construcción de un personajes sólido, la exploración y exposición de sus pensamiento nos permite realizar eventuales incursiones en terrenos tan poco estables como el de las hipótesis, el de las elucubraciones, el de las fantasías y, en realidad, el de cualquier otra forma de divergencia de la realidad en la que vive el personaje. A su vez, cualquiera de esas incursiones en terrenos tan resbaladizos pueden formar un conjunto descriptivo de nuestro personaje extremadamente potente, por lo que es recomendable no transitar durante demasiado tiempo por esos caminos, no más al menos de lo que lo hacemos las personas reales, de modo que en dichas incursiones podamos encontrar unos cuantos adeptos más para nuestro personaje entre los lectores.

Muy propio de la técnica de mostrar el pensamiento de nuestro personaje es establecer un juego por diferencias con respecto de su propio diálogo. Todas aquellas divergencias -pequeñas o grandes- que podamos establecer entre los diálogos y los pensamientos del mismo personaje, no serán sino apuestas ganadoras, cuya recompensa será una cosecha de simpatías y filias en el lector, incluso aquellas que este se negaría a reconocer en público, siendo esas precisamente las de mayor valor y firmeza.

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Los finales en la ficción

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Los finales en la ficción. Los finales son, después de los principios, la parte más importante de un relato. Si es evidente que un relato debe tener un buen comienzo que enganche al lector y le incite a seguir leyendo, no es menos evidente que todo relato debe tener un final que enganche al lector, que le haga seguir pensando en la historia que acaba de leer y, sobre todo, que le incite a seguir leyendo más relatos del mismo autor.Los finales son, después de los principios, la parte más importante de un relato. Si es evidente que un relato debe tener un buen comienzo que enganche al lector y le incite a seguir leyendo, no es menos evidente que todo relato debe tener un final que enganche al lector, que le haga seguir pensando en la historia que acaba de leer y, sobre todo, que le incite a seguir leyendo más relatos del mismo autor.

Un buen final es aquel que, de alguna manera, por sutil que sea, está contenido, advertido o sugerido en el propio desarrollo del relato. Por lo que se podría decir que un buen final debe cerrar un círculo que empieza en algún punto del relato, incluso cuando se trate de un relato breve.

Los finales no pueden ser tan sorprendentes que puedan ser interpretados por el lector como un engaño. No pueden hacer sentir al lector como si acabara de llegar a una fiesta a la que no ha sido previamente invitado. Los finales inadvertidos tienen el mismo efecto sobre el lector que invitarle a una fiesta como si fuera de disfraces cuando es de etiqueta. Lo más probable es que el lector no vuelva a abrir la correspondencia del mismo remitente.

Entre las muchas cosas que un lector busca en un relato, nunca falta cierto grado de sorpresa. Es evidente la dificultad que entraña la misión de sorprender a alguien que quiere ser sorprendido y que, precisamente por eso, estará prevenido y alerta ante toda posible sorpresa. De ahí que los finales deben ser sinceros con el lector y darle lo que está esperando, el truco consiste en dárselo de una forma que no espera.

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Las acotaciones en narrativa

Las acotaciones en narrativa

En narrativa, las acotaciones no son un asunto menor que haya que dejar al libre albedrío e interpretación del lector. Al contrario de lo que muchos escritores noveles parecen tener por bueno, las acotaciones están sujetas a unas normas y a una estructura muy clara y muy sencilla.

Según la Real Academia de la Lengua, en narrativa, las intervenciones de cada uno de los personajes deben ir normalmente en líneas distintas y precedidos de una raya o guion largo (—). Además nos recuerda que no debe dejarse espacio entre este guion largo o raya y la primera palabra del diálogo que introduce.

En lo que se refiere a las acotaciones (esas indicaciones que hace el autor para comentar, precisar o matizar las intervenciones de los personajes), la RAE indica que «Se escriben dos rayas, una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del personaje y esta continúa inmediatamente después». Por lo que la raya de cierre no será necesaria si tras la acotación del narrador no prosigue el diálogo del personaje.

Cuando la intervención del narrador vaya introducida por un verbo de habla o eventualmente asimilable (dijo, comentó, explicó, intervino, sentenció, protestó, tronó, ladró…), debe iniciarse en minúscula aunque el diálogo que le precede termine con un signo de puntuación que tenga valor de punto, como el signo de cierre de interrogación o de exclamación. Y añade la RAE: «Si la intervención del personaje continúa tras las palabras del narrador, el signo de puntuación que corresponda al enunciado interrumpido se debe colocar tras la raya que cierra el inciso del narrador»

En el caso de que la intervención del narrador no venga introducida por un verbo de habla, el diálogo del personaje se cerrará con punto, por lo que el inciso del narrador comenzará necesariamente con mayúscula. Dice la RAE: «Si tras el comentario del narrador continúa el parlamento del personaje, el punto que marca el fin del inciso narrativo se escribe tras la raya de cierre», es decir, y tomadlo como regla nemotécnica: “raya y punto”.

Por último, para aquellos casos en que tras el inciso del narrador deban seguir dos puntos, explica la RAE: «…estos se escriben también tras la raya de cierre».

En esta imagen se pueden apreciar los casos más comunes de las acotaciones en narrativa:

Las acotaciones en narrativa. Fragmento de "El médico", de Noah Gordon. Las acotaciones en narrativa.
Fragmento de “El médico”, de Noah Gordon

En (1) tenemos una acotación del narrador que viene tras un signo de cierre de interrogación pero se escribe con minúscula inicial por venir introducido por un verbo de habla o que, en cualquier caso, matiza la forma de esa habla.

En (2) tenemos el punto de cierre que corresponde a la frase previa a la acotación (introducida por un verbo de habla), tras la propia acotación.

En (3) tenemos un inciso del narrador introducido por un verbo que no es de habla, por lo que la frase previa se cierra con punto y el inciso comienza con mayúscula.

En (4) tenemos el punto tras el guion de cierre de la acotación (“guion y punto”)

 
Para saber más, consultad el manual definitivo para escribir las acotaciones correctamente, editado por Scribere Editores.

Las acotaciones en narrativa

Víctor J. Sanz

El insomnio del escritor: Personajes complicados

El insomnio del escritor

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El insomnio del escritor. Hablando con una de mis alumnas del taller de escritura ("Tu factoría de historias"), le pusimos nombre a una sensación muy familiar para los escritores y que, por lo tanto, no suele ser objeto de extrañeza ni de curiosidad para estos.  Cuando un escritor esta tramando una nueva historia, los personajes danzan, balbucen, protestan, se escapan, se incomodan, incluso incomodan al escritor, y en ocasiones lo hacen tanto y tan bien que pueden hasta con el sueño más pesado. (El insomnio del escritor)Hablando con una de mis alumnas del taller de escritura (“Tu factoría de historias“), le pusimos nombre a una sensación muy familiar para los escritores y que, por lo tanto, no suele ser objeto de extrañeza ni de curiosidad para estos.

Cuando un escritor esta tramando una nueva historia, los personajes danzan, balbucen, protestan, se escapan, se incomodan, incluso incomodan al escritor, y en ocasiones lo hacen tanto y tan bien que pueden hasta con el sueño más pesado.

Me decía mi alumna: “Víctor, ¿sabes que me ha pasado?, que anoche me desperté preocupada por el protagonista” (En el taller “Tu factoría de historias” cada alumno redacta, como parte de los ejercicios prácticos del curso, su propia novela). Dado que a los protagonistas hay que meterlos en problemas serios también hay que preocuparse por ofrecerles al menos una posibilidad de que salgan con bien o más o menos enteros. Le respondí: “¿Sabes cómo se llama lo que te pasó anoche?, se llama escribir.

Un escritor no escribe solo cuando realiza el acto físico de escribir, sea cual sea el medio que utilice para hacerlo. No, un escritor escribe siempre, mientras respira, mientras come, mientras lee, mientras se ducha, mientras duerme y, por supuesto, mientras no duerme porque está muy ocupado (y muy preocupado) buscando los cabos perdidos de su trama, esto es: escribiendo. Da igual si deja constancia en un papel de lo que ha escrito en su cabeza, el acto de escribir es muy anterior al acto de la escritura.

6 amigos del escritor. La persistencia, la organización, el diccionario y la tijera son algunos de los mejores amigos del escritor.

6 amigos del escritor

Por lo general, los escritores no tienen tantos amigos como enemigos. A menos, claro está, que estemos hablando de un escritor de éxito, que suele tener más amigos que enemigos, y más amigos de los que cabría suponerle en caso de que no hubiera sido alcanzado por el éxito.

6 amigos del escritor. La persistencia, la organización, el diccionario y la tijera son algunos de los mejores amigos del escritor.Pero no hablaremos hoy de amigos físicos, sino de amigos en el sentido de ayudas de las que puede proveerse un escritor en el desempeño de su labor. Anteriormente hemos hecho un repaso escueto de 6 enemigos del escritor, hagamos ahora un repaso de 6 amigos del escritor.

Antes de empezar, es preciso advertir y recordar a quien siga creyendo en romanticismos, que la de escritor es una profesión demasiado idealizada por quienes no lo son.

1.- Persistencia y disciplina

El primer amigo que cabe mencionar, y sin el cuál los otros tal vez nunca vendrían, es la persistencia. Persisto luego escribo; el que persiste la consigue; escribo luego persisto; persisto luego existo y persisto luego éxito. Esta podría ser muy bien la secuencia lógica de los efectos positivos que tiene la persistencia en la vida y oficio de un escritor.

De la persistencia el escritor puede hacer su rutina, su camino, su forma de vida. Los éxitos no llegan solos, hay que ir a buscarlos y, las más de las veces, hay que ir a buscarlos bien lejos.

La persistencia ayuda a un escritor no solo a terminar una obra, incluso las que se enquistan, endurecen y resecan; sino que también le ayuda a mejorar una obra una vez terminada. La persistencia ayuda a un escritor en su búsqueda de la perfección, una búsqueda que no siempre tiene por qué terminar con la perfección absoluta, pero siempre con la perfección máxima a la que pueda aspirar la obra en curso dentro de sus posibilidades.

2..- Organización y disciplina

Otro gran amigo del escritor, suele ser la organización del trabajo. Entre las herramientas que ayudan a un escritor a organizar su trabajo podemos destacar, las fichas de los personajes o los esquemas narrativos.

La persistencia, la organización, el diccionario y la tijera son algunos de los mejores amigos del escritor.

Aunque esto no es compartido por algunos grandes escritores, como ocurre por ejemplo con Juan José Millás, convertido casi en un voyeur de su propia novela, cuando afirma que prefiere ir descubriendo la trama a medida que ocurre ante sus ojos. Creo que ese descubrimiento también puede hacerse durante la realización de los esquemas narrativos, ya que del mismo modo se va descubriendo la trama a medida que tiene lugar. Es cierto que luego, convertir ese esquema en una novela, puede perder un poco de interés, ya que conocemos la historia que vamos a narrar, pero ¿qué es sino narrar esa historia, el oficio del escritor?

3.- El diccionario y la disciplina

El diccionario o, mejor dicho, los diccionarios, deben ser una prenda de vestir más para el escritor. Del mismo modo que uno no suele salir a la calle sin ropa interior, tampoco debiera aventurarse a escribir sin un diccionario a mano. Resultan básicos el de la Real Academia, uno de sinónimos y antónimos; y ya, en segundo término, pero no por ello descartables, uno etimológico; uno de frases hechas; uno de giros y locuciones; uno de parentescos insólitos del lenguaje (*); uno de atentados contra el idioma español (*); uno de incorrecciones, particularidades y curiosidades del lenguaje (*); o incluso un diccionario inverso que permite la búsqueda de un término concreto a partir de alguna de las palabras contenidas en su definición, éste está disponible en la página web: www.dirae.es (acrónimo de Diccionario Inverso de la Real Academia). Aparte quedarán los temáticos que cada obra requiera, como los diccionarios de términos de arte, o de términos históricos, por ejemplo.

4.- El tiempo y la disciplina

El tiempo es un gran aliado del escritor, y no solo para la elaboración de los textos, sino también para su curación o envejecimiento. Un texto no debe ser revisado o corregido inmediatamente después de haberse terminado. Un texto requiere de tiempo y distancia, y más que el texto, es el propio autor quien lo requiere, ya que gracias a ellos, verá con otros ojos el texto que debe revisar y corregir. Después de ese tiempo, los frutos de la revisión/corrección son muy beneficiosos para el texto. Es casi imposible señalar un tiempo de reposo para un texto, pues depende de muchas variables, como el tema, la extensión, la finalidad, o la cercanía del propio autor con él, entre otras.

5.- La relectura en voz alta y la disciplina

Releer en voz alta una obra una vez terminada es una de las mejores maneras de revisar y corregir, entre otras cosas, los signos de puntuación, pero también la musicalidad del texto. El objetivo último de estas relecturas, pues es casi seguro que serán necesarias varias, es que el texto que hemos escrito diga lo que queríamos (o hemos empezado a querer) que dijera.

6.- La tijera y la disciplina

Acabaremos este repaso de amigos del escritor con otro de los grandes: la tijera. No hablamos de censura, no hablamos de economía o ahorro de caracteres, palabras, líneas, párrafos o páginas. Hablamos de concretar, sintetizar, casi se podría decir esquematizar la historia que estamos contando. Aquello que le es accesorio, probablemente le sobre. Lo que para ser dicho precisa de 2 líneas, no debe decirse en 5 líneas.

  • Como resulta obvio, la disciplina es algo que no puede faltar en cualquier recuento de amigos del escritor. La disciplina lo es todo, pues sin disciplina el oficio de escritor se queda en afición  y, a menos que ésa sea la meta a conseguir, se debe ser disciplinado. Decir que eres escritor no hará que lo seas, escribir sí.

(*) Estos diccionarios existen con ese mismo título

Reescribir, reescribir, reescribir

Reescribir, reescribir, reescribir

Ya hemos escrito la palabra fin, pero no hemos terminado nuestro texto, ni mucho menos. Para muchos incluso, es en ese momento cuando da comienzo la tarea más dura y más larga de la escritura: REESCRIBIR. Pero ¿hasta dónde debe llegar la tarea de reescritura de un texto?, ¿es la reescritura un camino a la perfección?, ¿es acaso, un camino en círculos por la imperfección?

Reescribir a veces puede llegar a convertirse en una obsesión
Reescribir a veces puede llegar a convertirse en una obsesión

El periodista y escritor Javier Sierra comentaba en una ocasión que cada vez que terminaba un texto lo dejaba dormir durante un tiempo en un cajón, para luego volver a leerlo y trabajar sobre él con ojos nuevos. Tomar esa distancia con el texto propio permite al escritor, entre otras cosas, ver florecer esos errores, en ocasiones banales, que durante la escritura y aún en una primera lectura escapan a un ojo, por lo demás, entrenado y dedicado a otros fines de mayor envergadura.

¿Hasta dónde se puede o se debe reescribir una novela?

En términos generales, es recomendable observar algunos puntos esenciales en la siempre difícil valoración objetiva del texto propio:

ARMONÍA DE CONJUNTO

Realizar una lectura completa, sin parase a realizar análisis demasiado concienzudos sobre aspectos técnicos o formales. Analizando el conjunto, la unidad, sólo así nos podremos hacer una idea de lo que realmente llegará al lector. De este análisis debe resultar visible una armonía entre las distintas partes y componentes que forman la obra; entre sus unidades de acción, entre sus personajes, incluso entre los propios párrafos de un mismo capítulo, sin ir más lejos.

OBJETIVOS

Identificar y extractar del texto los principales elementos que en su día nos movieron, comprobando así si realmente están todos y en la misma forma que pretendíamos o si, por contra, no hemos sido capaces de plasmarlos adecuadamente o no resultan visibles como lo eran en la fase inicial.

CONCRECIÓN

Evitar digresiones que no sean absolutamente imprescindibles, esto es, evitar aquellas que no sean completamente funcionales. En este análisis nos toparemos con fragmentos que pueden ser eliminados sin más, sin que se vea afectada ni la imagen de conjunto de la obra, ni su mensaje, ni su calidad. Por lo general, escribir de más sobre una misma idea no contribuye a aclararla, sino a desgastarla, pero escribir de menos, tampoco resulta útil ni apropiado. Es preciso buscar el no siempre fácil término medio.

RITMO

El texto debe tener un ritmo casi musical que acompañe al lector durante la historia narrada. Llevado a la unidad mínima, el ritmo de una frase puede ser cambiado radicalmente por tan solo una coma, dice Oscar Wilde: «Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla». A este ritmo contribuye, naturalmente, la buena elección de las palabras, labor que requiere exactitud, pertinencia y coherencia. Como dice Guy de Maupassant, con respecto de la exactitud: «Cualquiera que sea la cosa que se quiere decir, solo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y una adjetivo para calificarla». Con respecto de la pertinencia, parece obvio que las palabras elegidas tienen que resultar apropiadas al contexto, al personaje que la está pronunciando o a la situación que se está describiendo, algo que no siempre resulta tan fácil como pudiera parecer. Dice Pablo Neruda: «Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció…». Con respecto a la coherencia, las palabras utilizadas deben formar una perfecta asociación con el personaje que las pronuncie si es un diálogo o con la situación si es una descripción. Además, esas palabras deben resultar coherentes en el conjunto, primero de la unidad de acción y luego de toda la obra.

Además, como es natural, un texto terminado deberá ser sometido, para estar realmente terminado, a otro tipo de revisiones, como son la ortográfica, léxica o sintáctica. Estos análisis, por desgracia, son muchas veces realizados con ligereza, cuando no directamente menospreciados.

Reescribir, reescribir, reescribir

Víctor J. Sanz