5 ideas (y media) para hacer buenas descripciones en narrativa

La de las descripciones es una de las áreas de la narrativa más olvidadas o, para ser más exactos, más dadas por sabidas y conocidas por todos los autores. Parece como si no fuera necesario saber más de lo que pueda saber cualquiera para conseguir una buena descripción, y esto no es del todo cierto, de hecho no puede ser más falso. Hacer buenas descripciones no está al alcance de cualquiera, no todos los escritores las consiguen siempre en sus obras y, sin embargo, todo el mundo, las consiga o no, da por hecho que las hace muy bien o, cuando menos, que no las hace “tan mal”.

Nadie tiene la llave maestra de la caja de seguridad donde se guardan las descripciones brillantes, pero estoy seguro de que cada uno puede tener acceso a su propia pequeña caja del tesoro.


Para ello aquí van

5 ideas (y media) para hacer buenas descripciones en narrativa

  1. De los personajes. No uses clichés como “de mediana edad”. Si lo que quieres decir es que su edad parecía indefinida, di algo más parecido a eso. Pero si lo que de verdad quieres decir es que su edad resultaba igual a la media de la mayoría o que estaba entre los 35 y los 55, entonces también te lo puedes ahorrar, porque no parece que sea un rasgo identificador lo suficientemente concreto como para que el lector lo necesite para seguir leyendo y, lo que es más normal, lo retenga en su memoria. Imagínalo viendo desfilar en su mente a todos tus personajes e intentando recordar a quién y a cuántos les has puesto la etiqueta de media edad. Salvo que esta expresión forme parte del diálogo de un personaje policía, periodista poco profesional o similar, es mejor no usarla. Los policías (y los periodistas poco profesionales) pueden hablar como quieran, que para eso son policías (o periodistas poco profesionales) y no escritores.
  2. De las ubicaciones. Lee un montón de folletos turísticos, de más o menos un metro y medio de alto. Cuando hayas terminado ya sabrás todo lo que debes evitar en las descripciones de este elemento. No hagas un folleto turístico de las ubicaciones de tus escenas. Cuida los términos que usas y destaca lo diferente, pero no como si quisieras que el lector fuera allí de vacaciones en vez de estar leyendo tu novela.
  3. De los objetos. No te sientas en la obligación de describir cada una de sus medidas, a menos que el narrador sea un arqueólogo, un diseñador, un arquitecto, un policía, un forense o tenga cualquier otra profesión en la que su uso sea corriente y necesario para el discurrir del relato. Ni tampoco los describas en una larga sucesión de objetos que te llevará un par de páginas, que es mucho más de lo que tarda un lector en cerrar tu libro. Di de ellos lo imprescindible y dilo cuando resulte imprescindible.
  4. A lo abstracto por lo concreto. Cuando intentes describir conceptos abstractos, tus mejores aliados son los términos concretos. Por ejemplo, si quieres definir la fiereza de un gato, parece que lo más razonable puede ser añadirle dientes puntiagudos, y lo sabemos (como lo sabrá el lector), porque el gato los está enseñando, nos amenaza con ellos; o añadirle un bufido; o describir cómo prepara sus afiladas uñas para arañarnos (para arañar al lector, acaso). hacer buenas descripcionesEl resto del trabajo hasta llegar al concepto “fiero” corre por cuenta del lector. Si después de leer un fragmento con estos elementos, alguien le preguntara al lector cómo era el gato, sin dudarlo dirá: fiero. Pero si, como escritores, le decimos al lector directamente que “el gato era fiero”, le estaremos privando de participar en la lectura de forma activa y, lo más evidente y negativo para el escritor: que le pareceremos un vago al lector y se le irán quitando las ganas de leernos.
  5. A lo concreto por lo abstracto. Y cuando intentes describir conceptos concretos, tus mejores aliados serán los conceptos abstractos. Por ejemplo, para describir el color negro del cabello de un personaje, no está bien que nos limitemos a ser correctos diciendo que “su pelo era negro“, está claro que quedaría mucho mejor referirnos al color de otro modo que incite al lector a participar en la construcción de nuestro relato imaginando en este caso nuestra definición. Si decimos, por ejemplo “tenía un pelo carbón” o “sus cabellos eran carbón“, estamos forzando al lector a que genere en su mente una imagen con la que ilustrar nuestro relato, con lo que su experiencia será mucho más rica.
  • Bonus Track:
    • Evita… descripciones copiadas; las variaciones de fórmulas desgastadas de tanto ser usadas por una legión de escritores ansiosos por parecer originales y distintos; evita transmitirle al lector informaciones genéricas y poco precisas sobre aquello que estás describiendo, porque no le estarás ayudando a distinguir aquello que pretendes definir.

Si quieres profundizar en las descripciones te espero en el taller El lenguaje literario, que imparto en la Escuela de Formación de Escritores. En él abordamos todo lo relacionado con la descripción literaria y otros aspectos muy importantes de la expresión literaria.


5 ideas (y media) para hacer buenas descripciones en narrativa

© Víctor J. Sanz