Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que prioriza

Formas de presentar los personajes de tu novela: Lo que prioriza >>

presentar los personajes de tu novela: Lo que priorizaHasta ahora, en esta serie, hemos hablado de distintas formas de presentar los personajes de una novela: por lo que lleva, por lo que dice, por lo que piensa, por lo que hace, por lo que le gusta y por lo que le rodea, hoy hablaremos de dejar que nuestros lectores aprendan sobre nuestros personajes por aquello que estos priorizan.

Dar prioridad a una cosa sobre otra lleva implícita una decisión y toda decisión, más allá de la interpretación superficial, supone la exposición de algo que, en muchas ocasiones, puede ser de vital importancia para una persona o, lo que es lo mismo, para un personaje.

Cuando tomamos una decisión estamos poniendo en marcha un proceso de selección artificial, en el que de alguna manera concedemos nuestra representación a la opción elegida. Dicho de otra manera, somos aquello que elegimos; nuestros personajes son aquello que eligen, aquello que anteponen a otras opciones igualmente posibles y de una dimensión comparable. Pocas cosas definen tanto y tan profundo a un personaje como ponerlo a tomar una decisión entre dos opciones excluyentes: una altruista y otra egoísta, incluso aunque el elemento objeto de la decisión no sea algo de suma trascendencia.

Porque incluso aquellas decisiones que afectan a elementos aparentemente intranscendentes, incluso las decisiones más nimias y cotidianas, pueden decir mucho a nuestros lectores acerca de nuestros personajes. Desde la elección del color de la ropa que compran o visten, hasta la elección de cierto tipo de bebida en lugar de otras, también puede contener mucha y valiosa información psicológica con la que formar su perfil.

La posibilidad de priorizar, entendida en el plano más personal, pues de eso hablamos, se hace especialmente visible en el tiempo libre y en la utilización de los recursos disponibles. Desde la decisión misma de a qué se dedica ese tiempo libre en detrimento de otras actividades, hasta la forma de ejecutar esa decisión.

Un ejemplo ilustrará esta idea. Hablando de tiempo libre…, imaginemos un personaje que está privado de su libertad: un preso, un esclavo… Aquello que se ve obligado a hacer, es decir, allí donde no tiene libertad de elección, poco puede aportar a su perfil psicológico, excepción hecha de la rebeldía o la mansedumbre con que asuma tal circunsancia. De esta manera, y en lo que a las prioridades se refiere, la mejor manera de presentar a este tipo de personajes no es otra que la de mostrarle tomando decisiones que comprometen y descubre su personalidad. Ejemplos de ello serían: delatar o no a un compañero que planea una fuga; o compartir o no su comida con un compañero que ha sido castigado sin ella.

Así pues tenemos que, para poder explotar en toda su dimensión esta forma de presentar los personajes de una novela, es preciso que se den simultáneamente dos opciones excluyentes y de magnitudes comparables, de forma que la decisión lleve implícito el sacrificio que supone, pues cuanto mayor sea este más presión hará en el carboncillo con el que trazamos el perfil psicológico de nuestro personaje.

Clica aquí para leer todas las entradas de esta serie: “Formas de presentar los personajes de tu novela”

© Víctor J. Sanz

Diez autores cuentan cómo crear un personaje de novela

Cómo crear un personaje de novela.

Hubo un día en que el profesor Baer encontró los cuentos de terror de Jo March y le pareció que ninguna mujer —y menos si estaba por ser su novia— podía escribir esas cosas. Jo March lloró ese día y prometió escribir cuentos para niños. Fue un día de dolor —en realidad mucho días, uno por lectora— para miles de nenas de todo el mundo: las que leyeron, a través de más de un siglo, Mujercitas. Esa renuncia, el punto en que se somete la rebelde, la independiente, la talentosa Jo, era casi una amenaza. ¿Era real Jo March? O mejor: ¿qué tienen, cómo están hechos los personajes de la literatura que se meten en nuestra vida?

Una primera respuesta la da Luigi Pirandello, el autor italiano que en 1921 dio a conocer su obra de teatro Seis personajes en busca de un autor. “Los Personajes —dice— no deben aparecer como fantasmas sino como realidades creadas, construcciones inmutables de la fantasía: más reales y más consistentes, en definitiva, que la voluble naturalidad de los actores”.

Por obra de la literatura, un enamorado es un Romeo, pero si las familias se llevan mal son Montescos y Capuletos. Shakespeare los creó hacia 1595, cuando los barcos cruzaban los mares cargados de esclavos. Shakespeare, sus contemporáneos, los poderosos de su época son menos que polvo. Los personajes siguen vivos. Pero claro que no cualquier personaje vive: ésa es labor del autor.

Diez autores desvelan cómo crear un personaje de novela

“Yo quisiera, y me esfuerzo para que así sea, que mis personajes sean ellos mismos y no hechos a imagen y semejanza del autor”, dijo en 1987 Adolfo Bioy Casares. “Trato de no transmitirles cosas mías, de mi formación intelectual”, había dicho en 1976.

Hay personajes que tienen más de una vida, sin que haya cambiado una letra del texto original. Uno de esos casos es el de Martín Fierro. Antes de que el Martín Fierro fuera el poema nacional, el libro de José Hernández era leído como un texto campero más, escrito como protesta por las condiciones de vida de los gauchos en los fortines. Poco después del Centenario, Leopoldo Lugones hizo una serie de conferencias en el Teatro Odeón donde se ocupó de canonizar el poema. Lugones presentaba al gaucho como símbolo de la nacionalidad y de paso lo contraponía a una inmigración creciente. Quedaron de lado sus borracheras y su rebeldía yFierro encarnó las virtudes nacionales. Borges, que discutía a Lugones, discutió también esta idea: “Nuestra historia es mucho más completa que las vicisitudes de un cuchillero de 1872, aunque esas vicisitudes hayan sido contadas de un modo admirable”.

En 1963, Julio Cortázar escribió Rayuela y allí apareció La Maga, una mujer bohemia, que se cita al azar con su amante, Horacio Oliveira, en cualquier esquina de París. Muchas mujeres quisieron ser La Maga, muchas cosas llevaron su nombre o el de Rocamadour. ¿Fue un personaje pensado hasta el más mínimo detalle? La Maga es montevideana, del barrio del Cerro. ¿Por qué? Cortázar lo dijo con sencillez: “Ahora, por qué la puse a ella ahí, no lo sé. Porque no hay que olvidarse de lo que se cuenta cuando La Maga recuerda lo que le había pasado con un negro y habla de lo que era la casa. Allí se describe un conventillo y me pareció que el Cerro venía bien para ubicarla”.

Si se hace una lista de personajes temerarios, allí estará Carrie White, esa estudiante frágil de la que se burlan sus compañeros. Stephen King, su autor, sabe de dónde salió Carrie: lo mandaron a limpiar un vestuario femenino. Días después “me acordé del vestuario y empecé a visualizar la escena inicial de un relato: un grupo de niñas duchándose sin intimidad y una de ellas empieza a tener la regla. Lo malo es que no sabe qué es y las demás empiezan a burlarse de ella y a tirarle compresas…” Esta imagen se combinó con un recuerdo: King leyó un artículo sobre la facultad de mover objetos con el pensamiento. “Ciertas pruebas apuntaban a que la gente joven era más propensa a tener esa clase de poderes, sobre todo las niñas en el inicio de la adolescencia, cuanto tienen la primera…” Se habían unido dos ideas. Hecho.

 

“Hago los personajes para que vivan su propia vida”

Ray Bradbury desvela cómo crear un personaje de novelaRAY BRADBURY
Es estadounidense. Escribió Crónicas marcianasEl hombre ilustrado;Fahrenheit 451Cuentos del futuro y Las doradas manzanas del sol.

Yo diría que creo mis personajes para que vivan su propia vida. En realidad, no soy yo quien los creo a ellos sino que son ellos quienes me crean a mí. Lo que tengo claro cuando escribo, es que quiero que los personajes vivan al límite de sus pasiones y de sus emociones. Quiero que amen, o que odien, que hagan lo que tengan que hacer, pero que lo hagan apasionadamente. Es eso, esa pasión, lo que la gente recuerda para siempre en un personaje. Pero no tengo un plan preconcebido: quiero vivir las historias mientras las escribo. Le doy un ejemplo sobre cómo es mi relación con los personajes. Es algo que me pasó: el personaje principal deFahrenheit —obligado a quemar libros— vino un día a mí y me dijo que no quería quemar más libros, que ya estaba harto. Yo no tenía opciones, así que le contesté: “Bueno, como quieras, dejá de quemar libros y listo”.
De modo que él no quemó más libros y así terminó escribiéndose esa novela.

 

“Entre las tensiones y la actitud liberadora”

PAULO COELHO
Es brasileño. Integra la Academia de Letras del Brasil. Escribió, entre otros:El alquimistaLa quinta montañaBrida y Veronika decide morir.

Todo hombre pasa —según mi entender— por un proceso que es semejante al de un volcán. Se va acumulando masa y en la superficie no se transforma nada. El hombre, entonces se pregunta: “¿acaso mi vida será siempre así?” En un momento dado empiezan los síntomas de la erupción. Si el hombre es una persona inteligente, dejará que la lava salga y se transforme el paisaje que lo rodea. Si es un burro, tratará de controlar la explosión; a partir de ese punto toda su energía se gastará en el intento de mantener ese volcán bajo control. Yo fui lo bastante pragmático como para entender que era necesario aceptar una cierta medida del dolor de la explosión para después poder alegrarme con el nuevo paisaje. Así es como los personajes de todos mis libros viven entre estos dos mundos: uno de ellos es el mundo en que rige el aumento de las tensiones. El otro, es el de la actitud de liberación.

“El novelista es como un médium de ese individuo”

ROSA MONTERO
Es española. Escribió, entre otros: La hija del caníbalCrónica del desamorTe trataré como a una reinaEl corazón del tártaro,Amado amo y Bella y oscura.

Los personajes aparecen en tu cabeza en primer lugar muy pequeños, reducidos a una imagen, o una frase, o un gesto, una característica, una decisión, algo… es un núcleo sustancial a partir del cual ese personaje se va construyendo. Y lo desarrollas viviéndote dentro de él, es decir, es el personaje el que te va enseñando cómo es.
El novelista debe de ser lo suficientemente humilde como para dejar de lado su voluntad, digamos, y hacer caso a lo que el personaje le va contando de sí mismo… en algún sentido, el novelista es como un médium de ese individuo. La creación de una novela es muy semejante a un sueño. Tú no escoges el sueño que vas a tener, por el contrario el sueño se te impone. Por eso, cuando el escritor tiene verdadero talento, a veces los personajes le sacan de sus propios prejuicios. Por ejemplo, Tolstoi, que era un machista terrible y un reaccionario, escribió Anna Karenina queriendo hacer un libro contra el progreso; su idea primera era contar cómo el progreso era tan malo que incluso las mujeres se hacían adúlteras. Pero luego su personaje, Anna, le arrastró hacia algo mucho más verdadero, hacia un libro que denuncia el sexismo, la doble moral burguesa, la opresión de las mujeres. Todo eso se lo contó Anna a Tolstoi.

 

“Surgen de algún lugar entre los sueños y la esperanza”

ANGELES MASTRETTA

Es mexicana. Escribió El mundo iluminadoMal de amoresArráncame la vidaMujeres de ojos grandesPuerto libre y Ninguna eternidad como la mía. Ojalá tuviera claro cómo se construye un personaje. Si lo supiera estaría construyendo uno tras otro.
Yo creo que los personajes se crean dentro de uno, mucho antes de que uno se atreva a contarlos. A veces, irrumpen sin más a media tarde y convierten todo en una feria de lo desconocido. ¿De dónde salió esta mujer? ¿De dónde este hombre solitario? ¿De dónde este padre entrañable? ¿De dónde esta vendedora? ¿De dónde el encantador viejo que adivina las cosas?
No sé.
De algún lugar entre los sueños y la esperanza, de un recóndito abismo que se guarda nuestros secretos y los pone de pronto sobre la mesa.
Yo veo a los personajes y los oigo desde antes de escribirlos, sin embargo, mientras los escribo veo cómo se convierten en seres vivos, con los que soy capaz de dormir y a los que recurro mucho tiempo después cuando necesito consuelo y quiero reírme o me urge alguien con quien echarme a llorar.
Cuando termino uno novela, extraño a los personajes que dejé ahí. Sobre todo extraño a los padres de Emilia Sauri, a su tía Milagros, a la Prudencia Migoya de Ninguna.

 

“Nunca pueden sustraerse a la historia del autor”

FEDERICO ANDAHAZI
En 1996 ganó el Premio Fortabat por El anatomista. También escribió Las piadosasEl príncipe y El árbol de las tentaciones y El secreto de los flamencos.

Un personaje se construye con distintos fragmentos de la subjetividad del autor. Por menos autobiográfico que se pretenda un personaje, nunca puede sustraerse a la historia de su creador. Esta dimensión debe pasar inadvertida para el lector y, en el mejor de los casos, también para el autor.
El personaje tiene que resultar verosímil. Debe cobrar “vida” y generar la ilusión de que es independiente del autor. Desde el Quijote hasta Joseph K., los grandes personajes encarnan el lugar del héroe. Sin dudas, que sea recordado depende del grado de identificación que ejerza sobre el lector. No hay otro secreto.
Para que un personaje sea sólido, el lector tiene que hacerse una representación clara de su fisonomía. Las características físicas, en general, deben ajustarse a sus rasgos espirituales. Para lograr una dimensión visual del personaje, muchas veces es más convincente una descripción anímica que una larga y enumerativa descripción física. Y a la inversa, a veces una brevísima descripción física puede definir el carácter. En ningún caso el aspecto del personaje debe quedar enteramente librado a la imaginación del lector. La composición del personaje tiene que estar supeditada a las necesidades narrativas, incluso en detalles en apariencia insignificantes.

 

“Viven en un misterio que revelan con sus acciones”

ANTONIO SKARMETA
Es chileno. En 2001 ganó el premio Medicis, francés, por La boda del poeta. Es el autor de El cartero de NerudaNo pasó nada y La chica del trombón.

Lo que hace atractivo al héroe es su fluidez. Es decir, el tránsito desde lo que ese ser cree ser hacia el ser que quiere ser. Por lo tanto, un personaje es siempre un proyecto. Lo que él es viene también determinado por la manera como lo ven los otros personajes. En la novela contemporánea un personaje es una relación. El personaje no debe preexistir a la novela.Son los actos los que lo moldean, las opciones que toma. Lo ideal es que el personaje entre levemente en nuestra existencia y que nos anuncie que espera un cambio, acaso de tal magnitud, que nos lleve con él hacia una metamorfosis. También es posible que el héroe se mantenga en sus posiciones y sea deteriorado por la realidad cambiante. En la construcción de la narradora y protagonista de La Chica del Trombón
tuve que ser muy diligente. En ella se produce la situación paradójica de que es una chica huérfana sin pre-historia y obligada a buscar sus raíces en el futuro. Esto define su carácter: es alguien que está moldeándose en algo impreciso. Un personaje es una encrucijada de opciones. Los grandes personajes de la literatura están consumidos por la sensación de que habitan en un misterio que deben revelar con sus acciones. Lo que los define es el riesgo. Desde allí irán al fracaso, o a la gloria.

 

“Se va construyendo a sí mismo en cada página”

LEOPOLDO BRIZUELA

Ganó el Premio Clarín de Novela en 1999, por Inglaterra. Una fábula. También es autor de Fado (poemas), Tejiendo agua y El placer de la cautiva.

En el principio hay una imagen, de la realidad o de los libros, que me impresiona, y a la que le invento una historia.
Sólo una vez que cuento con esa historia, con esa estructura, me pongo a imaginar, sin apuro, como quien deja madurar una fruta en el árbol —un árbol que prescinde de cualquier tipo de exigencia ajena—, qué personajes podrían protagonizarla.
Todo depende, también, del género en que esa historia pida ser contada: si es un melodrama, o una fábula, o un relato gótico, voy imaginando el personaje a partir de un rasgo predominante, el que le permite insertarse en la trama.
Si es un relato realista, en que los personajes aparentan tener las mismas complejidades de las personas reales, incluso en el hecho de tener contradicciones, necesito conocerlos a tal punto que, sea cual sea la situación en que los ponga, los enfrente a quien los enfrente, puedan reaccionar con fidelidad a su propia esencia.
Sin embargo, lo más difícil es que, a diferencia de otros elementos como el espacio o un paneo sobre la época de los acontecimientos, el personaje se va construyendo en cada página.
Así, se enriqueciéndose a sí mismo en cada nueva acción, corrigiéndose a sí mismo en cada nueva palabra, connotando, además, su época, su espacio, y por supuesto, a su propio autor.

 

“Se va tratando de recordar la forma de ser de alguien”

MARCOS AGUINIS
En 1970 ganó el premio Planeta español por La cruz invertida. Escribió:Carta esperanzada a un generalLa conspiración de los idiotas y La gesta del marrano.

Los personajes vienen al autor en forma inesperada. Buscan al autor y esperan que los tengan en cuenta.
Si ya tengo los personajes principales de una novela, los secundarios estarán en las antípodas, aunque se alejen de los gustos del autor. Fray Bartolomé Delgado, de La gesta del marrano, fue creciendo a partir de que yo quería poner frente al personaje central una fuerza detestable, opresiva. Es un personaje que tiene rasgos grotescos, con dulzura y cinismo.
Cuando uno busca un personaje positivo va tratando de recordar la forma de ser de alguien. Yo, en lo físico, marco algunos rasgos notables que alcanzan para recordarlo y nada más.
A veces influyen personajes de otros libros, pero es peligroso usarlos, aparece eso que se llama intertextualidad y puede ser plagio.
En algunos personajes no hace falta recordar su pasado, basta con alguna característica hecha con la economía de una caricatura. En otros sí, el pasado explica el presente, pero esto no debe presentarse en forma mecánica: la conducta en el presente debe sorprender al lector. Si no, el libro sería un ladrillo.
Un personaje es creíble cuando habla y se comporta de acuerdo a lo que sus rasgos más fuertes determinan. En vez de describirlo, prefiero dejarlo actuar. Y que el lector saque sus conclusiones.

 

“Los personajes son como el amor a primera vista”

MARIA ESTHER DE MIGUEL
Ganó los premios Nacional y Planeta, entre otros. Es autora de La amante del Restaurador y Las batallas secretas de Belgrano y otros.

Al principio tenés la intuición de algo. Pensás: “quiero un asesino, quiero un héroe, quiero una mujer enamorada”.
A veces robás sus características de la realidad: tomás una cara, una voz… A veces los sacás de otra novela. A medida que avanza la historia vas encontrando los detalles y muchas veces retrocedés para agregarlos.
De entrada, no tengo un personaje acabado, ni siquiera cuando se trata de personajes históricos. En la Historia están los datos, las fechas, las familias. Pero el personaje lo armás vos con tu imaginación.
Si en el imaginario colectivo un personaje es de determinada manera no te podés apartar mucho. El personaje histórico da más trabajo en lo técnico, más trabajo artesanal. No podés zafarte de los documentos. Yo, cuando dudaba, les daba un golpe de teléfono a historiadores como Félix Luna o a Hebe Clementi o a María Sáenz Quesada.
Cuando trabajé sobre Urquiza me fueron surgiendo escenas: como podía ser una tertulia, qué conversaciones podía tener. Ahí salió el hombre culto, el estadista, el guerrero.
Como el amor a primera vista, los personajes aparecen con sus características. Hay cosas que son como los huesos: no se modifican. Un personaje vivo no es flan, como yo no he sido un flan en mi vida.

 

“Un universo de seres reales son nuestro modelo”

ALICIA STEIMBERG
Ganó el Premio Planeta en 1992 por Cuando digo Magdalena. Entre sus libros están: Músicos y relojerosAmatistaEl árbol del placer y La selva.

Hay varias maneras de construir un personaje.
¿Cómo construí yo el personaje de la abuela en Músicos y Relojeros? Recordando a mi abuela materna y haciendo de ella un retrato más bien maligno.
¿El norteamericano enamorado de la protagonista de La Selva? Juntando a varios gringos simpáticos que conocí en Estados Unidos y fundiéndolos en uno solo, a mi gusto.
¿A la protagonista de Cuando Digo Magdalena? Mirándome en un espejo que exaltara mis rasgos más aceptables.
¿A Amatista? Mezclando mis fantasías adolescentes de una mujer sensual y atractiva con la imagen de las actrices de la década del cincuenta.
Los personajes de Amatista en general son puro invento, pero cuando hablamos de inventar no olvidemos que tenemos a nuestro alrededor un universo de seres reales que son nuestro modelo obligado. Si yo presento un Caballero del Monóculo ligeramente perverso, el lector creerá que es invento puro, pero en realidad lo saqué de una vieja caja de galletitasTentaciones donde se ven damas y caballeros de la década del veinte que a la vez representaban a las personas de clase alta de la década del 20 en Buenos Aires.
Si alguien me acusa de no haber sido fiel a la verdad, le preguntaré dónde firmé yo una promesa de que diría la verdad.

La tenacidad del escritor no sabe de dificultades

La tenacidad del escritor

No cabe duda de que para la creación literaria son necesarios unos cuantos dones y uno de los más difíciles de poseer y de mantener es el don de la tenacidad. La tenacidad en el escritor ha de ser legendaria, como lo son las historias que, en ocasiones, se persiguen. Esa tenacidad del escritor ha de permitirle enfrentarse a una Nessie que se desdibuja con cada cresta de agua del lago, a un Big Foot que se oculta tras el árbol más delgado del bosque, o a una nave extraterrestre que nunca se espera a que llegue otro testigo de que la vimos.

La tenacidad del escritor no sabe de dificultades
La tenacidad del escritor no sabe de dificultades

Para algunos escritores famosos la tenacidad del escritor es su mejor arma contra sus fantasmas

Para Faulkner: “El artista sigue trabajando sin descanso y volviendo a recomenzar: y cada vez cree que logrará su fin, que integrará su obra. No lo logrará, como es natural; y de ahí la razón de que este estado de ánimo sea fecundo. Si alguna vez lo consiguiera, si su obra llegara a poder equipararse con la imagen que de ella se hizo, con su sueño, sólo le restaría precipitarse desde el pináculo de esa perfección definitiva, y suicidarse.”

La tenacidad en el escritor, en ocasiones, debe superar los límites que el propio escritor le puso en su imaginación. ¿Cuándo puede decir un escritor rendirse ante un proyecto que se resiste?, ¿Cómo sin conocer sus límites?, ¿Desde cuando un explorador amazónico vuelve sobre sus pasos ante la inmensidad de la selva? No, la tenacidad ha de estar presente siempre y sin límites, como un acto de fe en las propias posibilidades, en las propias fuerzas.

Dice Camus: “La creación es la más eficaz de todas las escuelas de paciencia y lucidez. Es también el testimonio transformador de la única dignidad del hombre: la rebelión tenaz contra su condición, la perseverancia en un esfuerzo considerado estéril. Exige un esfuerzo cotidiano, el dominio de sí mismo, la apreciación exacta de los límites de lo verdadero, la mesura y la fuerza. Constituye una ascesis. Todo eso “para nada”, para repetir y patalear. Pero quizá la gran obra de arte tiene menos importancia en sí misma que en la prueba que exige a un hombre y la ocasión que le proporciona de vencer a sus fantasmas y de acercarse un poco más a la realidad desnuda”.

Con base en su tenacidad, el escritor no debe tener límites ni temer dificultades; el título de escritor lo consigue uno en lo más alto de esa empinada montaña que es escribir, al otro lado de ese desierto árido, áspero e inhóspito que es la escritura. Incluso, puede que tal título no exista ni deba existir. Pero sin la tenacidad adecuada nunca lo sabremos.

El destino de un escritor es el camino de las letras que recorre; y cada texto que escriba debe confirmárselo. Podemos concluir que, la tenacidad para un escritor es una forma de vida.

La tenacidad del escritor

Víctor J . Sanz

El cajón de notas

¿Qué escritor no tiene un cajón de notas, supervivientes de mudanzas, olvidos y otros trasiegos?

¿Qué escritor no tiene en un cajón miles de notas tomadas durante miles de días?

¿Qué escritor no guarda sus primeros ejercicios descriptivos, sus primeros “protagonistas inolvidables” que solo gracias a un viejo papel consiguieron dar esquinazo al olvido y llegar hasta nuestro hoy?

El cajón de notas
<<El cajón de notas>>

No faltarán las que fueron tomadas hace tanto que sus papeles ya amarillean, no faltarán las que hace tanto más que ya amarilleen de por sí, dispuestas ya a pasar a mejor vida, a ser pasto de la papelera, de una llama o de un olvido, o tal vez a quedar expuestas por siempre tras una vitrina imaginaria como metas volantes de la historia de una afición, de la historia de un sueño que, cumplido o no, se anduvo, se persiguió y se soñó.

Al abrir el cajón de notas con la curiosidad en la punta de los dedos y la memoria sedienta, saltan sobre nosotros recuerdos deseosos de ser recordados, sedientos de memorias; y lo hacen en tropel, desordenadamente; y lo hacen desde distintas épocas, desde distintos formatos, con distinta letra, casi desde distintas las personas que fuimos en las distintos circunstancias que nos dieron forma.

Es un pequeño tesoro que se ha ido sedimentando durante años y años de observaciones, resumidos, extractados, esenciados en pedazos de papel informes e informales, con los caracteres a veces secretos del críptico y exclusivo lenguaje del pensamiento, notas en fin, que sobreviven a su manual de traducción, entendimiento y uso. En ocasiones, cuando abrimos ese cajón, podemos sentirnos espías de otros cajones de notas de otros escritores.

Nos parezcan propias o ajenas las notas que contiene, ¿quién sabe si en ese cajón de notas hiberna la semilla de un éxito? 

El cajón de notas

Víctor J. Sanz

¿Qué cosa te sirve de inspiración?

¿Qué cosa te sirve de inspiración?

¿Qué cosa te sirve de inspiración?
[Inspiración]
Seguramente a cada cuál le sirve de inspiración una cosa distinta, o un conjunto distinto de cosas distintas.

Tal vez un música o un tipo de música; tal vez la observación detallada de una obra de arte; tal vez la lectura apasionada de un libro (incluso del libro más aburrido jamás publicado que también fue parido con un objetivo sublime aunque probablemente no alcanzado); tal vez hablamos de un paisaje, de un paisaje sonoro y visual, una puesta de sol sobre el mar con un suave oleaje, o un amanecer empapado de trinos y gorjeos.

Tal vez un objeto del pasado imantado de vivencias que te pone los recuerdos de punta. Tal vez esa prenda de tu infancia en la que todavía sigue viviendo de alguna manera el niño que fuiste.

Tal vez esa fragancia de la que perdiste nombre y razón, pero que se ancló un buen día en tus recuerdos, en tu piel, en un roce. Tal vez una palabra o una frase que podría titular toda época pasada de tu vida. Un rostro desconocido que te resulta inquietantemente familiar.

Y a ti, ¿qué cosa te sirve de inspiración?, ¿qué inspira tu escritura? Clic para tuitear

Tal vez, después de todo, la inspiración quizás habite en la punta del bolígrafo ante la inmensidad del folio en blanco, o en las teclas de una máquina de escribir o de un ordenador ante el desierto en blanco de un documento virgen.

Entre otras muchas cosas, a mí me sirve de inspiración hacer cada día algo que nunca antes había hecho. Por ejemplo, recorrer una calle que nunca había recorrido, incluso recorrer una calle habitual, pero en el sentido inverso al habitual. Por ejemplo, mirar un edificio desde un punto de vista especial, desde un ángulo casi imposible. Cada nueva vista de la misma realidad puede situarte en el camino de la inspiración. Porque escribir es contar la vida con otros ojos. Si la realidad no cambia, cambia tu forma de mirarla, cambiará tu forma de contarla. Busca tu inspiración.

 

¿Qué cosa te sirve de inspiración?

Víctor J. Sanz