No puedo esperar

No puedo esperar

La prisas no son buenas consejeras, y menos aún para un escritor

Es una nube negra que tienen muchos escritores en la cabeza. Un nube negra que nubla la objetividad y el buen juicio. Pero esa nube solo está presente cuando piensan en sus propias creaciones; y desaparece cuando piensan en los trabajos ajenos, para los que luce un cielo despejado y brillante, acaso bajo la leve amenaza de unos engañosos cirrocúmulos de envidia que todo lo filtran y matizan de manera casi siempre tan inconveniente como imperceptible.

Esa nube, decía, es la que ofusca el entendimiento del autor sobre lo que más conviene a su trabajo en cada momento. Bajo la sombra de esa nube, el autor piensa un día que ha llegado el momento de publicar y dice «No puedo esperar», y autopublica su trabajo, tanto si lo ha revisado como si no lo ha hecho.Leer más