Las buenas ideas siempre llegan

Las buenas ideas siempre llegan

Las buenas ideas siempre llegan >>

Cuando se escribe una historia —da igual si corta o larga— a veces ocurre que algo invisible impide su desarrollo a partir de un punto determinado. La causa puede ser un personaje que hace o dice —o que no hace o que no dice— algo que cambia por completo el curso del argumento y, por el momento nos pasa desapercibido. Puede tratarse se un mal enfoque del asunto a narrar. Ya sabemos que cada historia exige no solo su forma de ser contada, sino también su enfoque. Y este precisamente es un ejercicio muy recomendable para todo escritor antes de abordar la redacción de una historia: probar los distintos enfoques; pues es seguro que, de entre todos, solo habrá uno óptimo, uno que nos presente la historia de una forma “genial”.

Las buenas ideas siempre llegan

Esa historia que se atasca, que no avanza —ni retrocede—, queda moribunda encima de la mesa de trabajo, pero está más viva que nunca en la mente del escritor, donde está por un tiempo como en el programa de centrifugado de una lavadora. Bien, pues ese centrifugado no suele contribuir a que las ideas se aclaren. Por contra, suele convenir dejarlo estar, apartar la mirada de esa historia moribunda y esperar a que la idea llegue, porque las buenas ideas siempre llegan. Nadie garantiza que lo hagan pronto, pero si son buenas llegarán; solo hay que estar…, distraído. Sí, distraído, porque si la idea es buena, saldrá a la superficie en cualquier momento, aunque el ambiente no acompañe, aunque la actividad lleve la mente del escritor a tierras muy alejadas de la historia a la que pertenece; aunque todo esté en su contra (aparentemente) la idea que resuelva el atasco en la redacción llegará.

Por tanto, la recomendación es montar, cerca del escritorio de trabajo, un sanatorio para las historias convalecientes a la espera de que la cura que las devuelva  a la vida sea inventada.