La cocina de la narrativa

Profesiones solitarias: escritor

De las profesiones solitarias, la de escritor es una de las más destacadas

Existen muchas profesiones solitarias, profesiones que deben desempeñarse obligatoriamente en soledad, profesiones difíciles, arriesgadas o sencillamente aburridas. Son profesiones en las que los sinsabores propios de las mismas se sinsaborean en soledad, profesiones en las que los pequeños tropiezos del día a día deben superarse en solitario. Una de esas profesiones solitarias es la de escritor.

Entre las profesiones solitarias, destaca la de escritor
Entre las profesiones solitarias, destaca la de escritor

El hábitat de muchos escritores es la soledad. Incluso el de aquellos que tradicionalmente desarrollan su trabajo en lugares públicos y hasta concurridos, pero su yo creador ha de estar solo, ha de alcanzar un grado suficiente de soledad para salir a escena. Uno puede ir a un café y escribir, pero a buen seguro no estará construyendo grandes mundos ni, mucho menos, buceando por ellos o espiando la vida de sus habitantes para inspirarse; tan solo parecerá que lo hace. Tomará notas, hará dibujos, trazará toscos mapas mentales, pero no escribirá, y aunque puede que llegue a chupar la patilla de sus gafas (de pasta) para que lo parezca, no estará escribiendo en el sentido estricto del término. El yo escritor necesita de esa condición para ser, pues es su esencia.

Claro está que existen otras profesiones tan solitarias o más que la de escritor, que además conllevan ciertos riesgos y hasta riesgos ciertos para la salud del profesional en cuestión. El caso extremo sería la profesión de astronauta, que aúna la soledad, la inmensa soledad del espacio, con la lejanía de toda ayuda, y aún de toda compañía. Pero incluso un astronauta, en un momento de dificultad, puede llamar a Houston, algo que no puede hacer, por ejemplo, un escritor. Un escritor no tiene un Houston al que llamar para que venga a arreglarle un texto que, tras tomar vida propia, ha ido virando hasta mundos muy poco atractivos para el lector. En este caso, el último recurso del escritor no se llama Houston, se llama papelera o papelera de reciclaje, y todo ello sin que su vida corra peligro como la del astronauta.

Otra ventaja muy destacable que tiene la profesión de escritor con respecto a la del astronauta del ejemplo es que, mientras que la de astronauta cuenta con altísimas probabilidades de salir sin vida, en la de escritor existen altísimas probabilidades de salir con ella, ya que escribir es estar siempre al borde de la vida.

Profesiones solitarias: escritor

Víctor J. Sanz

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