La cocina de la narrativa

Alcanzar el pleonasmo en la primera frase

Alcanzar el pleonasmo en la primera fraseEl acto de escribir se puede entender como un acto de amor, de amor al prójimo desde luego, pero ante todo de amor propio, o al menos así lo entienden no pocos autores que, encandilados por sí mismos y por su propia escritura, dejan constancia de ello tan pronto como tienen ocasión y alguien les presta atención.

Este amor propio, este enamoramiento de la pluma propia, se puede manifestar de formas muy variadas, tanto a nivel formal como a nivel estructural o funcional.

Cuando un autor está sumido en este estado de embelesamiento por su propia producción escrita, se deja llevar sin pudor alguno a territorios donde crecen salvajes los adornos y los apósitos barrocos que recogen con fruición y cuelgan indiscriminadamente de cualquier saliente de sus obras. Por ejemplo, si estos autores conocen en profundidad un tema en concreto aunque no tenga nada que ver con lo que están escribiendo, no perderán ocasión de plasmar en su obra tales conocimientos, aunque esto se parezca más a empujar un elefante por una rendija.

En ese estado, los escritores abren sus diccionarios por las páginas con menos uso y eligen el término más virgen que encuentren y lo reparten generosamente por el texto; que se sepa que ellos ya lo conocían desde que se acuñó.

En este estado, los escritores buscan el más mínimo resquicio para colar en el texto la última figura literaria aprendida; que se sepa que ellos la dominaban con soltura mucho antes que nadie, como puede verse en ese texto… donde la han metido a presión.

Con todo, algunos consiguen hacer creer al lector que están ante una obra resultado del trabajo, el esfuerzo y la experiencia.

Pero si, como está demostrado, el amor, cualquier clase de amor, desactiva de forma natural cualquier sentido del ridículo por potente y sólido que este sea, al autor enamorado de su propia escritura no le ocurre algo muy distinto y, por lo tanto, se encuentra en riesgo de cometer algún desliz, algún lapsus línguae. Uno de los ejemplos más indetectables (para los propios autores en este estado) es el del pleonasmo.

Todo puede empezar como una forma más de dejar claro cuánto sabe uno sobre escritura, y cuánto busca y rebusca; y cuánto encuentra y reencuentra; y cuánto visita y revisita una y otra vez las mismas formas de decir las cosas. En esa búsqueda de lo que se quiere escribir, una figura que solo es retórica en poesía y que en el resto es vicio lingüístico, como es el pleonasmo, ofrece muchos ejemplos de lo que no hay que hacer.

Y los personajes de los escritores en este estado, de repente, empiezan a “volar por los aires” (no veo otra forma de volar que no sea por los aires); a “mirar con sus propios ojos” (¿sería muy difícil explicar que un personaje mirase con los ojos de otro personaje); a “abrazar con sus brazos” (al igual que la anterior, sería muy difícil de explicar que un personaje abrazara a otro personaje con los brazos de un tercero); a “subir para arriba” y “bajar para abajo”; a “entrar para adentro” y “salir afuera”; a “volver a repetir”; incluso van a sitios que están “completamente abarrotados”…

Es tan fina la línea que separa una buena escritura de la comisión de vicios del lenguaje como este del pleonasmo, que muchas veces termina pisoteada.

Y es que algunos autores sufren de tan grave amor propio y se emplean tan a fondo que son capaces de alcanzar el pleonasmo en la primera frase.

Sí, hay que tener amor propio, de eso no cabe duda, pero solo hasta las inmediaciones de lo barroco, lo superfluo y lo redundante, que son terrenos muy resbaladizos. Id hacia allá si queréis, pero cuando veáis la linde tenéis que ir pensando en volver, vuestros lectores os lo agradecerán.

Alcanzar el pleonasmo en la primera frase

© Víctor J. Sanz

Escuela de Formación de Escritores

Revista Scribere

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15 Comentarios

  • Víctor L. Briones
    octubre 15th, 2015 · Responder

    Víctor, me ha encantado la entrada. En alguno de los pleonasmos que planteas incluso veo posibilidades de relatos tipo Frankenstein (lo de abrazar con otros brazos y mirar con otros ojos, que ya ya sido explorado, claro, pero quizás no conquistado del todo).

    También sonreí con el uso barroco del lenguaje y te lo dice alguien que cuando se pone a escribir prosa le sale el origen sevillano por los poros y a veces parece que esté sacando un paso de alambicados adornos más que concibiendo un texto legible. Lo importante es verlo y corregirlo o, incluso, si se tiene el día inspirado utilizarlo para dar una tonalidad irónica al relato.

    Un abrazo

    • victorjsanz
      octubre 15th, 2015 · Responder

      Es un honor recibir tu visita y tu comentario.
      Muchas gracias por enriquecer este espacio.

      Un abrazo

  • Sergio Moreno
    octubre 15th, 2015 · Responder

    Muy interesante el articulo, Víctor. En mi caso tiendo a ser demasiado críptico para narrar según qué cosas, y a veces eso, que en realidad no es otra cosa que tratar de explicar algo de un modo diferente al resto, no hace sino complicar la lectura. Si además resulta que te consideras un escritor que no puede aspirar a mucho más del mero entretenimiento, como es mi caso, ese problema se agrava aún más, aunque es un vicio que trato de quitarme en las tres o cuatro re-lecturas que le suelo hacer a cada texto. Estos consejos ayudan a tener esos fallos presentes, así que enhorabuena. Muy útil, de verdad.

    • victorjsanz
      octubre 16th, 2015 · Responder

      Hola, Sergio:

      Muchas gracias por tu visita y tu comentario.
      Me alegra que mis artículos te resulten de utilidad.
      No pierdas esa costumbre de revisar tus trabajos varias veces. Aunque todo tiene un límite, “varias” está dentro de lo razonable.

      Saludos,

  • Laura Martínez
    octubre 16th, 2015 · Responder

    Hola Víctor. Muchas gracias por el artículo. Me he sentido muy identificada con el, porque yo también me dejo llevar a veces por la “inspiración” y no me doy cuenta, hasta que releo el texto, de que he caído en este tipo de errores tan comunes.

    Un saludo.

    • victorjsanz
      octubre 16th, 2015 · Responder

      Hola, Laura:

      Muchas gracias por participar y enriquecer este espacio.
      Las relecturas se demuestran, cada vez más, obligatorias para todo escritor.
      Gracias por la aportación.

      Saludos.

  • Quizá uno de los grandes problemas de los blogger, los escritores y los escritores bloggeros es no saber cuándo tu texto es una absoluta basura.

    Mi cuenta, cuando me di cuenta de que los textos no tenían la calidad suficiente (algo totalmente empírico) es la que sigue:

    1. Cada día escribo 1.000 palabras.
    2. El fin de semana filtro y acabo con unas 700 de cada 7.000 que llevaba.
    3. En la siguiente iteración puedo desarrollar esas 700 palabras para lograr textos coherentes de 3.000.

    Todo esto para textos que oscilan entre 400 y 10.000 palabras, claro, es una estadística.

    Pero debemos acostumbrarnos a tirar mucho a la basura, y revisar más.
    Me ha gustado el artículo 😉

    • victorjsanz
      octubre 16th, 2015 · Responder

      Hola, Marcos:

      Muchas gracias por participar y enriquecer este espacio.
      Muy interesante la información y el proceso que sigues (y que la escritura te hace seguir).
      Yo siempre digo que hay que desconfiar de aquellos escritores que no tienen llena la papelera.

      Gracias de nuevo y saludos.

  • FRANCESC ROVIRA LLACUNA
    octubre 21st, 2015 · Responder

    Completamente de acuerdo contigo, Víctor.
    Me parece legítimo que el escritor deje constancia de su bagaje léxico, siempre que las palabras sean una herramienta y no un adorno que nos haga resultar pleonastas y redundantes.
    Pero, como muy bien das a entender, una cosa es poseer bagaje léxico y otra muy distinta, buscar palabras vírgenes en algún rincón del diccionario para aparentar un dominio del lenguaje del que carecemos.
    Es un recurso que no suele tener éxito, ya que la pobreza léxica es difícil de disimular y sólo se remedia con el tiempo, leyendo mucho.

    • victorjsanz
      octubre 21st, 2015 · Responder

      Hola, Francesc:

      Muchas gracias por participar.
      Y es que, de todo esto, el lector se da cuenta antes o después, y ese lector es un lector perdido para siempre.

      Saludos.

  • xrisstinah
    noviembre 14th, 2015 · Responder

    Vale. Me acuso de redomada pleonasmista con mis propios plenasmos bricolajeros.
    Mea culpa

  • xrisstinah
    noviembre 14th, 2015 · Responder

    Vale. Me acuso de redomada pleonasmista con mis propios plenasmos bricolajeros.
    Mea culpa.
    Procuraré esperar a la segunda frase.
    Cosas del narcisismo.

    • victorjsanz
      noviembre 14th, 2015 · Responder

      Hola, Xrisstinah:

      Gracias por la visita y por participar.

      Saludos,

  • Wilma Borchers
    noviembre 21st, 2015 · Responder

    Gracias por las entregas que aprecio y agradezco. Un abrazo.

    • victorjsanz
      noviembre 21st, 2015 · Responder

      Hola, Wilma:

      Muchas gracias por tu visita y tus palabras.

      Un abrazo,

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