11 consejos para presentarse a un concurso literario

11 consejos para presentarse a un concurso literario ►

Cuando un autor novel ve la convocatoria de un concurso literario en el que podría participar, y aunque aún falten meses para la fecha límite de admisión de manuscritos, se inicia en su mente una cuenta atrás que misteriosamente comienza en 2, lo que le produce una enorme angustia, porque ve que se le agota el tiempo para enviar su texto y no le ha dado tiempo a preparar nada.

Bueno, bromas aparte, sí que se genera cierta angustia en el autor novel a la hora de enviar un manuscrito a un concurso. Todo son dudas, todo son inseguridades, incluso muchas de ellas son un atentando contra su propia calidad como escritor. Algunos están corrigiendo el texto (quién sabe si empeorándolo a cada repaso) hasta el último momento y lo envían enconmendándose a toda clase de santos y supersticiones o, simplemente, asumiendo (sin tener tampoco una base objetiva para ello) el más estrepitoso de los fracasos, tal vez como queriendo curarse antes de ser heridos. Otros, simplemente disfrutan de un estado de seguridad en sí mismos que les lleva a no leer completamente las bases y, por lo tanto, a estar en serio riesgo de incumplirlas.

Para unos y para otros…


Aquí van…


11 consejos para presentarse a un concurso literario


  1. Cuenta una historia y ve al grano. Si te pierdes en elucubraciones y divagaciones, probablemente también habrás perdido la atención del jurado.
  2. No cuentes en un mismo texto todo lo que sabes de la vida, no se trata de un concurso de conocimientos. Utiliza los conocimientos para dar volumen y valor a tu obra, no para hacerla contenedora de los mismos.
  3. Piensa si lo que estás contando en el texto merece realmente la pena ser contado, si tienes la más mínima duda, ni te imaginas la de dudas que tendrá el jurado.
  4. Una vez que lo hayas terminado, y pasado un tiempo prudencial tras el que ya no te sientas tan implicado con el texto, repasa tu trabajo una y mil veces antes de enviarle nada a nadie y, si tienes oportunidad, haz que lo repase otra persona, pero una persona que no sea familiar ni amigo, vamos, que pueda decirte la verdad tranquilamente.
  5. Cada frase importa. Dedica a cada frase todo el tiempo que puedas hasta que des con su mejor expresión. Cada frase solo tiene una forma óptima, tu trabajo es buscarla y encontrarla.
    11 consejos para presentarse a un concurso literario
  6. No te resistas a borrar todo aquello que no haga crecer tu texto, incluso aquellas frases que te lleven a pensar (erróneamente) que han de ir grabando tu nombre en la lista de los Nobel de Literatura.
  7. Cuando creas que ya lo tienes listo, lee el texto en voz alta, escúchate, exígete, si no te convence, ¿por qué crees que le va a convencer al jurado? No seas condescendiente contigo mismo y vuelve sobre el texto y mejóralo, seguro que puedes.
  8. Por último, antes de meter el texto en el sobre o de pulsar sobre el botón “enviar” de tu programa de correo electrónico, lee por última vez tu obra y piensa una cosa: ¿criticarías la obra que tienes delante si la hubiera escrito otro autor y resultase premiada? Si es así, si la criticarías, no la envíes todavía porque no es perfecta. Envíala solo cuando consideres justo que tu obra ganase el concurso aunque la hubiera escrito otro autor.
  9. Si te piden un currículum o historial, solo te están pidiendo eso: el registro de tus logros en el mundo de las letras, tus publicaciones (si no tienes, tus colaboraciones), tus proyectos, dónde colaboras, si tienes un blog relacionado con el mundo de las letras y, por supuesto, si has conseguido algún premio anteriormente. Así que, no envíes una carta lacrimógena contando tu vida para dar pena al jurado. Estás participando en un concurso literario, no en un “reality show”, ni en una maratón televisiva para recaudar fondos; si han de premiarte, que sea por tus letras y no por lo dura que haya sido tu vida o por lo mal que lo hayas pasado. Incluso hay concursos que te descalifican si desde el envío hasta el fallo vas y te mueres (y esto es rigurosamente cierto).
  10. Piensa que los jurados de los concursos tienen que leer muchísimos trabajos, por lo que no tendrán el menor reparo en descalificar aquellas obras que presenten dificultades para su lectura (si es en papel, por la calidad de la impresión o de la encuadernación; y si es digital, por la maquetación o el formato del fichero) o aquellas obras que les obliguen a releer porque inducen a errores o contienen ambigüedades o, simplemente, tienen tan poco interés que el jurado puede llegar a pensar si es que se ha quedado dormido leyendo aquello que tú soñaste haber escrito.
  11. Aunque parezca una obviedad, revisa con la máxima atención todas y cada una de las bases. Están puestas por algo y no para que te las saltes a la torera. Si te piden un texto con un máximo de 5 páginas, no te empeñes en enviar uno de 6, casi todos los jurados que conozco, saben contar. Tampoco recurras a trucos como retocar el tamaño  de la fuente (esta suele indicarse con exactitud y concreción en las bases); o como hacer más amplios o más estrechos los márgenes (en muchos concursos también se especifican); o como ajustar el espacio de interlineado para que tu texto se acomode a las características solicitadas por el convocante. Probablemente cualquier truco que puedas pensar, ya lo pensaron ellos antes.

Con todo, tienes que ser consciente de que por muy bien que hayas hecho tus deberes y por muy bien que te haya quedado el texto final, esto solo te garantiza que le darás un problema al jurado a la hora de decidir, pero no te garantiza que vayas a ganar, hay otras circunstancias ajenas al autor que influyen en las decisiones de los jurados, como por ejemplo, sus gustos y valoraciones personales de los textos o la calidad del resto de obras presentadas. Esto es aplicable a bastantes concursos considerados pequeños desde el punto de vista de la cuantía de su premio o de su prestigio. En el caso de concursos más grandes (siempre según el baremo de la cuantía de su premio), concurren otras circunstancias más espurias, como pueda ser el interés comercial que el convocante considere que tiene la obra. Esto puede darse en el caso de que detrás del premio esté una editorial, y especialmente en aquellos casos en que la cuantía del premio es muy alta, pues de la misma altura será la exigencia comercial para con la obra. En estos casos, el retorno de la inversión pasa a tener prioridad por encima, muy por encima, del valor literario que puedan tener las obras presentadas.


Si quieres presentarte con más garantías a un concurso literario, mejora tu formación como escritor en la Escuela de Formación de Escritores.

11 consejos para presentarse a un concurso literario
© Víctor J. Sanz

5 apuntes y medio para planificar tu novela

Cuando un autor novel aborda el trabajo de redacción de una historia, tiene muy claro qué escribir y cómo va a hacerlo (¿o no tanto?), y se lanza a la tarea sin haber pensado siquiera un poco acerca de la estructura argumental sobre la que se irá desarrollando el relato.

Para aquellos que se hayan visto superados por las dudas y se hayan visto obligados a abandonar un proyecto…


Aquí van

5 apuntes y medio para planificar tu novela:

  1. QUÉ. Antes siquiera de empezar a escribir la historia debemos tener claro algo que nos suelen preguntar los lectores potenciales: ¿de qué va tu historia? Solo si sabemos responder a esto sin caer en una disertación de más de media hora, podemos estar seguros de que estamos en el camino correcto.
  2. CÓMO. Después del qué vamos a abordar el cómo. Debemos tener claro cómo vamos a contarlo: el orden, la intensidad, los clímax narrativos, la distribución de los puntos de giro, la aparición de los personajes, la voz narradora…
  3. DÓNDE. Una vez que tenemos claro el qué y el cómo vamos a trabajar el dónde. Es posible incluso, que el qué y el cómo ya traigan bastante información acerca del dónde, pero ahora es turno de trabajar sobre este apartado, buscar localizaciones (reales o no), documentarlas, tomar notas, hacer aproximaciones de las descripciones que más tarde formarán parte de la narración…
    5 apuntes y medio para planificar tu novela. Para aquellos que se hayan visto superados por las dudas y se hayan visto obligados a abandonar un proyecto... Aquí van 5 apuntes y medio para planificar tu novela:
  4. CUÁNDO. Este apartado puede no tener un peso importante en muchas novelas, pero allí donde lo tenga, como por ejemplo una novela histórica o una de cualquier género situada necesariamente en una época concreta, debe ser mimado igual que los demás apartados. Requiere documentación, acopio de términos apropiados al contexto o una lista negra de términos o expresiones (y personajes o ubicaciones) que constituirían un anacronismo que invitaría al lector a cerrar nuestro libro y abrir otro. Más que una lista negra, esta lista de anacronismos a evitar debería constituir en la mente del autor una línea roja que no traspasar.
  5. QUIÉN. Si parecía que ya lo teníamos todo, nos falta aún el quién, que no siempre resulta tan evidente por más que tengamos a los personajes presentes en nuestra vida casi como si fueran de la familia. Con todo el escenario que nos proporcionan los elementos tratados en los cuatro puntos anteriores, la elección de los personajes se hace más fácil, ya que se reduce considerablemente el espectro de los que resultarían ideales para habitar el relato.

El porqué contamos esa historia y no otra tampoco habrá que perderlo de vista, pues nos servirá de brújula durante el proceso de redacción.


Si quieres profundizar sobre estos y otros apuntes imprescindibles para organizar tu proyecto narrativo, te espero en el taller La planificación de la novela, que imparto en la Escuela de Formación de Escritores. En él abordamos todo lo que necesitas saber para planificar tu novela eficazmente. Y, si quieres, podemos hacer el taller con tu propio material narrativo, con ese proyecto que un día abandonaste y que te gustaría ver terminado.

5 apuntes y medio para planificar tu novela

© Víctor J. Sanz

5 ideas para ambientar una escena

Cuando se habla de ambientar una escena no hablamos solamente de una llamada a los sentidos. También hablamos de apelar a los sentimientos de los personajes y, por lo tanto, del lector.
Cuando imaginamos una escena que queremos escribir, con frecuencia nos centramos en aquello que queremos contar y nos olvidamos de los matices, de los complementos, en definitiva, de aquello que hace la escena más creíble, acaso más real.
Cuando hablamos de ambientar, en resumidas cuentas, estamos hablando de generar en la mente del lector todos los elementos necesarios para que la escena se convierta en el mejor vehículo del mensaje que tenemos pensado transmitir al lector.

Para evitar fracasar en el intento, aquí van:


5 ideas para ambientar una escena


  1. Apela a los sentidos de los personajes. Apela a ellos no como el único, sino como uno más de los elementos a tratar. Deja señales de qué perciben a través de sus sentidos, qué ven, qué oyen, qué huelen, qué tocan, qué gustan. Y no como una lista de comprobación, evidentemente, sino como pequeñas piezas de texto distribuidas sutil y convenientemente: dentro de la propia narración, integrado en una acotación o incluso, por qué no, en el propio diálogo de los personajes.
  2. Apela a los sentimientos de los personajes. Muchas veces, dejar ver al lector detalles sencillos acerca de los sentimientos de los personajes contribuye a generar en su mente una serie de imágenes comodín que vendrán a completar la ambientación de la escena. Por ejemplo, si dejamos ver que el personaje se siente incómodo y lo describimos sentado en una silla, no vamos a poder evitar que muchos lectores ya se lo imaginen en una silla incómoda y sin parar de moverse. Por ejemplo, si describimos la estancia donde se desarrolla la escena como angustiosa, ya sea por su diseño, por sus formas, por la temperatura ambiente…, será más que suficiente para que el lector haga el resto del trabajo. Da un poco igual a veces el detalle concreto del que parta esta matización de la ambientación, lo que importa es el resultado que se consiga.
  3. El narrador debe señalar con especial interés y puntería lo que diferencia a esa escena de otras. A veces son detalles sobre la hora del día o una luz especial bajo la que se desarrolla la escena. A veces el lugar preciso donde ocurre…, por ejemplo, si tenemos una escena en la que dos personajes primero hablan y luego discuten, todos podemos imaginarla con cierta intensidad, pero si utilizamos al narrador para decir que esto ocurre a menos de un metro de la calzada por donde transcurre un tráfico denso, habremos sembrado en la mente del lector la semilla de la angustia y del interés vital por saber cómo terminará esa escena, lo que sin duda ambientará, casi sin esfuerzo, la escena en la mente del lector. Porque en el paquete van incluidas, como mínimo, una ración de sonidos de bocinas y una ración más generosa todavía de olor a gases de la combustión.
    5 ideas para ambientar una escena
  4. La ambientación indirecta. Podemos generar una ambientación de cierta intensidad en la mente del lector de forma indirecta, por ejemplo comparando los elementos de la escena en curso con los de escenas anteriores ya descritos y asumidos por el lector. De manera que si tenemos una escena previa en la que nuestro personaje se asomaba melancólico a un puente (para tener un diálogo interior ante el lector en el que baraja la idea del suicidio), y ahora lo situamos en lo alto de un viaducto y además decimos que las piedras de su muro no están tan firmemente fijadas como las del otro puente, estaremos generando en el lector una potente sensación de peligro inminente que no solo ambienta por sí misma, sino que puede incluso hacer innecesarios otros elementos de la ambientación.
  5. Prepara el terreno. Puedes aprovechar escenas anteriores o pasajes puramente narrativos, para dejar caer pequeñas gotas de información acerca de escenas futuras. Por ejemplo, si en tu novela está prevista una escena en la aparece por primera vez cierto personaje peculiar que tiene por costumbre organizar fiestas con gran poder de convocatoria y que nunca sabe nadie cómo acabarán, bastará con dejar al lector que conozca esta información con antelación para que, llegado el momento, él solo ya le ponga a la escena en cuestión todos los elementos que completen su idea particular y subjetiva de “organizador de fiestas con gran poder de convocatoria y de final incierto”. Y si lo hacemos bien, el lector verá aparecer en su cabeza cosas que ni siquiera le hemos llegado a decir, como por ejemplo, prendas de ropa interior encima del sofá, unos cuántos vasos a medias repartidos por toda la casa e incluso, por qué no, a alguien durmiendo la mona tirado en un rincón.

Te espero en mis talleres de narrativa de la ► Escuela de Formación de Escritores.

5 ideas para ambientar una escena

© Víctor J. Sanz

Keep calm and be water my text

Analizando lo que separa a un autor novel del próximo paso en su carrera, parece bastante común una escritura embrollada, que pretende alcanzar muchos objetivos y, sin embargo, solo consigue esbozarlos y muy probablemente, para desgracia del autor, confundir y aburrir al lector.

No es que el lector no sea suficientemente inteligente como para no entender lo que se le dice, pero no le podemos pedir a otra persona que se instale en nuestra mente y vea lo mismo que nosotros vemos, con la misma forma y con la misma intensidad.

Precisamente, el arte de escribir es, en ese sentido, una proceso en el que se clarifican las ideas y se extractan para ser transmitidas a otras personas.

El mensaje de este artículo que estás leyendo es el de resaltar la necesidad de encontrar una manera clara como el agua de enviar tu mensaje al lector de tu relato. En otras palabras, Keep Calm and be water my text.

Si tomas como objetivo que tu texto fluya como el agua por entre los sentidos del lector, prescindirás de aquello que resulte pesado y sin mucho fundamento, de aquello que no tenga sus raíces y sus ramas en lo más íntimo del propio relato. Prescindirás, en fin, de todo aquello que espese el agua de tu texto. No tengas miedo de meter la tijera. Yo siempre desconfío del trabajo de los autores que no usan la papelera, y te recomiendo que hagas igual si te descubres a ti mismo no usándola.

Mantén en el norte de tu brújula la idea principal del texto durante el proceso de redacción y no te apartes de él. No fuerces las cosas solo para que tenga cabida una frase o una escena que consideres brillante. Si tienes que hacer grandes cambios o cambios importantes solo para eso, es que no merece la pena. Ya descubrirás cuál es el lugar de esa frase o escena brillante.

Esto no significa que en tu obra no puedas tratar más de una idea principal, pero como no es algo precisamente fácil, asegúrate de que, si lo haces, el mensaje se mantenga claro como el agua, porque si no, no fluirá hasta tus lectores.

Así que, escribe claro, ten esta idea en la cabeza cuando escribas: Mantén la calma y haz que tu texto fluya como el agua, Keep calm and be water my text.


Te espero en mis talleres de narrativa de ► la Escuela de Formación de Escritores.

Be water my text

© Víctor J. Sanz

5 consejos rápidos para seguir lentamente

Uno de los principales males que aquejan a todo autor novel es la impaciencia. Impaciencia por escribir, por contarlo todo (en la primera página si fuera posible), por terminar la obra, por darla a leer, por obtener las primeras críticas (solo positivas, por favor), por verlo publicado, por saberse leído, por escribir la segunda obra, y ya mismo la tercera… Impaciencia, ese es el sello de autor del autor novel.

Para todos los noveles que se sientan así, aquí van


5 consejos rápidos para seguir lentamente


  1. Lee. No se tiene noticia de muchos escritores que hayan llegado realmente lejos sin haber leído a sus predecesores. Lee con calma y como si fueras una esponja, empápate de todo lo que el autor te deja ver, pero lee también entre líneas y comienza a descubrir cómo esos autores llegaron a ser lo que fueron. Así que leentamente.
  2. Escribe. No te atropelles escribiendo, todo tiene su momento y su lugar. No te precipites en tus narraciones, no tengas miedo de perder al lector si no se lo cuentas todo en la primera página. Narra al ritmo que requiera cada historia, pues cada una tiene el suyo propio, que no es el tuyo, ni el del lector. 5 consejos rápidos para seguir lentamente
  3. Revisa. Cuando hayas terminado tu obra, déjala descansar en un cajón durante un tiempo. Olvídate de ella, por lo menos hasta que deje de ser lo único en lo que pienses. Y luego, revísala lentamente, no te desesperes por sacarla a la luz, es mejor llegar más tarde y con un texto mejor que llegar antes con un texto mejorable.
  4. Escucha. Escucha las críticas, las buenas y las malas, pero sobre todo las malas. Y hazlo con paciencia y con gratitud, pues son esas precisamente (y no las buenas), las que más te ayudarán a progresar en tu carrera. A aquellas que directamente te menosprecien o te ofendan no les prestes la menor intención, pues no te ayudarán en nada.
  5. Escribe más. Cuando hayas terminado una obra, no tengas prisa por escribir la siguiente, por más que la tengas a punto en tu cabeza, por más que creas que si no lo haces se te enquistará y luego habrá que operar para sacártela de la cabeza. No tengas prisa, la escritura es un proceso y ser escritor es un viaje, no un destino.

Te espero en mis talleres de narrativa de la ► Escuela de Formación de Escritores.

5 consejos rápidos para seguir lentamente

© Víctor J. Sanz

5 ideas para conseguir buenos diálogos

Con frecuencia, los escritores noveles encuentran ciertas dificultades a la hora de conseguir buenos diálogos, y no solo eso, sino también a la hora de establecer su contenido o de elegir el mejor momento para colocarlos en el relato.

No hay reglas fijas para conseguir buenos diálogos, pero sí hay ideas que pueden ayudar en esa tarea, así que…


Aquí van

5 ideas para conseguir buenos diálogos:


  1. En el lugar adecuado. Por lo general, los diálogos aportan intensidad al relato, por lo que es apropiado que se concentren en las inmediaciones de los clímax narrativos y antes de que estos culminen. Esto no quiere decir que no deba haber diálogos fuera de esos momentos tan concretos, pero desde luego se recomienda que se den en menor cantidad fuera de ellos y de todos aquellos pasajes en los que no se pretenda elevar la tensión narrativa.
  2. La frecuencia adecuada. Hay novelas en las que apenas hay diálogos directos y otras en las que apenas si hay otra cosa que no sean diálogos. En literatura todo tiene su público, no hay duda, pero si se busca una cantidad razonable de público, en cuestión de diálogos, hay que ofrecer al lector una frecuencia razonable. El ritmo y la intensidad de cada historia, así como el género al que pertenezca, marcarán fuertemente esta variable, pero sobre todo será su peso relativo en la historia el que marque la frecuencia adecuada. Por ejemplo, en una novela que busca principalmente la acción, deberán ser más frecuentes (mucho más), que en otra de carácter más intimista en la que el objetivo principal es la transmisión de ideas, pensamientos, sentimientos o sensaciones. 
  3. La extensión adecuada. Salvo casos excepcionales y que tengan una buena justificación, los diálogos, como cualquier otro elemento de un relato, no deben invocar al aburrimiento del lector. Conseguiremos mayor tensión narrativa en la historia, cuanto más breves sean los diálogos. Por ejemplo, el intercambio de frases cortas entre dos o más personajes puede contribuir a un ritmo casi vertiginoso. Los elementos que más pueden ayudar a determinar qué extensión debe tener un diálogo en cada caso, son principalmente: el género de la obra, el estilo del autor, el ritmo pretendido y el número de personajes involucrados en la historia. conseguir buenos diálogos ► No hay reglas fijas para conseguir buenos diálogos, pero sí hay buenas ideas que pueden ayudar en esa tarea, así que... Aquí van 5 ideas para conseguir buenos diálogos:
  4. El vocabulario adecuado. Un buen diálogo mostrará el vocabulario adecuado a cada personaje, a cada escena, a cada contexto. En un buen diálogo no encontraremos expresiones o términos característicos repetidos en dos o más personajes, salvo que haya un buen motivo para ello. Como tampoco encontraremos las muletillas y las pausas típicas del lenguaje hablado.
  5. Acotaciones que enriquezcan. Las acotaciones cumplen una tarea crucial en los diálogos, incluso cuando su función sea estar ausente. Una buena acotación (bien escrita), debe aprovecharse para transmitir (solo cuando sea necesario) información de los personajes al lector y no para repetir incansablemente la fórmula “dijo A” o “repuso B“. En una buena acotación no deberíamos encontrar explicaciones sobre lo que el lector debería haber entendido del diálogo al que acompañan, ya que, si este está bien hecho, no necesita explicación.

Por lo general, para comprobar si hemos conseguido un buen diálogo, deberemos preguntarnos en primer lugar si la información que contiene (tanto la directa como la indirecta), tiene en el diálogo su mejor forma de expresión. Y en segundo lugar si, al pasarlo por el filtro de los cinco puntos expuestos aquí, podemos seguir llamándolo diálogo.


Si quieres profundizar en los diálogos o aprender más cosas sobre técnicas narrativas, te espero en mis talleres de la Escuela de Formación de Escritores.

5 ideas para conseguir buenos diálogos

© Víctor J. Sanz

5 lastres del escritor novel

Muchos autores noveles se colocan tal etiqueta (u otras similares) sin tener muy claro por qué lo hacen. Tal vez sea una tirita antes de la herida, tal vez sea una disculpa generalizada ante quienes puedan llegar a leer los textos que va perpetrando durante su aprendizaje, tal vez sea su forma de indicar a los escritores que no se etiquetan así que no están aquí para invadir el espacio de nadie… En cualquier caso, me parecía oportuno hacer un análisis sobre qué se esconde tras la etiqueta de “novel”, que se esconde tras ella o de que materia está formada, y he encontrado 5 lastres del escritor novel que le impiden progresar en su carrera y alcanzar una buena proyección.


Aquí van

5 lastres del escritor novel


  1. No asumir que tiene que mejorar en su escritura. Por alguna extraña razón, casi ningún novel es consciente de cuánto necesita mejorar en su escritura. Y esto no es algo detectable en esa típica postura de preguntar a quien sabe más que él, sino más bien en la reacción que tiene cuando lo que le dice ese alguien más experimentado no coincide con lo que el novel esperaba, con lo que el novel creía saber ya sobre la escritura. También se advierte en reacciones desmedidas cuando alguien le señala un error y su cerebro dedica mucho más esfuerzo a construir una excusa plausible que a comprender y asumir el mensaje y poner una solución al error.
  2. Creerse su propio maestro. En el oficio de escritor o, mejor dicho, en la naturaleza de escritor, va implícita cierta materia prima y cierta capacidad de autodidactismo, pero eso no debe llevarnos a creer que todo lo que podamos aprender acerca de la escritura ya lo tenemos dentro y solo tenemos que rebuscar bien y dar forma a las piezas que vayamos encontrando. Si el novel asume que puede recibir ayuda externa para su progreso, tiene la mitad del camino recorrido.
  3. Mantenerse firme en la creencia de que tiene que contar todo lo que sabe en las primeras páginas de su obra. El novel se caracteriza en este punto por una impaciencia descontrolada por contarlo todo, no desde, sino en la primera página, lo que muchas veces le lleva a necesitar no menos de 20 primeras páginas para poder dar comienzo a la narración propiamente dicha. 5 lastres del escritor novel. Aquí van 5 lastres del escritor novel No asumir que tiene que...
  4. Mantenerse firme en la creencia de que lo tiene que contar de forma ordenada, ahora personajes, ahora ambientación, ahora hechos, ahora descripciones… En la vida real, cuando tomamos contacto con una historia, generalmente tomamos contacto, si no con todos, sí al menos con la mayoría de sus elementos de forma simultánea y no secuencial. Otra cosa es que en un relato no haya más remedio que tender más bien a un formato secuencial, pero eso no debe obligarnos a creer que no se pueda trabajar simultáneamente en dos elementos. Por ejemplo, si tenemos un personaje en una ubicación determinada, hablaremos tanto del personaje como de esa ubicación tan pronto como el personaje opine sobre ese lugar, porque en esa opinión va implícita información sensible sobre ambos: opinante y opinado.
  5. Mantenerse firme en la creencia de que tiene que utilizar términos cuanto más extraños mejor, para dar así a conocer a todo el mundo su vasta cultura y su innegable dominio de la lengua. Del mismo modo que un vasto conocimiento sobre aviones no te convierte en un buen piloto, sino que es la destreza en la aplicación de esos conocimientos lo que lo hace realidad; el dominio de la lengua se demuestra en la habilidad para elegir la palabra adecuada en el momento oportuno.  Por ejemplo, un personaje no “visiona” a otro en la acera de enfrente, sino que simplemente lo “ve” o lo “mira” o lo “descubre” o lo “saluda”…, hay mil “lo…” (que no son “lo visiona”) esperándote, encuentra el tuyo.

Si quieres desarrollar tu técnica narrativa y ampliar tus conocimientos te espero en el taller Integral de Novela, que imparto en la Escuela de Formación de Escritores. En él abordamos los fundamentos de la narrativa de ficción y el alumno obtiene las herramientas necesarias para abordar con mayores probabilidades de éxito sus proyectos narrativos.

5 lastres del escritor novel

© Víctor J. Sanz

5 ideas (y media) para hacer buenas descripciones en narrativa

La de las descripciones es una de las áreas de la narrativa más olvidadas o, para ser más exactos, más dadas por sabidas y conocidas por todos los autores. Parece como si no fuera necesario saber más de lo que pueda saber cualquiera para conseguir una buena descripción, y esto no es del todo cierto, de hecho no puede ser más falso. Hacer buenas descripciones no está al alcance de cualquiera, no todos los escritores las consiguen siempre en sus obras y, sin embargo, todo el mundo, las consiga o no, da por hecho que las hace muy bien o, cuando menos, que no las hace “tan mal”.

Nadie tiene la llave maestra de la caja de seguridad donde se guardan las descripciones brillantes, pero estoy seguro de que cada uno puede tener acceso a su propia pequeña caja del tesoro.


Para ello aquí van

5 ideas (y media) para hacer buenas descripciones en narrativa

  1. De los personajes. No uses clichés como “de mediana edad”. Si lo que quieres decir es que su edad parecía indefinida, di algo más parecido a eso. Pero si lo que de verdad quieres decir es que su edad resultaba igual a la media de la mayoría o que estaba entre los 35 y los 55, entonces también te lo puedes ahorrar, porque no parece que sea un rasgo identificador lo suficientemente concreto como para que el lector lo necesite para seguir leyendo y, lo que es más normal, lo retenga en su memoria. Imagínalo viendo desfilar en su mente a todos tus personajes e intentando recordar a quién y a cuántos les has puesto la etiqueta de media edad. Salvo que esta expresión forme parte del diálogo de un personaje policía, periodista poco profesional o similar, es mejor no usarla. Los policías (y los periodistas poco profesionales) pueden hablar como quieran, que para eso son policías (o periodistas poco profesionales) y no escritores.
  2. De las ubicaciones. Lee un montón de folletos turísticos, de más o menos un metro y medio de alto. Cuando hayas terminado ya sabrás todo lo que debes evitar en las descripciones de este elemento. No hagas un folleto turístico de las ubicaciones de tus escenas. Cuida los términos que usas y destaca lo diferente, pero no como si quisieras que el lector fuera allí de vacaciones en vez de estar leyendo tu novela.
  3. De los objetos. No te sientas en la obligación de describir cada una de sus medidas, a menos que el narrador sea un arqueólogo, un diseñador, un arquitecto, un policía, un forense o tenga cualquier otra profesión en la que su uso sea corriente y necesario para el discurrir del relato. Ni tampoco los describas en una larga sucesión de objetos que te llevará un par de páginas, que es mucho más de lo que tarda un lector en cerrar tu libro. Di de ellos lo imprescindible y dilo cuando resulte imprescindible.
  4. A lo abstracto por lo concreto. Cuando intentes describir conceptos abstractos, tus mejores aliados son los términos concretos. Por ejemplo, si quieres definir la fiereza de un gato, parece que lo más razonable puede ser añadirle dientes puntiagudos, y lo sabemos (como lo sabrá el lector), porque el gato los está enseñando, nos amenaza con ellos; o añadirle un bufido; o describir cómo prepara sus afiladas uñas para arañarnos (para arañar al lector, acaso). hacer buenas descripcionesEl resto del trabajo hasta llegar al concepto “fiero” corre por cuenta del lector. Si después de leer un fragmento con estos elementos, alguien le preguntara al lector cómo era el gato, sin dudarlo dirá: fiero. Pero si, como escritores, le decimos al lector directamente que “el gato era fiero”, le estaremos privando de participar en la lectura de forma activa y, lo más evidente y negativo para el escritor: que le pareceremos un vago al lector y se le irán quitando las ganas de leernos.
  5. A lo concreto por lo abstracto. Y cuando intentes describir conceptos concretos, tus mejores aliados serán los conceptos abstractos. Por ejemplo, para describir el color negro del cabello de un personaje, no está bien que nos limitemos a ser correctos diciendo que “su pelo era negro“, está claro que quedaría mucho mejor referirnos al color de otro modo que incite al lector a participar en la construcción de nuestro relato imaginando en este caso nuestra definición. Si decimos, por ejemplo “tenía un pelo carbón” o “sus cabellos eran carbón“, estamos forzando al lector a que genere en su mente una imagen con la que ilustrar nuestro relato, con lo que su experiencia será mucho más rica.
  • Bonus Track:
    • Evita… descripciones copiadas; las variaciones de fórmulas desgastadas de tanto ser usadas por una legión de escritores ansiosos por parecer originales y distintos; evita transmitirle al lector informaciones genéricas y poco precisas sobre aquello que estás describiendo, porque no le estarás ayudando a distinguir aquello que pretendes definir.

Si quieres profundizar en las descripciones te espero en el taller El lenguaje literario, que imparto en la Escuela de Formación de Escritores. En él abordamos todo lo relacionado con la descripción literaria y otros aspectos muy importantes de la expresión literaria.


5 ideas (y media) para hacer buenas descripciones en narrativa

© Víctor J. Sanz

(V) Errores comunes de los escritores noveles

(V) Errores comunes de los escritores noveles ►

Seguimos con esta serie de artículos dedicados a los errores más frecuentes en los trabajos de los autores noveles.

Si ves reflejados tus textos en estos análisis, no lo tomes como algo personal, lógicamente no es esa la intención, ya que han sido pensados para servir de ayuda en la detección y superación de los errores a aquellos que quieren mejorar su técnica.

13) La palabra cautivadora que solo me cautiva a mí. A todos nos ha pasado alguna vez que elegimos una palabra que nos cautiva y no dudamos en utilizarla tantas veces como el texto se preste a ello, incluso aunque el contexto le sea claramente hostil. Esa palabra que nos cautiva, nos hace cautivos de su uso, pero no cautiva a los lectores, especialmente si se la encuentra varias veces en la misma página, y así página tras página. Suelen ser verbos comodín que se utilizan para todo, o adjetivos que se aplican a todos los personajes o ubicaciones, o coletillas que utilizan tanto el narrador como varios de los personajes (cuando no todos ellos), o tal vez sustantivos como medio alternativo de referencia a un personaje, y que al autor el parecen la única opción posible para mencionar al personaje en cuestión. Creo que es obligación del autor, novel o no, revisar su texto también en este apartado, si bien esta revisión tiene importantes variables subjetivas y no es fácil establecer una norma o regla a seguir.

Errores de escritores noveles. Error nº13: La palabra cautivadora. Clic para tuitear

14) Mira todo lo que he estado estudiando. Cuando para el desarrollo de la obra ha sido necesario un proceso previo de estudio y documentación, al autor novel le resulta particularmente difícil evitar desplegar todos los conocimientos adquiridos en la corriente narrativa de su obra. A veces, estas informaciones se integran bien en el relato y su presencia es a propósito de la propia trama o de la caracterización de los personajes; pero es muy delgada la línea que separa lo necesario, de lo superfluo. La buena noticia es que esta línea, aunque delgada, no es invisible. Una lectura con mirada crítica desvelará enseguida al autor, qué informaciones de las que pretendía incluir ayudan a la historia y cuales la frenan.

Errores de escritores noveles. Error nº14: Mira cuánto he estudiado. Clic para tuitear

15) Mira lo que sé hacer. Este error es también muy típico del que empieza su aventura en las letras. Consiste en precipitarse por demostrar (y presumir de ello) esa técnica y esos conocimientos incipientes con que el autor novel se siente especial y, por qué no decirlo, tal vez un poco por encima de los demás. Creo que se me entenderá mejor si pongo un ejemplo. Imaginad un niño en su primera fiesta escolar de Navidad. Miradlo, ¿veis cómo a medida que sale al escenario va buscando a sus padres con la mirada y, nada más encontrarlos, comienza a saludar? Siguiendo con el símil esto no es algo que se le haya visto hacer a ningún actor profesional de teatro, al menos no que se tenga noticia.

Errores de escritores noveles. Error nº15: Mira lo que sé hacer. Clic para tuitear


Si tienes interés en aprender a subsanar y prevenir estos y otros errores típicos del escritor novel, envíame un mensaje a través de este formulario y  diseñaré para ti un taller personalizado y al mejor precio.


Ver todas las entradas de: “Errores comunes de los escritores noveles

Comprar el libro «Errores comunes de los escritores noveles y cómo evitarlos», donde encontrarás muchos más errores y consejos.

© Víctor J. Sanz

Consulta aquí: todos mis cursos de narrativa en la Escuela de Formación de Escritores.Errores comunes de los escritores noveles (V)

(IV) Errores comunes de los escritores noveles

(IV) Errores comunes de los escritores noveles ►

Hasta ahora hemos repasado nueve de los errores más frecuentes de los escritores noveles, hoy vamos con una nueva entrega de esta serie: Errores comunes de los escritores noveles (IV)

10) Los posesivos. Cuando estamos describiendo las acciones de un personaje, en una redacción fluida, sin grandes parones, es posible que se nos cuele algún posesivo cuando con un artículo se hubiera resuelto perfectamente la frase. Por ejemplo, en la frase Antonio abrió sus ojos, el posesivo solo tendría verdadero sentido y sería casi irreemplazable si estamos en un contexto con carga poética o si Antonio ejerce de cirujano oftalmólogo o de sádico asesino en serie. En realidad, sería suficiente y más correcto decir Antonio abrió los ojos. Este uso de los posesivos se da también en frases como Bernardo levantó sus brazos o en casos más llamativos como María se tocó sus piernas, en que el reflexivo ya incorpora la idea de que las piernas que toca van a ser las suyas. Mientras escribimos no solemos reparar en detalles como este uso de los posesivos, pero no es admisible que sobrevivan a la revisión más liviana que podamos hacer del propio texto.

Errores de escritores noveles. Error nº10: Los posesivos superfluos. Clic para tuitear

(IV) Errores comunes de los escritores noveles

11) Viajes en el tiempo. O mejor dicho, viaje por los tiempos verbales. Es error frecuente en algunos autores el cambiar de tiempo verbal durante la narración. Pasando de narrar en tiempo presente a narrar en tiempo pasado o viceversa, o alternativamente, o de forma arbitraria. Al igual que el error número diez, este no debería sobrevivir a la menos ambiciosa de las revisiones de nuestro escrito.

Errores de escritores noveles. Error nº11: Viajes en el tiempo. Clic para tuitear

12) Personajes desechables. Cuando el autor novel está muy emocionado con la idea de su obra, con su planteamiento, con su planificación (si es que es de los que prefieren planificar), o ya directamente con su redacción, suele desatender aspectos delicados que dejan en evidencia cierto grado de impericia que, por fortuna, también es fácilmente subsanable. En ocasiones, los autores olvidan insuflar vida en sus personajes y los dejan a su suerte, convertidos acaso en una exigencia del guion, en un accidente, en un apuntador que dice, ¡qué casualidad!, las frases que el otro personaje necesita exactamente para soltar su discurso que, también casualmente, viene cargado de informaciones que el autor estaba deseando soltarle al lector.

Errores de escritores noveles. Error nº12: Personajes desechables. Clic para tuitear


No te ofendas si te has sentido identificad@ con alguno de estos errores, todos los hemos cometido en los primeros escritos. Que se sepa aún no ha nacido un solo escritor libre 100 % de errores.

Si quieres evitar cometer estos y otros errores noveles, puedo ayudarte con los talleres de narrativa que imparto en la Escuela de Formación de Escritores.


Ver todas las entradas de: “Errores comunes de los escritores noveles

Comprar el libro «Errores comunes de los escritores noveles y cómo evitarlos», donde encontrarás muchos más errores y consejos.

© Víctor J. Sanz