Formas de presentar los personajes de tu novela: el lenguaje corporal

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Formas de presentar los personajes de tu novela: el lenguaje corporal La que presentamos hoy es una de las formas más sutiles pero también más difíciles de poner en práctica para los escritores noveles. Hoy hablaremos de la forma de presentar los personajes de una novela mediante su lenguaje corporal.

En un producto audiovisual, el lenguaje no solo tiene otra consideración, sino que resulta mucho más potente y fácil de usar y, además, puede llegar a salirse incluso del campo de competencias del escritor; pero cuando hablamos de lenguaje corporal de los personajes de una novela, la cosa resulta bien distinta.

Si visualizamos el texto de una obra de teatro, el lenguaje corporal viene casi siempre marcado en las acotaciones por el autor y en una novela no ha de ser muy distinta la forma de referirse a ello. Tanto si va incluido en un párrafo narrativo, como si va dentro de la acotación de un diálogo, toda referencia al lenguaje corporal debe hacerse con suma precisión y de forma totalmente inequívoca para que tenga el resultado deseado.

Desde luego, no resulta un buen uso de estas referencias al lenguaje corporal el hecho de incluirlas en todas y cada una de las acotaciones, al contrario, dosificarlas adecuadamente puede tener efectos amplificados en el lector. Para mostrar, por ejemplo, un personaje que resulta amenazador para los demás personajes, el autor no puede estar refiriéndose a un gesto que represente esa amenaza cada vez que el personaje abre la boca, pero bastará con que lo utilice en el momento adecuado para que el lector siempre mire del mismo modo a ese personaje hasta que se le diga lo contrario o el contexto sea suficientemente explícito de otra consideración.

Además de las circunstancias propias del personaje, el autor también podrá manejar otros elementos circunstanciales como son los demás personajes y las situaciones por las que pasen, para explotar adecuadamente toda referencia al lenguaje corporal.

Decía al principio que es un arma muy sutil pero eso no quiere decir que el lector no vaya a recibir el mensaje, sino que ese mensaje puede llegarle de forma inadvertida y más disimulada. Por el mismo motivo es una de las formas de más difícil uso por los autores noveles.

También se puede practicar el lenguaje corporal sugerido. Es aún más difícil de materializar, pero puede llegar a sugerirse cierto lenguaje corporal al lector, mediante signos de puntuación, especialmente los puntos suspensivos, pero también las interrogaciones. La forma en la que un personaje hace una pregunta o deja algo en el aire puede ser muy representativa de cómo lo está diciendo, de qué gesto o postura tiene al decirlo. Por ejemplo, una pregunta formulada con demasiada precaución cuando aparentemente nada lo justifica, puede conseguir que el lector se imagine al personaje con las cejas arqueadas o con una mirada taimada y sabedora de antemano de la contestación que recibirá, matices que dependerán casi por completo del contexto de la escena.

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© Víctor J. Sanz

Formas de presentar los personajes de tu novela: sus reacciones

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Formas de presentar los personajes de tu novela: sus reacciones Anteriormente, en otra entrega de esta misma serie, vimos cómo presentar personajes por medio de lo que hacen, por cómo se comportan; pero merece capítulo aparte hablar de cómo se comportan ante desconocidos o ante hechos imprevistos, ya que pueden dar una muestra de su verdadero interior, de la materia con la que están hechos esos personajes.

Cuando un personaje se relaciona con otros personajes de su entorno o se mueve en entornos conocidos, sus reacciones están sometidas al moldeo de las manos de la costumbre y la experiencia. Es decir, los personajes (también las personas) tienen un comportamiento matizado por factores circunstanciales. Por lo general, su comportamiento no es igual en un entorno que en otro, o ante unos personajes que ante otros.

Es precisamente ante personajes desconocidos cuando un personaje puede dejar salir de sí su verdadera esencia. Veamos un ejemplo: cuando un personaje tiene una buena acción con otro personaje al que le une una relación de amistad, juzgamos su acción desde esa condición; pero cuando tiene esa misma acción (o reacción) con un desconocido, juzgamos su acción de forma totalmente distinta: ya no vemos ese amigo bueno, atento, amable, generoso, interesado o lo que quiera que sea lo que demuestra la acción ante su amigo, sino que podemos estar ante un verdadero altruista, o egoísta o inhumano o ser sensible. Lo que un personaje deja entre ver de su verdadero yo ante un desconocido o ante una situación desconocida puede ser mucho más de lo que a simple vista se ve, ya que su esencia no estará condicionada por otros baremos y escalas de valores que pueden llegar a dictarle lo que tiene que hacer y cómo tiene que comportarse.

Los personajes no son sino personas que nos prestan su vida por el tiempo que dura nuestro relato. Así pues, podemos llevar al papel no solo sin miedo, sino con todo el peso de la razón y de la lógica, el comportamiento más humano de las personas. Pero no confundamos “humano” con “humanitario”; a diferencia del comportamiento humanitario, el comportamiento humano incluye aquellas cosas que nos hacen viles, ruines, ridículos, egoístas o malvados.

Puedes aprovechar prácticamente cualquier escena en la que incluyas a tus personajes para que interactúen con ella y se retraten ante el lector. Cuantos más elementos desconocidos o infrecuentes contenga la escena más elementos tendrás a tu disposición para desnudar al verdadero yo de tu personaje ante el lector.

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Formas de presentar los personajes de tu novela: admiraciones y desprecios

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 Formas de presentar los personajes de tu novela: admiraciones y desprecios Todas las personas encontramos en otras personas, o actitudes de otras personas, referencias con respecto de las cuales nos posicionamos en un plano imaginario.

Aquellas personas o actitudes o cualidades por las que sentimos admiración y, por qué no decirlo, hasta una especie sana de envidia, despiertan en nosotros cierto criterio colateral al que aplicamos al resto de las personas, actitudes o cualidades humanas.

De igual modo ocurre con aquellas personas, actitudes o cualidades humanas que despreciamos.

Este gesto, este posicionamiento inconsciente nos descubre y habla de nosotros mucho más de lo que nos podríamos imaginar.

Esto no es algo a lo que los personajes de ficción resulten indiferentes, ya que, bien explicado y bien utilizado, este gesto se convierte en una de las más sutiles armas descriptivas de que puede echar mano el escritor para presentar sus personajes ante el lector.

Por ejemplo, presentar nuestro personaje como admirador incondicional de un aventurero cuyas gestas le han llevado a dar la vuelta al mundo en varias ocasiones, le sitúa en un perfil viajero, sino físicamente sí al menos espiritualmente, esto es, como mínimo: soñador; pero además podría presentarlo como alguien apocado si el único impedimento para hacer realidad esa vida admirada, es su propio carácter o su propia falta de valor o de decisión. En este caso, estaremos presentando un personaje cuyas ensoñaciones tienen una fuerte presencia en su vida y podrían llegar a condicionar no solo sus acciones sino también sus inacciones. Más allá de todo esto, esta descripción del personaje podría servir al autor para llevarlo hasta un plano muy inferior desde el que dar un salto argumental y aumentar al máximo la tensión narrativa si, por ejemplo, el personaje se ve obligado, a favor de sus ensoñaciones pero en contra de su realidad, a afrontar un viaje imprevisto o una aventura inesperada similar a las que admira.

Ese giro argumental se constituiría en la propuesta de aventura que presentamos al lector y en el que le invitamos a descubrir las reacciones de alguien frente a sus fantasmas y sus temores.

Así pues, aquellas actitudes humanas que admiran o que desprecian nuestros personajes puede ser una herramienta muy eficaz para dibujar sus perfiles en la mente del lector.

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© Víctor J. Sanz