El lector protector

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El lector protector >>

El lector protectorEn el último post hablé de una técnica narrativa que tendría por objetivo causar en el lector/espectador la sensación de dependencia de un personaje para posteriormente suprimirlo de la historia de forma, digamos, violenta; lo que generaría en el lector/espectador una sed de venganza que lo mantendría pegado al libro o a la TV en el caso de las series hasta ver cumplida y satisfecha tal venganza. Llamé a esta técnica “El lector huérfano“.

Hoy quiero hablar de otra técnica similar cuya finalidad sería la de despertar en el lector/espectador un sentimiento maternal, un instinto de protección para con, especialmente, el protagonista principal.

Ejemplos muy conocidos de una utilización exitosa de esta técnica es (no podía faltar) Breaking Bad; o The following, serie a la que ya dediqué una despedida recientemente y en la que el protagonista se convierte en el protegido virtual del espectador debido a su dolencia cardiaca; o la deliciosa Monk, donde las manías que sufre el protagonista nos hace sentir debilidad por él.

El lector protectorPero la finalidad de esta técnica del lector protector no es únicamente la de despertar ese instinto de protección en el destinatario de la historia, sino que también resulta de gran utilidad para dar al personaje protagonista sólidos argumentos que justifiquen casi cualquier cosa que se le ocurra decir o hacer o, mejor dicho, casi cualquier cosa que el guión de la historia pudiera necesitar poner en manos o boca del personaje protagonista.

Hay otro aspecto importante y que no quiero dejar de apuntar. Comprobad que la enfermedad o debilidad que aqueja al protagonista tiene una dimensión, una entidad y una trascendencia del mismo calibre que aquello a lo que servirá de justificación. De otro modo se rompería ese delicado equilibrio que necesita toda historia para circule entre lo interesante y lo aburrido.

© Víctor J. Sanz

Enrique Cido, capítulo 10: Aquello de Madrid

Aquello de Madrid >>

No supe entender a mis compañeros de Madrid. Los últimos días que pasé allí, la mayoría de ellos los pasaron despidiéndose de mí como si me fuera a una guerra en la que casi con toda seguridad perdería la vida o me apresarían a las primeras de cambio. Tenía la sensación de que querían recordarme como me conocieron, algo así como si estuviera empezando a pudrirme ante sus propios ojos. Solo por ir al pueblo una temporada, pensaba yo. Aquel es un mundo difícil… Aquello no es para ti… Si alguna vez necesitas algo, me decía más de uno, como si me fueran a encerrar en una cárcel turca o algo peor. Tenía la impresión de que si hubiera tenido familia se habrían querido hacer cargo de ella, que no les faltara de nada, me imaginaba yo. También había compañeros, es cierto, que parecían decir todo lo contrario, mostrando envidia incluso. No lo decían, pero me miraban con un “después de la que has liado, qué suerte tienes, cabrón, ahora de vacaciones” que casi se podía tocar.
No lié una más gorda que la que habría liado cualquiera en mi lugar. Sin ojos mirando, nadie es un ladrón. Hasta que alguien abre la boca. Alguien que cree que merece algo más. Y cuando lo hace, ya no hay remedio, te llueven las etiquetas como granizos del quince arruinando una cosecha de frutales, que no hay donde ponerse a salvo. Casi, casi ni en Faisans. Suerte que tuve que algunos de mis compañeros no habían oído hablar del pueblo. Claro, cómo lo habrían de conocer, si apenas yo mismo me acuerdo de mis veranos aquí. Eso que gano, porque no me extrañaría nada que más de uno viniese a pisar la losa de la tumba de mi destierro para asegurarse de que está firmemente sujeta al suelo.
En las últimas jornadas he tenido que bajar un poco el pistón, la gente de aquí no acepta sobornos al mismo ritmo que yo soy capaz de ofrecerlos. Me miran por encima del hombro, como si estuvieran buscando la nave espacial que me ha traído hasta su planeta. Ellos no aceptan fácilmente mi dinero a cambio de sus tierras. Son sus tierras, sus árboles, sus cosechas, su herencia y, en algunos casos, la tierra bajo la que descansan sus antepasados, aunque nadie lo dice en un sentido literal, espero. No me imagino la cara de los morlacos de Michelingrado removiendo tierras para construir y teniendo que apartar ataúdes, con lo supersticiosa que es esa gente.
Así que hoy he terminado pronto y mientras volvía a casa de la señora Jacinta aún he sentido el tic de mis últimos días en Madrid de volver la vista atrás, no sé muy bien si esperando ver a alguien de algún juzgado en mi busca o qué, aunque me aseguraron en el Partido que eso no llegaría a ocurrir, que mucho antes de que “hubiera caso” dejaría de haber juez con ganas de abrir una causa contra mí, que con lo que yo había sido para el Partido que qué menos. Sí, mucho agradecimiento, pero llenar cuentas en Suiza te lo pagan con un destierro como este. No es que no esté a gusto en Faisans, es que no sé muy bien qué pinta un león en el campo, el lugar de un león es la selva de la ciudad, donde hay carne fresca con dinero fácil en los bolsillos.

Aquello de Madrid
Mientras volvía a paso lento, un paso propio de Faisans aunque no de mí, habré vuelto la vista dos o tres veces, el sonido de un motor impropio de un tractor o de una furgoneta parecía seguir mis pasos. Desde la ventana de mi habitación vigilo. Apago la luz y descorro un poco el visillo con bordados muy de moda hace un siglo. Pues no me equivocaba, un coche negro del que no he podido averiguar marca ni modelo se ha detenido a un par de puertas de la casa. Habrá permanecido allí un par de minutos. Luego alguien se ha acercado, aunque cayendo la tarde no he podido ver muchos detalles. Han bajado la ventanilla del acompañante y una mano ha recogido algo que le entregaba quien se acercó al coche, luego les ha despedido asintiendo, como si le hicieran algún encargo y el coche ha seguido la calle hasta perderse más allá de la plaza del pueblo. Quien les ha hecho la entrega se ha acercado hasta debajo de mi ventana y luego ha desaparecido. He pasado un rato pensando y con un gesto de extrañeza de esos que te sacan agujetas.
La potente voz de Jacinta me ha sacado de mis pensamientos tirándome de las orejas.
—¿Se puede saber dónde estabas, Mateo?, te estaba esperando, haz el favor de ayudarme con esto, que pesa como un demonio.
¡Joder!, me quedo pensando si no sería Mateo el que se ha acercado al coche negro. ¡Qué extraño todo esto!
Después me he tumbado en la cama a descansar un poco antes de cenar, pasado el choque de los primeros días ya llamo cama a este infierno de lanas caóticas.
Ese coche me ha dejado pensando en Madrid. Tampoco había visto un coche así en Madrid, me parecía más bien escapado del rodaje de alguna película española de la posguerra, pero me ha dejado pensando en Madrid, quizás porque allí no me hubiera llamado la atención. Pero, ¿quién usa hoy en día un coche negro como ese?
Creo que mañana intentaré hablar con el Secretario de Organización del Partido. No termino de adaptarme a esto, me siento raro aquí y para rematar la cosa, el dichoso coche negro me ha puesto hasta mal cuerpo, solo pensar que podría venir de los juzgados me ha acelerado las pulsaciones. Apuntaré en mi diario algunas de las cosas que le diré al Secretario, apenas queda un año y medio para las elecciones generales y al Partido nunca le han venido mal mis servicios en las campañas electorales, soy de lo mejorcito en ese campo.
He ido a coger el diario pero… no está, ¡no está!, ¡¡¡NO ESTÁ!!!
Mateo. El coche negro. Les entrega algo. Mateo. El diario. Mateo. El coche negro.¡El diario!
Repaso mentalmente lo que había escrito hasta ahora en el diario. No recuerdo nada demasiado importante, nada que pueda sorprender a quien me conoce. Un momento…, ¿no me habré dejado llevar en ningún momento por el subconsciente y habré anotado algo comprometido, algún nombre, algún lugar, algún encuentro, alguna fecha?
Pam, pam, pam.
—¡A cenar! —Solo Jacinta puede hacer que la puerta se mueva aun estando cerrada.
Bajo al comedor y busco desesperadamente a Mateo con la mirada. Cuando lo encuentro no disimula, me sostiene la mirada. Entonces yo sí lo evito a él. Pero decido atacar de frente, no puedo esperar.
—A mí no me gustan los coches negros, ¿a ti te gustan los coches negros, Mateo?
—Pero ¿qué dices? —Dice Jacinta mirándome con preocupación.
Mateo calla, me mira y parece sonreír levemente, con una levedad inversamente proporcional a la inquietud que me provoca.
—Te vas a abrasar los morros… —me advierte Jacinta sobre el puré de guisantes— Que lo acabo de retirar del fuego.
Mis labios palpitan con fuerza pero menos que mis ojos, que temerosos buscan en Mateo más gestos que analizar que confirmen mis sospechas.

El lector huérfano

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***ATENCIÓN PUEDE CONTENER SPOILERS***

El lector huérfanoUna de las técincas que más éxito está cosechando para los guionistas de series de televisión -o los escritores de las obras adaptadas- es la que yo llamo del lector huérfano; que viene a consistir en mostrar al espectador una figura protagonista muy carismática (o eso se pretende) para, después de algunos episodios, matarla o hacerla desaparecer con visos de definitivamente.

Aparentemente suena a traición para con el espectador, como enseñar un caramelo a un niño para finalmente comérselo uno mismo. Pero nada más lejos de eso. La primera sensación que se busca crear en el espectador es la de la dependencia. Para ello se crea y se agita delante del espectador un personaje de quien no queda más remedio que quedarse enganchado, por sus dotes, su bondad, su templanza, en fin, por sus virtudes; y cuando te parece que no se va a morir nunca, ¡zas!, te lo matan. El efecto que se busca es el de dejar pegado al espectador como una lapa a la televisión hasta que ve satisfecha una suerte de venganza que le reclama su sentido común.

Creo que es una técnica que, bien aplicada, puede ser muy efectiva. De hecho hay algunas series donde esto es fácilmente comprobable, Breaking Bad o, más especialmente Juego de Tronos. En esta última la generación de esa sensación de venganza en el espectador es ciertamente recurrente, sin llegar a causar el efecto contrario al deseado.

En cine también se ha intentado aunque no con el mismo éxito, quizás debido al formato más reducido. En la película “La fría luz del día” la técnica no dio resultado, dejando al espectador preguntándose ¡WTF!, entre otras cosas porque del personaje no se vuelve a saber casi nada y de una hipotética venganza mucho menos. Quizás fue esto lo que le vale una triste puntuación de 4,9 en IMDB.

Si estás escribiendo una historia que no termina de cuajar, intenta crear un personaje carismático del que luego prives a tus lectores, si lo haces bien, leerán página tras página esperando que te vengues por ellos de su asesino.

 © Víctor J. Sanz

'The following', engañando al espectador

‘The following’, engañando al espectador

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¡Atención!, contiene spoiler.

'The following', engañando al espectadorUna de las máximas aspiraciones de toda buena obra de ficción que se precie debería ser cautivar la atención del destinatario (lector, espectador…) y provocarle cierto grado de sorpresa. Pero la sorpresa es una línea muy delgada al otro lado de la cuál se encuentra el vasto territorio del engaño y las malas artes.

Cuando en una historia (novela, película o serie), se ocultan al destinatario datos importantes de la trama con el fin de “dar una sorpresa” es muy fácil caer en el otro lado de la línea. Esto es lo que le ocurre a la serie de televisión The following, que buscando esa sorpresa se han caído de bruces más allá de la delgada línea.

Del mismo modo que resulta ocioso (y engañoso) dar, durante la historia, antecedentes de hechos que finalmente no ocurren; constituye también un engaño de grueso calibre no dar ni la más mínima sugerencia de hechos que sí tienen lugar y que además forman el núcleo de un giro argumental trascendente.

Si este giro argumental lo protagoniza un personaje del que solo se han suministrado al lector/espectador datos positivos y ni una sola sombra de duda, el hecho de mostrarlo de repente como alguien esencialmente malo, no es sino un vil engaño que juega con la esperanza del lector/espectador de formar parte de la historia en algún momento. Técnicas sucias como esta solo pueden causar rechazo en los espectadores, sino de forma inmediata sí a la larga.

En el uso de esta técnica sucia contra el espectador, los guionistas de la serie “The following” abusan en cada capítulo de la primera temporada. Presentan a personajes netamente buenos que, sin venir a cuento, es decir, sin antecedente (por sutil que sea), se convierten en malos o, se revelan como malos justo cuando se necesita un giro argumental interesante.

Darle al espectador la oportunidad de anticiparse a ello, de descubrir por sí mismo esa línea de la trama, es lo mínimo que se le puede exigir a una obra de ficción. Todo lo demás son engaños y malas artes.

Gracias a este engaño, la serie The following ha quedado al nivel de las películas de terror de serie B cuyo más exitoso recurso sea el de mostrar un rostro horrible al tiempo que suben el volumen hasta niveles insoportables. La sorpresa por la sorpresa, el susto por el susto, deja las obras de ficción muy cerca de la basura.

Víctor J. Sanz

Nuevo libro ‘Tu factoría de historias’

Nuevo libro ‘Tu factoría de historias’ >>

Nuevo libro 'Tu factoría de historias' >> Ya está disponible mi nuevo libro 'Tu factoría de historias'.  'Tu factoría de historias' es un libro-taller para aprender a escribir novela. Con él obtendrás y practicarás los conocimientos necesarios para escribir novelas de forma autónoma.  En el taller se abarca todo el proceso de la creación, desde la generación de la idea (se ofrecen 10 caminos por los que llegar hasta ella), hasta la palabra FIN, pasando por la creación de personajes, el diseño de la trama, la construcción del conflicto, la elección del narrador o el cuidado del lenguaje. Sin olvidar el control de calidad que incluye el taller para que tus textos alcancen la mayor calidad posible.Ya está disponible mi nuevo libro ‘Tu factoría de historias‘.

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En el taller se abarca todo el proceso de la creación, desde la generación de la idea (se ofrecen 10 caminos por los que llegar hasta ella), hasta la palabra FIN, pasando por la creación de personajes, el diseño de la trama, la construcción del conflicto, la elección del narrador o el cuidado del lenguaje. Sin olvidar el control de calidad que incluye el taller para que tus textos alcancen la mayor calidad posible.

Puedes seguir el taller de dos formas distintas. En ambos casos necesitarás adquirir el libro “Tu factoría de historias“. Puedes hacerlo aquí: https://www.createspace.com/4805614.

Puedes seguir el taller de manera autónoma, sin más coste que el propio libro o, puedes seguirlo con mi guía y mi ayuda. El libro contiene ejercicios prácticos que se irán comentando y corrigiendo durante el taller. La forma guiada te dará autonomía para crear tus propias novelas desde cero, y para hacerlas de la mejor manera posible.

Si estás interesad@, puedes saber más acerca de la metodología aquí: (Preguntas frecuentes)

Si las letras son tu pasión y crear una novela es tu objetivo, el taller ‘Tu factoría de historias’ puede ayudarte.

Taller de escritura: El elemento disonante

El elemento disonante, taller de escritura

El taller de escritura ‘El elemento disonante’ en Lenguando >>

El fin de semana pasado tuvo lugar el tercer encuentro de los profesionales de la lengua, Lenguando. Más conocido en esta edición valenciana como #VALEnguando.

Tuvo lugar en un escenario extraordinario, realmente singular: el IES Luis Vives. En la siguiente fotografía se puede apreciar su encanto, pero también el de un encuentro como Lenguando, que da la oportunidad de compartir experiencias y conocimientos con profesionales de la lengua en todas sus vertientes.

Taller de escritura: El elemento disonante

Participé como asistente en la segunda edición de Lenguando, que tuvo lugar en Madrid el último fin de semana del pasado mes de marzo, y fue una experiencia única en la que conocí profesionales de todo tipo y aprendí muchas cosas y muy útiles.

En esta tercera edición he participado como ponente y he impartido mi taller de escritura creativa “El elemento disonante, tu factoría de historias“. En él se expone (y se practica) una vía para la generación de ideas que sirvan de base a un relato. En la siguiente imagen puedes verme unos minutos antes de comenzar a impartir el taller. Aprovecho para agradecer a la organización los esfuerzos derrochados, que dieron lugar a un resultado óptimo durante el encuentro. También aprovecho a los asistentes al taller por su acogida y su participación durante la charla.

Taller de escritura: El elemento disonante
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“El elemento disonante” forma parte del libro-taller “Tu factoría de historias” en el que está basado el taller de novela de Letras Inquietas.

Si estás interesado en escribir una novela, este taller te enseña a hacerlo. Puedes seguir el taller de forma autónoma (sin más coste que el propio libro y tu estudio) o de forma guiada, con el soporte de Letras Inquietas para resolver dudas, corregir ejercicios y ayudarte en el control de calidad de tu texto. Del taller guiado saldrás capacitado plenamente para escribir novelas de forma autónoma.

Si quieres saber más acerca de este taller puedes consultar las dudas más frecuentes aquí.