La descripción en la narración literaria debe ser cuidada al máximo

La descripción en la narración literaria

La descripción en la narración literaria no recibe, en demasiadas ocasiones, la importancia que merece. Muchos autores se centran casi exclusivamente en otros aspectos y pasan por alto la verdadera importancia que tiene en el conjunto de la historia narrada.

La descripción en la narración literaria debe ser cuidada al máximo
La descripción en la narración literaria debe ser cuidada al máximo

La descripción no debe considerarse, en absoluto, un elemento aislado dentro del conjunto, antes al contrario, las descripciones pueden ser determinantes para marcar la atmósfera y el ritmo de la narración, convirtiéndose en el telón de fondo ante el cuál transcurre la acción de la narración.

La descripción debe ser suficiente pero comedida. Según André Malraux “cuanto mas largas son las descripciones menos «ve» el lector”. Debe aportarse en la descripción toda la información necesaria que contribuya al flujo normal de la acción pretendida, todos los elementos descritos que puedan ser eliminados sin que la información contenida en la descripción varíe, mengüe o se distorsione, podrían ser eliminados sin más. Es seguro que, en este aspecto, Galdós tenía otras intenciones bien distintas.

La descripción en la narración literaria debe ser cuidada al máximo

De todos los elementos que pueden venir a la imaginación del escritor cuando está describiendo, tan solo habrá de tomar aquellos que aporten algo de valor a la narración, o a la comprensión y disfrute de ésta por parte del lector. La riqueza de una descripción no reside en la cantidad de detalles que se aporten, sino en la pertinencia de cada uno de esos detalles. Una descripción al alcance de la capacidad descriptiva de cualquier persona que se proponga describir, no tiene muchas opciones de ser una descripción rica, y dado que el escritor es, por esencia, un observador avanzado, sus descripciones han de ser avanzadas. Por ejemplo, resaltando aquellos detalles poco corrientes de entre lo cotidiano, y aún resaltándolos de una manera especial.

En función de la voz elegida para narrar, la descripción podrá acceder o no a determinados puntos de vista sobre los elementos a describir. Mientras que una narración en primera persona queda circunscrita a los ojos del personaje y a sus sentimientos, una voz omnisciente cuenta, además de con este punto de vista para todos los personajes, con la posibilidad de una vista cenital, por decirlo de manera gráfica, del escenario en el que transcurre la acción, y hasta de los sentimientos más íntimos de sus personajes. 

La descripción en la narración literaria es un elemento fundamental tanto para la creación de la atmósfera como para el manejo de los tiempos de la acción, ya que nos permite introducir elementos aceleradores y retardantes de la misma, mediante el uso de simples adjetivos, por ejemplo, o mediante descripciones de transición o de introducción de nuevas situaciones o personajes. 

Igualmente, la descripción puede ser utilizada para transmitir al lector el estado de ánimo o incluso la personalidad de los distintos personajes. Un mismo elemento concreto, un mismo río por ejemplo, puede ser referido por distintos personajes como profundo, pero también como relajante. Ambos puntos de vista enriquecen la imagen transmitida al lector, sin transmitirle nada superfluo que entorpezca o retarde su comprensión del conjunto.

Describir es ambientar, informar, detallar, trazar, pormenorizar, delinear, delimitar, decorar, matizar, sazonar, definir, referir, ubicar, reseñar, relacionar, descubrir…, describir es hacer ver sin explicar.

La descripción en la narración literaria

Víctor J. Sanz

Reescribir, reescribir, reescribir

Reescribir, reescribir, reescribir

Ya hemos escrito la palabra fin, pero no hemos terminado nuestro texto, ni mucho menos. Para muchos incluso, es en ese momento cuando da comienzo la tarea más dura y más larga de la escritura: REESCRIBIR. Pero ¿hasta dónde debe llegar la tarea de reescritura de un texto?, ¿es la reescritura un camino a la perfección?, ¿es acaso, un camino en círculos por la imperfección?

Reescribir a veces puede llegar a convertirse en una obsesión
Reescribir a veces puede llegar a convertirse en una obsesión

El periodista y escritor Javier Sierra comentaba en una ocasión que cada vez que terminaba un texto lo dejaba dormir durante un tiempo en un cajón, para luego volver a leerlo y trabajar sobre él con ojos nuevos. Tomar esa distancia con el texto propio permite al escritor, entre otras cosas, ver florecer esos errores, en ocasiones banales, que durante la escritura y aún en una primera lectura escapan a un ojo, por lo demás, entrenado y dedicado a otros fines de mayor envergadura.

¿Hasta dónde se puede o se debe reescribir una novela?

En términos generales, es recomendable observar algunos puntos esenciales en la siempre difícil valoración objetiva del texto propio:

ARMONÍA DE CONJUNTO

Realizar una lectura completa, sin parase a realizar análisis demasiado concienzudos sobre aspectos técnicos o formales. Analizando el conjunto, la unidad, sólo así nos podremos hacer una idea de lo que realmente llegará al lector. De este análisis debe resultar visible una armonía entre las distintas partes y componentes que forman la obra; entre sus unidades de acción, entre sus personajes, incluso entre los propios párrafos de un mismo capítulo, sin ir más lejos.

OBJETIVOS

Identificar y extractar del texto los principales elementos que en su día nos movieron, comprobando así si realmente están todos y en la misma forma que pretendíamos o si, por contra, no hemos sido capaces de plasmarlos adecuadamente o no resultan visibles como lo eran en la fase inicial.

CONCRECIÓN

Evitar digresiones que no sean absolutamente imprescindibles, esto es, evitar aquellas que no sean completamente funcionales. En este análisis nos toparemos con fragmentos que pueden ser eliminados sin más, sin que se vea afectada ni la imagen de conjunto de la obra, ni su mensaje, ni su calidad. Por lo general, escribir de más sobre una misma idea no contribuye a aclararla, sino a desgastarla, pero escribir de menos, tampoco resulta útil ni apropiado. Es preciso buscar el no siempre fácil término medio.

RITMO

El texto debe tener un ritmo casi musical que acompañe al lector durante la historia narrada. Llevado a la unidad mínima, el ritmo de una frase puede ser cambiado radicalmente por tan solo una coma, dice Oscar Wilde: «Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla». A este ritmo contribuye, naturalmente, la buena elección de las palabras, labor que requiere exactitud, pertinencia y coherencia. Como dice Guy de Maupassant, con respecto de la exactitud: «Cualquiera que sea la cosa que se quiere decir, solo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y una adjetivo para calificarla». Con respecto de la pertinencia, parece obvio que las palabras elegidas tienen que resultar apropiadas al contexto, al personaje que la está pronunciando o a la situación que se está describiendo, algo que no siempre resulta tan fácil como pudiera parecer. Dice Pablo Neruda: «Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció…». Con respecto a la coherencia, las palabras utilizadas deben formar una perfecta asociación con el personaje que las pronuncie si es un diálogo o con la situación si es una descripción. Además, esas palabras deben resultar coherentes en el conjunto, primero de la unidad de acción y luego de toda la obra.

Además, como es natural, un texto terminado deberá ser sometido, para estar realmente terminado, a otro tipo de revisiones, como son la ortográfica, léxica o sintáctica. Estos análisis, por desgracia, son muchas veces realizados con ligereza, cuando no directamente menospreciados.

Reescribir, reescribir, reescribir

Víctor J. Sanz