El escritor como domador de ideas

El escritor como domador de ideas
<<El escritor como domador de ideas>>

De las muchas facetas que integran y conforman la profesión de escritor, una de las que me llaman la atención más poderosamente es la faceta de domador.

El escritor se encuentra en la jaula de su cabeza, entre pensamientos que ejercen de barrotes en ocasiones muy rígidos, en ocasiones apenas corpóreos, y casi siempre demasiados a la vez. De repente algo o alguien mete en la jaula una idea nueva. Llega haciendo tal estruendo que se convierte inmediatamente en la protagonista absoluta de la jaula.

Entonces surge del escritor esa faceta en la que se convierte en:

Domador de ideas

La vida del artista no peligra, ni mucho menos. A lo sumo, peligran algunos minutos, tantos como dedique el escritor al desarrollo y pulido de la idea. El rostro de la idea es cambiante, ahora fiero, ahora inofensivo, pero siempre con el atractivo encanto de lo desconocido. A veces tiene cara de protagonista indiscutible, a veces de título de la próxima historia a narrar, a veces…, tiene la propia cara del escritor que la piensa. Vuelta a empezar.

Cuando el escritor consigue encauzar la idea en una sola de las posibles vías por las que transcurrirá su desarrollo, la idea no siempre se amolda a convencionalismos, de hecho casi nunca lo hace. Cuando esa idea se identifica claramente, o al menos eso cree el escritor, por ejemplo con un estilo o con un formato narrativo, pogamos: el relato; la idea, por su cuenta y sin permiso alguno comienza a reclamar a gritos cambiar de formato, ya porque al exprimirla suelta jugo como llenar dos o tres jarras de novela, ya porque al desembrollarla contiene jugosos diálogos más propios de un escenario, ya porque, bien mirada, la idea que tan fiera entró sale por la puerta de atrás apenas como un tuit que ni siquiera alcanza los 140 caracteres.

El escritor como domador de ideas

Víctor J. Sanz

Entrevista en Kindie.es

 Se reproduce aquí la entrevista realizada por Antonio Jareño para la web www.kindie.es

Entrevista en Kindie.es

Entrevista en Kindie.es
<<Entrevista en Kindie.es>>

En “Hoy hablamos con…” nos acompaña Víctor J. Sanz. Como reza el subtítulo de su página web, “Escribir es estar siempre al borde de la vida”, de modo que lo abordamos tras la publicación en Amazon de su libro de relatos, “Desde la Torre”. Esta ha sido la conversación.

 
  En tu blog señalas que escribes por supervivencia. Explícanos un poco cómo surge esa necesidad, qué o quiénes han influido para que te sea tan vital escribir.
Para mí escribir es una necesidad vital como pueda serlo cualquier otra. No tengo una idea clara de cómo o cuándo surge, solo se que es anterior a mi memoria. Es posible que surja de las primeras lecturas, de los primeros tebeos, no lo sé, pero me acompaña desde que era un niño. Hace unos años asistí a una reunión de antiguos alumnos del colegio en el que estudié lo que hoy es primaria. Al verme, uno de mis mejores amigos de aquella época, después de muchos años sin vernos, me preguntó: “¿qué, acabaste la novela?”, me dio detalles de la novela que yo ya había olvidado, entre ellos el más importante, que yo, con aquella edad, ya tenía la pretensión de escribir una novela. Desde entonces, procuro escribir cada día durante el mayor tiempo posible.
 
 También escribes artículos periodísticos y de opinión. ¿Hasta dónde aparece el periodista-opinador en tus obras de ficción? ¿O son perfectamente separables las dos facetas?
Hace unos años, cuando comencé a compaginar los textos literarios con los textos periodísticos, era un poco más complicado establecer una frontera entre ambas facetas, pero actualmente ese control es algo que sale natural. De un modo u otro, creo que el periodista-opinador puede colarse con cierta facilidad en los textos literarios, en tanto que el simple hecho de describir determinadas características de un personaje, puede conllevar, conlleva de hecho, una carga subjetiva muy fuerte, y muy necesaria, por otra parte, para el buen desarrollo de la historia en la que vive. Describir es una forma de periodismo y de opinión.
 
 Acabas de autopublicar tu libro “Desde la Torre” una colección de quince relatos. Cuéntanos un poco la historia de esos cuentos y la de los peculiares personajes que los habitan.
    Los cuentos contenidos en “Desde la Torre” fueron escritos en distintos momentos, hará entre 4 y 7 años aproximadamente, aunque algunos eran antiguas semillas sin germinar. Los cuentos están habitados por personajes especiales por distintos motivos, bien por sí mismos o bien por la situación en la que se ven envueltos; pero todos ellos tienen un padre común, y es el enorme interés que me suscita explorar el punto de vista, y hasta los sentimientos, de aquellos que suelen ser señalados por los demás por unas u otras razones. Como lector, la sola idea de ponerme en la piel de estos personajes, me da a entender que algunos de ellos podrían ser la personificación de rasgos y aspectos insólitos que, en alguna medida, nos habitan a todos nosotros. Esto no quiere decir literalmente que quien lea, por ejemplo, “Antes de entregarme” vaya a sentirse identificado con un asesino en serie o que quien lea “Ahora vuelvo” vaya a sentirse, durante unas páginas, como un viajero en el tiempo. Siento especial cariño por el relato “La silla”, que nos acerca al corazón de un migrante, de un migrante como el que, quien más y quien menos, todos llevamos en el corazón.
  
 
“Desde la Torre” está autopublicada en Amazon. ¿Cómo está siendo la experiencia de un autor “indie” que se lanza a la promoción de su obra?
   Es una opción muy razonable hoy en día, si tenemos en cuenta el escaso porcentaje de autores que consigue hacerse un hueco en el mercado por las vías tradicionales. Ésta fórmula permite al autor tener una referencia, un título publicado, pero lo más importante es que las labores de difusión asociadas a la autopublicación, te permiten tener un feedback de los lectores de forma muy rápida. En este sentido está siendo una experiencia muy positiva, estoy aprendiendo mucho y además me está deparando muy gratas sorpresas, como el hecho de que a los pocos días de su publicación, la buena acogida que le dispensaron los lectores, lo colocaron en el segundo puesto de ventas en Amazon, en la categoría de “cuentos”.
  
Y ya para terminar, háblanos de tus próximos proyectos literarios. ¿Piensas insistir en la autopublicación, o seguirás los canales clásicos (“todas las papeleras de las editoriales menos una”, como tú dices) antes de recalar en Amazon? ¿Podrías anticiparnos algo de la novela que estás escribiendo?
  Actualmente estoy volcado en la preparación de un segundo libro de relatos que publicaré en un plazo de dos o tres meses y también en el desarrollo de una novela. El segundo libro de relatos seguirá previsiblemente la misma vía que “Desde la Torre” y para la novela me lanzaré a la búsqueda de un editor, concretamente del dueño de esa papelera que mencionas, antes de seguir el camino de la autopublicación.
 
  Con respecto a los detalles de la novela en sí, no puedo adelantar mucho, pero sí puedo dar algunos apuntes. Temporalmente está ubicada en un futuro próximo, y cada vez más próximo si tenemos en cuenta la evolución de la crisis. Es un ensayo sobre el abismo al que nos aboca la estupidez humana, no tanto como especie, sino como sociedad. Cuando la insolidaridad y la injusticia social se instalan en el poder, las posibilidades de futuro del ser humano disminuyen alarmantemente, hasta terrenos limítrofes con lo imposible, y ahí es donde (y cuando) se desarrolla la acción. La novela es la historia de una posibilidad de salvar al ser humano de sí mismo. Cuando llegue el momento ofreceré más información en mi blog.
 
Muchas gracias por tu amabilidad, Víctor, y mucha suerte con el libro.
<<Entrevista en Kindie.es>>

De repente una señal

Cafe de Flore [De repente una señal]
<<El café es un buen lugar para recibir una señal.>>
Estás en un café, hablando con un amigo, comentando la actualidad o cualquier otro asunto. Mientras tanto, tu vista ya tiene controlada a la camarera para, cuando pase cerca, pedirle los cafés; a las dos señoras que se disponen a ocupar la mesa de al lado, que están limpiando escrupulosamente las sillas y hasta la mesa; tu vista también tiene controlado al vendedor de la ONCE que no para de despachar cupones, gracias a eso recuerdas que es viernes; también controlas al niño que acaba de salir de la heladería cercana con un cucurucho que sostiene, aunque no te explicas cómo, una descomunal bola de helado y calculas las probabilidades que tiene esa bola de acabar en el suelo, en el traje más limpio de la terraza o en el regazo de la persona más malhumorada que se tropiece con el niño. Mientras tanto tu imaginación sobrevuela la terraza y traza líneas imaginarias delante de los transeúntes, de los que se alejan en color verde y de los que se acercan en color amarillo, por ejemplo. Mientras tu imaginación juega a adivinar qué consumiciones pedirán los que acaban de llegar a otra mesa…

De repente una señal

Mientras todo esto ocurre, de repente una conexión neuronal en tu cabeza amplifica la señal de un elemento de entre la multitud que pueblan la escena, de uno solo, tal vez pequeño, tal vez el más insignificante elemento para el ojo o el oído poco entrenado. Una frase de otro cliente comentando una noticia, tal vez una palabra en un contexto, tal vez una actitud, o un gesto, o un movimiento, o un encontronazo…, o tal vez un silencio incómodo en la mesa de al lado. Es igual, para ti esa señal es un título en potencia, o la frase más apoteósica de uno de tus personajes, o el personaje más peculiar y rico que te has encontrado en mucho tiempo, o simplemente la semilla de una idea que desarrollar o, con un poco de suerte, el desatascador que necesitaba tu embrollado último capítulo.

Para entonces ya no te importa que la lista de precios está modificada y hayan repasado con un rotulador demasiado evidente todos los “1” con un “2”, actualizando la lista de precios a un futuro lejano no concretado. Para entonces ya no te importa si el niño finalmente estampó su bola de helado contra el policía urbano que está multando a su padre. Para entonces ya no te importa si la camarera te habrá traído la sacarina y el vaso de agua que le pediste, ni siquiera si los de la mesa de al lado habrán pedido finalmente ese descafeinado de máquina con leche tibia que te parecía tan evidente. Para entonces ya no te importan muchas cosas, tienes tu idea y eso es lo que importa. Disfrutas de su nacimiento y, mientras le pones alguna ropa a la idea recién nacida, sonríes sin que nadie más que tú sepa el motivo…, de momento.

-¿Qué te pasa?, ¿por qué sonríes? -te pregunta tu amigo buscando con la mirada la señal que te dibuja la sonrisa, como si él pudiera verlo…

-Nada…, estoy bien…, ya lo leerás. -Contestas sin tener muy claro aún en qué se traducirá la señal recibida, si la incluirás en algún texto que está en preparación o si será la semilla de algo nuevo o si, por qué no, acaba en la papelera. ¡Qué más da!, lo importante es que esa señal te ha llegado, como llegaron otras y otras llegarán.

 

Pues bien, así ocurre, o tal vez no…, quien sabe.

 

De repente una señal

Víctor J. Sanz

Profesiones solitarias: escritor

De las profesiones solitarias, la de escritor es una de las más destacadas

Existen muchas profesiones solitarias, profesiones que deben desempeñarse obligatoriamente en soledad, profesiones difíciles, arriesgadas o sencillamente aburridas. Son profesiones en las que los sinsabores propios de las mismas se sinsaborean en soledad, profesiones en las que los pequeños tropiezos del día a día deben superarse en solitario. Una de esas profesiones solitarias es la de escritor.

Entre las profesiones solitarias, destaca la de escritor
Entre las profesiones solitarias, destaca la de escritor

El hábitat de muchos escritores es la soledad. Incluso el de aquellos que tradicionalmente desarrollan su trabajo en lugares públicos y hasta concurridos, pero su yo creador ha de estar solo, ha de alcanzar un grado suficiente de soledad para salir a escena. Uno puede ir a un café y escribir, pero a buen seguro no estará construyendo grandes mundos ni, mucho menos, buceando por ellos o espiando la vida de sus habitantes para inspirarse; tan solo parecerá que lo hace. Tomará notas, hará dibujos, trazará toscos mapas mentales, pero no escribirá, y aunque puede que llegue a chupar la patilla de sus gafas (de pasta) para que lo parezca, no estará escribiendo en el sentido estricto del término. El yo escritor necesita de esa condición para ser, pues es su esencia.

Claro está que existen otras profesiones tan solitarias o más que la de escritor, que además conllevan ciertos riesgos y hasta riesgos ciertos para la salud del profesional en cuestión. El caso extremo sería la profesión de astronauta, que aúna la soledad, la inmensa soledad del espacio, con la lejanía de toda ayuda, y aún de toda compañía. Pero incluso un astronauta, en un momento de dificultad, puede llamar a Houston, algo que no puede hacer, por ejemplo, un escritor. Un escritor no tiene un Houston al que llamar para que venga a arreglarle un texto que, tras tomar vida propia, ha ido virando hasta mundos muy poco atractivos para el lector. En este caso, el último recurso del escritor no se llama Houston, se llama papelera o papelera de reciclaje, y todo ello sin que su vida corra peligro como la del astronauta.

Otra ventaja muy destacable que tiene la profesión de escritor con respecto a la del astronauta del ejemplo es que, mientras que la de astronauta cuenta con altísimas probabilidades de salir sin vida, en la de escritor existen altísimas probabilidades de salir con ella, ya que escribir es estar siempre al borde de la vida.

Profesiones solitarias: escritor

Víctor J. Sanz

Desvíos y cambios de sentido

Tomar un respiro, tomar un desvío o incluso un cambio de sentido

Cuando un corredor exhausto levanta la mirada del suelo puede que lo haga esperanzado en llegar pronto a la meta, o puede que no, pero nunca deja de correr, porque correr es su vida, es para lo que ha nacido.

Y yo me pregunto para qué ha nacido un ciudadano que se pasa la vida siguiendo los dictados de otros, ¿ha nacido para correr realmente?, ¿ha nacido para ganar una carrera cuyo trofeo se lo va a llevar otro?. Creo que es necesario reflexionar sobre esto, plantearse si la vida tiene que ser así o si, por contra, la vida es otra cosa muy distinta que un esfuerzo continuo para cumplir órdenes ajenas encaminadas a alcanzar objetivos ajenos, mediante esfuerzos propios.

Tomar un desvío a tiempo es una victoria

Es necesario tomar un desvío
Es necesario tomar un desvío

Es momento de plantarnos. Es momento de frenar nuestra carrera en seco. Es momento de preguntarnos si alcanzaremos la dichosa meta o no, o de preguntarnos, y cuidado con las respuestas, si existe realmente o no la tan anunciada meta. Tal vez no exista, tal vez la meta sea tenernos ocupados corriendo de un lado para otro y haciéndonos creer que eso es lo útil que eso es para lo que hemos nacido. Deteneos y mirad a vuestro alrededor, buscad el cartel que anuncie el siguiente desvío, o tal vez anuncie un cambio de sentido en vuestras vidas. Pensad en lo que merece la pena, si lo hacéis bien, pronto os daréis cuenta de que lo que merece la pena no es correr esa carrera con la lengua fuera, esa es una carrera que nunca ganaréis en el sentido tradicional de la expresión, pues es una carrera que solo se puede ganar participando en las medidas y posibilidades de cada cuál. Esa es la meta.

Se trabaja un semana al mes para contribuir a Hacienda con un dinero que luego nos roban los políticos, trabajamos otra semana para poder pagar la factura de la luz, otra semana más para pagar el combustible y otros gastos sin los que creemos que no podemos vivir y, la cuarta semana del mes se trabaja para poder comer las cuatro semanas y media. Y esto los que tienen un trabajo… qué decir, qué pensar, cómo imaginar la vida de los 6 millones de personas que no lo tienen.

Enfrentémonos a esta sociedad que nos tiene y nos mantiene embutidos en su rigidez, impidiendo cualquier desvío y mucho menos cualquier cambio de sentido.

Pensad si os queréis ver igual dentro de unos años, pongamos 5, 10 ó 20…, seguramente no. Buscad pues vuestro desvío, vuestro cambio de sentido. Tomad los mandos de vuestras vidas, ¿qué otra cosa os cabe que ser vosotros mismos?, ¿para qué otra cosa habéis nacido sino para ser vosotros mismos? Sedlo! Vivíos!

Desvíos y cambios de sentido.

Víctor J. Sanz

Publicación del libro de relatos “Desde la Torre”

Desde la Torre

Desde la Torre
<<Desde la Torre>>

Algo que se ha venido gestando desde hace mucho tiempo y a lo que se ha estado dando los retoques finales en los últimos días está, por fin, disponible. La colección de relatos breves bajo el título de “Desde la Torre” ha sido publicado y está disponible.

Reúne relatos de muy distinto tipo y situados temporalmente en distintas épocas, desde la Edad Media, al futuro pasando por el siglo XIX y por el presente. Personajes de todo tipo habitan los 15 relatos que se incluyen en la colección: Verdugos sin vocación, misteriosos alquimistas, cocineros con recetas peculiaresasesinos en serie, viajeros en el tiempo, emigrantes, escritores, genios de la pintura, curas con bajísimas pasiones, maniacos depresivos

Aquí un fragmento del relato titulado “Antes de entregarme“:

«El primero de todos casi no manchó nada el sótano. Cosa que agradecí enormemente, pues de otra manera no hubiera podido dedicarme a esto. Al principio uno no soporta muy bien ni la sangre ni el resto de fluidos corporales.
Elegí el jardín para su descanso. ¿Qué mejor sitio puede uno escoger para dar descanso eterno a su primer invitado? El jardín está bien. Es tranquilo, está fuera de miradas extrañas y curiosas, y además, está cerca. Las primeras obras siempre conservan un significado especial para su autor, y hay quien, como yo, prefiere tenerlas cerca para poder disfrutarlas. Y el jardín era un muy buen sitio para ello. Sobre él crece hermoso un altísimo y vigoroso álamo que se cimbrea elegante los días de viento.

Cuando le conocí me di cuenta enseguida, era un tipo muy inteligente, tenía que invitarlo a mi sótano cuánto antes.»

 

Esta colección de relatos está disponible en la sección de e-books de Amazon.es, en esta dirección.

 

Desde la Torre
Víctor J. Sanz

La productividad del escritor

La productividad del escritor

¿Cómo se mide la productividad del escritor?
<< ¿Cómo se mide la productividad del escritor? >>

¿Es posible medir la productividad de un escritor? En realidad la respuesta fácil sería no, pero no sería del todo cierto, aunque estrictamente sería la más aproximada que cabría dar. La productividad de un escritor no es algo que siga una norma común a más de un escritor a la vez. Cada cuál tiene sus proporciones y sus medidas al respecto. Incluso sin salirse del mismo escritor, la productividad puede ir por rachas y ser tan variable como ir de apenas unas frases bien hiladas a capítulos enteros.

En una sola sesión de trabajo, un escritor puede conseguir desde unas pocas páginas, a unos párrafos, unas líneas, o tal vez una sola, y no faltan ocasiones en que solo consigue una frase y además corta. Incluso cuando lo que consigue tiene como destino la papelera, puede haber conseguido algún objetivo oculto, incluso para sí mismo, como por ejemplo, respaldar o desechar definitivamente la inclusión de un capítulo o un personaje nuevo en su historia. Esto es la productividad del escritor.

Aunque el escritor se siente frente a su teclado con las ideas muy claras pero, en aras de un resultado más vistoso y hasta poético, puede no encauzar debidamente su creatividad y acabar en un lugar inhóspito, equidistante entre un relato completamente desconocido y la peor versión del que le ocupa actualmente; es decir, puede acabar perdido.

Con todo, la productividad del escritor no acaba en el resultado del trabajo de cada sesión. En muchos casos lo escrito será carne de papelera, como resultado de un sano ejercicio de autocrítica; y cuando no es así, quizás sí debería serlo, por el bien de los lectores. Escrito no es, ni con mucho, sinónimo de terminado. Lo escrito estará terminado cuando se encuentre impreso en un papel (o incluido en una versión final de un libro electrónico). De hecho muchas sesiones de trabajo no son de escritura propiamente dicha, o no al menos no en cuanto a lo que en profano se entiende como escribir. Muchas sesiones de trabajo son de lectura y relectura, de escritura y re-escritura, de correcciones, de desesperaciones, de retomar viejas ideas aunque solo sea para comprobar que aún no se han hecho lo suficientemente viejas como para resultar interesantes de nuevo, y por supuesto de desechar ideas geniales que realmente no lo eran tanto como nos parecían cuando se nos ocurrieron.

La productividad del escritor tampoco está en cumplir fechas de entrega con los editores. La productividad del escritor es un termómetro subjetivo cuyo mercurio solo puede hacer fluir un mecanismo interno del escritor que no siempre es conocido por el interesado, pero que le hace sentirse satisfecho, o no, del trabajo realizado.

En cualquier caso, sea cual sea la productividad del escritor, siempre es posible aumentarla introduciendo ciertas rutinas en sus sesiones de trabajo. Para lo que será necesario dedicación, concentración, estructuración de las ideas, lectura, más lectura…

Esto en cuanto a la productividad del escritor, sobre la calidad de lo producido hablaremos próximamente.

La productividad del escritor

Víctor J. Sanz